Rememoran aniversario 60 del asesinato del revolucionario Fulgencio Oroz

El  aniversario 60 del asesinato del combatiente  de la lucha  clandestina Fulgencio Oroz  Gómez , por esbirros de la dictadura proimperialista de Fulgencio Batista se recordó en la Habana  con un acto que tuvo por sede la otrora Escuela  Normal en la   cual estudio el joven revolucionario  entre 1953-1957 y que hoy lleva su nombre como Escuela  Pedagógica  Formadora de Maestros, en el municipio capitalino El Cerro

Luis  Antonio Torres Iribar , primer secretario del Partido  en la Habana y miembro del Comité Central asistió al  acto de  homenaje en el cual  el combatiente del Directorio Revolucionario 13 de Marzo  doctor Héctor  Terry Molinet, destaco los valores  y cualidades del mártir de la Revolución  Cubana.

Aylin Álvarez García ,integrante del Buro Provincial de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en la capital en las palabras centrales  del tributo  convoco  a la nueva generación de maestros  a seguir defendiendo la obra de la Revolución  como  lo hizo  Fulgencio Oroz, quien a   pesar de su corta entrego su vida por la libertad de Cuba.

 

HOMENAJE EN LA HABANA A MÁRTIRES DE DE LA REVOLUCION CUBANA

El aniversario 60  del combate de  Goicuría  y O´Farril, en el municipio capitalino de Diez de Ocubre  donde  los combatientes  del Movimiento Revolucionario 26 de Julio Angel Amejeira (Machaco) , Pedro Gutierrez y Rogelio Perea  se enfrentaron    a esbirros  de la  dictadura  de Fulgencio Batista ,siendo asesinados  se recordo con un acto politco.
Asistieron  Omar Ruz  Henandez, integante del secretariado del Comite Central , Luis Antonio Torres Iribar,primer secretario  del Partido en la capital y Reinaldo  Garcia  Zapata , presidente de la Asamblea Provincial del Poder  Popular , ambos miembros del  Comire Central , asi  como Norma  Porras , combatiente revolucionria unica sobreviviente de aquel suceso.
En el  acto una representacion de estudiantes destacados recibieron el carnet de militantes  de la Union de Jovenes Comunistas.  Julio Damaso Abreu , combatiente de la lucha  clandestina intervino en la conmemoracion destacando detalles de la vida de los martires Angel  Amejeira ,Pedro Gutierrez y Rogelio Perea , quienes ofrendaron sus vidas por la libertad del pueblo cubano frente a la tirania proimperialista de Fulgencio Batista.
El joven Andy Lopez en nombre de los nuevos militantes de la UJC dijo que la muerte de los tres  revolucionarios  no fue en vano, y aseguro que los jovenes de estos tiempos  estan dispuestos a ofrendar sus vidas , si fuera  necesario al igual que lo hicieron los martires .
Las  palabras de clausura  fueron pronunciadas por Yosvany Barrueta Ordoñez ,primer secretario del Comite Municipal del Partido  en el municipio  Diez de Octubre  ,quien al referirse  al intenso  combate de  Goicuría  y O´Farril, donde los revolucionarios tuvieron que enfrentar  a  numerosas fuerzas represivas de la policia  batistiana  entre los que se encontraban connotados esbirros el  orador expreso   ¨¨ El ejemplo de estos jovenes , junto  a otros muchos  caidos en la lucha clandestina en la capital  nos compromete  a seguir defendiendo  esta Revolucion  cubanisima como dijera el mas  excelso de los patriotas revolucionarios  octubrino ,el Comandante Camilo Ciefuegos Gorriaran.
Finalmente exhorto a trabajar para llegar  al aniversario 500  d ela fundacion de la ciudad  con una capital más hermosa, más real y maravillosa, dispuestos todos a defenderla y cuidarla, convencidos y dispuestos cada día más a hacer por La Habana lo más grande.

TRIBUTO DE LA PRENSA CUBANA A CARLOS BASTIDA

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La Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) rindió homenaje en La Habana a Carlos Bastida Arguello, el último profesional de la prensa asesinado hace 60 años a manos de un sicario del dictador Fulgencio Batista en 1958.

Una peregrinación se realizó hasta el Mausoleo de los Veteranos de la Guerra de Independencia en el cementerio de Colon en la capital cubana, donde se guardan los restos del periodista ecuatoriano.

