Confesiones desde la verdad

Por Oscar Álvarez
Fotos: Joyme Cuan
Un día del pasado siglo, Serpa partió de su amada Cárdenas, ese pequeño trozo de la geografía matancera donde le tocó nacer el 10 de octubre de 1966. En ese momento pocos le conocían y nadie le tildaba de traidor.
La Isla de la Juventud es el terruño a donde va, ahí trabaja como inspector y disfruta de la compañía de su hija. Vive en un mundo lleno de sueños por cumplir, al alcance de su mano, hasta que un raro susurro llega a su oído, le estremece. Ocurre en él una inexplicable metamorfosis y su vida se pone de cabeza.
Sus ojos cobran un tinte extraño, la voz habla otro “idioma”, uno donde la Patria parece no importar. Es el año 2001, Carlos Manuel Serpa Maceira se transforma de forma inexplicable. En su interior nace “Emilio”, mientras ve morir a su tío Emilio: el hombre quien lo crió, combatiente de la lucha clandestina contra Fulgencio Batista y en los sucesos de Playa Girón.
“Extiende los brazos” a varios grupos de asalariados del imperio existentes dentro de Cuba, finalmente se torna reportero de Radio Martí. Se escucha su voz alabando las “proezas” de los “luchadores por la libertad de Cuba”. Los amigos de toda la vida dejan de serlo, le señalan con el dedo, se alejan, le dan la espalda; la palabra traidor resuena en las calles por donde pasa. Sus nuevas labores le obligan a establecerse en La Habana.
Estrecha vínculos dentro de la contrarrevolución. En más de una oportunidad se ve precisado a escapar de la ira del pueblo por tildarlo de traidor; pierde a su pareja, por dentro su dolor es inmenso, un dolor que solo el “Emilio” escondido en medio del pecho le ayuda a soportar. Durante 10 años sufre el distanciamiento de su madre. Solo “Emilio” le puede dar consuelo. Calla mientras grita las mentiras de otros, y a su vez susurra, en el oído indicado, las verdades que no se pueden gritar, pero no pueden permanecer ocultas.
El 26 de febrero de 2011, tras 10 años de vivir bajo una piel falsa, las dos mitades de Emilio, la interna, la cual siempre le dio fuerzas para vivir como un agente de la seguridad del Estado, y la externa, la que sus “amigos” de la SINA creían muerta y enterrada, se unen.
Media hora antes del adiós definitivo, Serpa le asesta a la mal llamada Radio Martí la más colosal de sus estocadas. Ajenos aun a su verdadera identidad, le permiten entrar en directo.
En medio de su intervención, su discurso cambia y la voz se vuelve un trueno cuando dice: “Quiero denunciar la brutal campaña que lleva el imperialismo norteamericano contra la Revolución Cubana.
¡Viva Fidel, viva Raúl, libertad para los cinco héroes prisioneros del imperio. Patria o Muerte VENCEREMOS! Les habla el agente Emilio de los Órganos de la Seguridad del Estado”.
Por fin pudo sentir los brazos de la madre. En la garganta siente un nudo inmenso, los ojos se llenan de lágrimas. Le dice a la hija cuan orgulloso está de ella. Visita su natal Cárdenas, pone en la tumba del tío una mano en señal de respeto, sobran las palabras. Sus sueños comienzan a hacer realidad.
En fecha mucho más reciente, este 30 de mayo, Vladimir Sauri Bermúdez, Coordinador Provincial de los Comités de Defensa de la Revolución, entregó a Carlos Manuel Serpa Maceira la credencial de delegado directo al IX Congreso de los CDR. Un reconocimiento el cual, confiesa, le tomó por sorpresa pues “en este pueblo hay muchas personas con méritos para tener esa distinción, la cual solo será entregada a 18 cederistas en todo el país”.
El acto se realizó en la Comunidad Granma, en el Consejo Popular Versalles–Coronela, en el municipio de La Lisa, a pocos días del 6 de junio cuando se creó, en el año 1961, el Ministerio del Interior (Minint), órgano al cual pertenece el Departamento de Seguridad del Estado.
Tal distinción constituye un reconocimiento para todos los hombres y mujeres quienes durante años, desde el anonimato, han defendido y defienden a la Revolución. Cuando la voz de Serpa se escuche en las sesiones del congreso cederista, estarán reflejados las voces, los sentimientos, el amor por la Patria de los miembros del Minint, estará presente el orgullo de sabernos cubanos.