La general de brigada de la reserva Delsa Esther Pueblas Viltres vicepresidenta de la Asociación de Combatientes de la revolución Cubana ,Aiza Hevia, vicepresidenta primera de la UPEC,Maria Augusta Calle , y Juan Ramón Quintana , embajadores de Ecuador y Bolivia respectivamente encabezaron el tributo.

Una tarja en homenaje al reportero asesinado con 23 años de edad fue colocada por la embajadora ecuatoriana María Augusta Calle y el Premio Nacional de Periodismo 2005 Pedro Martínez Pirez, en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí.
En ambas actividades participo Juan Carlos Caamaño, Presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) .

Carlos Bastilla Arguello, que llegó Cuba en 1958, logro ascender la Sierra Maestra y estableció contactos con el Ejército Rebelde, e incluso sostuvo un encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Fue colaborador de las primeras emisiones de Radio Rebelde. A través de esta radio de onda corta y bajo el seudónimo de Atahualpa recio se comunicaba con el pueblo cubano y con la lucha del Movimiento 26 de Julio.

Pensaba viajar a los Estados Unidos, para denunciar los crímenes de la aviación de Batista contra los poblados rurales de la Sierra Maestra, cuando lo sorprendió la muerte. El 13 de mayo de 1958 en el bar Cachet, en el Paseo del Prado habanero un agente del Buro de Investigaciones de la Policía Nacional lo tiro al piso con un puñetazo certero y le disparo a la cabeza y al pecho.

Salió enseguida del ocal y se marchó en el auto patrullero en el que había llegado. Era el cabo Orlando Marrero Suarez, alias Gallo Ronco, hombre cercano al general Pilar García, Jefe de la Policía Nacional. Había estado implicado un año antes en el asesinato del senador antibatistiano Pelayo Cuervo Navarro. El asesino huyo el primero de enero de 1959 hacia los Estados Unidos donde encontró refugio.

Del brutal asesinato de Bastida no se publicó una línea en la prensa de la época, sometida a la más férrea censura.

El asesinato del último periodista en Cuba.

El sesenta aniversario del asesinato del periodista ecuatoriano Carlos Bastida Arguello –el ultimo profesional de la prensa asesinado en Cuba con solo 23  años –a manos de un sicario del dictador Fulgencio Batista  en 1958 constituye hoy un justo motivo para denunciar la muerte de reporteros reprimidos y asesinados en el mundo entero cuando hurgan en aquellos hechos que la gran prensa opta por callar.

En la sede de la Unión de Periodista de Cuba (UPEC) hay una placa  que rinde homenaje a Carlos Bastida Arguello, cuyo crimen no fue denunciado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El dictador Fulgencio  Batista no fue sentado en el banquillo de los  acusados.

Bastida logro ascender a la Sierra Maestra, y establecer contacto con el Ejército Rebelde, e incluso sostuvo un encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro  Ruz. Fue colaborador de las primeras emisiones de Radio Rebelde. A través de esta radio de onda corta y bajo el seudónimo de Atahualpa Recio, se comunicaba con el pueblo y con la lucha del Movimiento 26 de Julio.

El reportero ya presentaba un aval periodístico importante, había reportado para distintos periódicos en Republica de Ecuador grandes acontecimientos como los sucesos de Hungría en 1956 y las caídas de las dictaduras de Rojas Pinilla, en Colombia, y de Pérez Jimenez,en  Venezuela.

Pensaba  viajar a  Estados Unidos para denunciar los crímenes de la aviación de Batista contra comunidades rurales de la Sierra Maestra cuando encontró la muerte. El  13 de mayo de 1958, en el bar Cachet, situado en Avenida del Prado entre Virtudes y Neptuno en la capital cubana, un agente del Buro de Investigaciones de la Policía Nacional lo tiro al piso con un puñetazo certero y le disparo a la cabeza y al pecho. Salió enseguida del local y se marchó en el auto patrullero en el que había llegado. Era el cabo Orlando Marrero Suarez, alias Gallo Ronco, hombre cercano al general Pilar García, jefe de la Policía Nacional. Había estado implicado un año antes en el asesinato del senador antibatistiano Pelayo Cuervo Navarro.

De ese brutal asesinato no se publicó  una línea en la prensa de la época, sometida a la más férrea censura. El cuerpo sin vida de Carlos Bastida fue llevado al Necrocomio por órdenes  de la policía.

El colegio de Periodistas de la Habana supo de lo ocurrido y logro, tras  muchos tropiezos, que tres días después le entregaran el cadáver, que fue velado en la funeraria de Calzada y K sepultado al día siguiente  en el panteón de los periodistas en el Cementerio de Colon.

En el libro Andanzas de Atahualpa Recio de la autoría del periodista Juan Marrero González, en la página de presentación al texto  el autor destaca  ¨¨  En los  años del poder revolucionario, desde 1958 no ha ocurrido un hecho semejante en Cuba .Jamás  un periodista ha sido torturado, desaparecido, torturado ¨¨.

El pasado  año fueron asesinados 42 periodistas en nueve países de América Latina y el  Caribe. La lista la encabeza México, e incluye Honduras y Colombia. Y según reportes desde Ginebra en el primer trimestre  de este  año han sido asesinados 44 periodistas, 28  más  que en igual periodo del pasado  año.

Este martes el periodista ecuatoriano Carlos Bastida Cuello será recordados por la Unión de Periodistas de Cuba con una peregrinación  hasta donde se guardan sus restos en el Mausoleo de los Héroes y Mártires de la Revolución en el cementerio Cristóbal Colon de la Habana. También será develada una placa en su honor en el Instituto Internacional de Periodismo ¨¨José Martí¨¨ , fundado hace 35  años en la Habana y donde han cursado maestrías y postgrados centenares de periodistas latinoamericanos y caribeños.

 

Recuerdan aniversario del asalto al Palacio Presidencial y Radio Reloj

 

Recuerdan 61 Aniversario del asalto al Palacio Presidencial y Radio Reloj
Fotos del autor

El primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros General de Ejército Raúl Castro Ruz, envió una ofrenda floral a los mártires de las acciones revolucionarias del 13 de marzo de 1957, en el marco de los 61 años del asalto al Palacio Presidencial y la toma de la emisora Radio Reloj por comandos del Directorio Revolucionario para ajusticiar al dictador Fulgencio Batista.

Recuerdan 61 Aniversario del asalto al Palacio Presidencial y Radio Reloj

Durante el acto político cultural realizado en el Museo de la Revolución, otrora Palacio Presidencial, uno de los escenarios de las heroicas acciones del 13 de marzo, se realizó el pase de lista simbólico de los mártires de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Recuerdan 61 Aniversario del asalto al Palacio Presidencial y Radio Reloj

Presidieron la conmemoración Mirian Nicado García, integrante del Buro Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Sucely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), y el Comandante Faure Chaumon Mediavilla, segundo Jefe del comando del Directorio Revolucionario que asalto el Palacio Presidencial.

En las palabras centrales, Raúl Alejandro Palmero, presidente de la FEU destaco la indestructible unidad del estudiantado universitario con la Revolución, sustentada en la herencia mambisa y rebelde.

Recuerdan 61 Aniversario del asalto al Palacio Presidencial y Radio Reloj

Estuvieron presentes además José Ramón Saborido Loidi, ministro de Educación Superior, y una representación de combatientes del Directorio Revolucionario y sus familiares

Cómo supo Fidel de la fuga de Batista

 

Ciro Bianchi Ross

 

Corría el mes de mayo de 1958. El Gobierno del dictador Fulgencio Batista movía grandes contingentes de tropas hacia la Sierra Maestra con el objetivo de ejecutar la Ofensiva de Primavera. Se trataba de un plan cuidadosamente estudiado: 10 000 soldados atenazarían la zona del I Frente comandado por Fidel.

Sucedió lo increíble. Con solo 300 hombres, cien de  ellos desarmados, el jefe rebelde opuso una resistencia frontal al enemigo y en 30 combates y seis batallas de envergadura lo aniquiló o puso en fuga. El régimen batistiano quedó con la columna vertebral rota, pero no vencido, y Fidel ordenó entonces la contraofensiva rebelde en la que tendrían un papel decisivo los comandantes Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, a quienes confió la misión de sacar la guerra de los límites de la provincia de Oriente, mientras que el propio Fidel y el resto de los comandantes estrecharían de manera paulatina un cerco elástico en torno a la ciudad de Santiago de Cuba.