Diálogo con un agente sin secretos

 por Alina Martínez
Foto: Joaquín Hernández Mena.Siente que nació patriota, porque vio la luz un 10 de Octubre y lo bautizaron como Carlos Manuel, el Padre de la Patria. Tal vez por ese sentimiento no dudó un día en cumplir una misión que lo apartaría durante largo tiempo de sus amigos, de la familia y lo enfrentaría a muchos otros cubanos patriotas como él: la de simular que formaba parte de los grupúsculos contrarrevolucionarios que actúan en Cuba orientados y pagados por Estados Unidos.

Infiltrarse entre ellos fue, durante diez largos años, el papel que le encomendaron como agente de la Seguridad del Estado.

Recibimos en Trabajadores al que todos llamamos por su apellido, Serpa, ya en su condición de agente sin secretos, un hombre sencillo, con tremendos deseos de sumergirse en su pueblo para desenvolverse como un cubano común.

Hiperactivo, simpático, pequeño de estatura pero agigantado por la inmensa y riesgosa tarea que le fue asignada, se ganó al auditorio con su locuacidad y simpatía.

Narró sus experiencias dentro de los círculos anticubanos en que le tocó desenvolverse con la naturalidad y sencillez de quien siempre actuó convencido de que estaba cumpliendo su deber. Habló de cómo se fabrica un disidente, puso ejemplos de la manera en que se inventa una de las tantas noticias que nutren a la propaganda anticubana.

Desenmascaró la verdadera esencia de las innumerables organizaciones contrarrevolucionarias que muchas veces solo existen en papeles o de nombre y “suenan” solo en el extranjero porque ni se conocen, ni desempeñan ningún rol en el plano interno, ni cuentan con seguidores.

Refirió las veces en que, sin comprometer su condición de agente, encontró una salida digna a situaciones difíciles en que el enemigo cuestionó a la Revolución, o a sus dirigentes, en su presencia.

Subrayó el carácter mercenario de los llamados opositores, demostró la ausencia de convicciones de quienes solo actúan estimulados por la paga de la potencia que, históricamente, ha intentado doblegarnos y la promesa de recibir a cambio de sus “acciones” la visa para radicar en Estados Unidos.

Recordó sonriente aquel regaño que recibió porque al reportar una manifestación anticubana como periodista “independiente” puso en alto el celular por donde trasmitía para que supuestamente se oyeran las consignas de los enemigos, cuando lo que en realidad buscaba era difundir por el programa que recibía en vivo su señal los gritos del pueblo enardecido repitiendo una y otra vez “¡Esta calle es de Fidel!”.

No pocas veces tuvo que escapar a la justa ira de sus compatriotas que, al verlo por las calles reportando las raquíticas demostraciones de los grupúsculos contrarrevolucionarios, lo acusaban de mentir al mundo sobre lo que realmente pasaba en esta tierra.

Serpa no pudo dejar de mencionar el dolor por el distanciamiento de su madre durante una década, la pérdida de su pareja y el alejamiento de su hija, pero tanto sacrificio tuvo compensaciones.

Una de ellas la recibió, aún infiltrado, cuando vio a su niña escribir con tiza sobre el pavimento un letrero que decía Libertad para los Cinco. Ese día, en medio de las críticas de quienes lo tenían como uno de los suyos, sintió en silencio un inmenso orgullo por el gesto espontáneo de su pequeña.

Después de recuperar su identidad, tuvo la inmensa recompensa del amoroso abrazo en que lo envolvió su madre cuando supo que no era un traidor sino un servidor anónimo de su pueblo. Y en su Cárdenas natal, ante la tumba del tío que lo crió, combatiente de la clandestinidad y de Playa Girón, del que tomó su nombre de Emilio para desempeñarse como agente, le hizo el tributo de su misión cumplida.

Las historias fueron muchas y las emociones compartidas, como la que experimentó cuando conoció, al visitar la finca Demajagua donde se iniciaron nuestras gestas emancipadoras, que el primer negro que aquel 10 de octubre de 1868 rompió las cadenas de la esclavitud y se alzó con Carlos Manuel de Céspedes al grito de ¡Libertad o Muerte!, se llamó también Emilio.

Serpa se despidió diciéndonos que haber sido agente de la Seguridad del Estado representó para él su Moncada, su Granma, su Sierra Maestra, su clandestinidad, su Playa Girón, su Crisis de Octubre… momentos clave de la Revolución que se produjeron antes de él nacer, pero a los que les dio continuidad durante los años en que arriesgó su vida de forma anónima para desarticular los planes del enemigo contra la Revolución Cubana.

Es una obra inacabada, pues sigue combatiendo hoy desde las filas del periodismo radial y en la red de redes que asume como un importante campo de batalla.