úLTIMO MES

Ya para esa fecha, Oriente está casi totalmente controlado por el Ejército Rebelde. En Las Villas 2 000 efectivos militares no pueden contener el empuje de las columnas invasoras de Che y Camilo y se combate también en las provincias de Camagüey y Pinar del Río. Crece  la impopularidad de Batista y el desencanto permea a sectores que hasta poco antes le dieron su apoyo. En La Habana, donde la represión se hace sentir con saña, la ciudadanía acata la orientación del Movimiento 26 de Julio que, bajo el lema de «0 3 C» —cero compras, cero cine, cero cabaré—, llama al retraimiento durante las celebraciones pascuales y de fin de año.

La batalla de Guisa, bajo la conducción del Comandante en Jefe, entre el 20 y el 30 de noviembre de 1958, tiene  lugar prácticamente a la vista de la ciudad de Bayamo, sede del puesto de mando de operaciones antiguerrilleras en la región oriental. El 10 de diciembre los pueblos de Baire y Jiguaní pasan a ser territorio libre y el 11 comienza la batalla de Mafo, que se extiende hasta el 30. La ciudad de Palma Soriano se rinde a las tropas rebeldes. En Las Villas, Che y Camilo mantienen la iniciativa.

En la región central las columnas invasoras logran  interrumpir el tránsito hacia la ciudad de Santa Clara desde el occidente de la Isla, tanto por carretera como por ferrocarril. Che pone sitio a Fomento, lo toma y ataca después Guayos y Cabaiguán con igual éxito. Posteriormente Placetas, Remedios, Caibarién y Camajuaní se rinden ante sus tropas, en tanto que Camilo ataca las guarniciones de los pueblos del norte de la provincia y pone sitio a Yaguajay, donde el ejército batistiano resiste el asedio durante 11 días. Tropas del Directorio Revolucionario, del Partido Socialista Popular y del II Frente Nacional del Escambray combaten asimismo en la zona.

La estrategia del Che es la de reducir las guarniciones de las ciudades y los pueblos situados alrededor de Santa Clara, fuerte plaza militar, a fin de privarla de refuerzos. El legendario Comandante descarrila y captura el tren blindado, cuyos hombres debían reparar caminos y vías férreas destruidas por la guerrilla. Al mediodía del 1ro. de enero, la guarnición de Santa Clara se rinde de manera incondicional a las fuerzas del Che.

¡ESTO ES UNA TRAICIÓN!

En Oriente, Fidel cerraba con sus fuerzas a Santiago de Cuba.

El 24, el Comandante visita a su madre en la casa natal de Birán. «Resultó imposible para mí resistir la tentación de ir a visitarla», diría muchos años después. Lo muerde la nostalgia. La casa grande ya no existe y el padre ha muerto. Brinda naranjas a los que lo acompañan y la madre les llama la atención por la manera descuidada en que las arrancan. «Porque seguía respetando la forma en que mi padre exigía que se recogieran las naranjas. Lo hacía como velando porque él de alguna forma siguiera vivo allí en Birán».

Desde la noche del 30, los combatientes se adueñan de puntos estratégicos. En ese momento los rebeldes suman unos 800 efectivos. La noche del 30 al 31 de diciembre Fidel duerme en la hospedería del Santuario de la Virgen del Cobre, y allí, con Raúl y Ramón, el hermano mayor, se encuentran con el padre Vicente García Martínez, prefecto del Colegio de Dolores, donde los tres cursaron la enseñanza primera. En la foto que deja constancia del encuentro, sonríen Fidel y el sacerdote. El 31 de diciembre el Comandante en Jefe cena en el restaurante King-Kong, en las afuera de Palma Soriano, y esa noche la Comandancia General del Ejército Rebelde se instala en la casona del batey de un central azucarero, en las afueras de la mencionada ciudad.

Son aproximadamente las 12:30 de la noche cuando las integrantes del pelotón de Las Marianas improvisan una serenata de año nuevo. Entonan la Marcha del 26 de Julio y prosiguen su concierto con Noche de paz. A las seis de la mañana el campamento está en pie. Fidel no oculta su disgusto por la balacera con que un grupo de rebeldes saludó el arribo de 1959. Una celebración más y me quedo sin parque, dice. Un oficial del ejército de Batista sumado a sus fuerzas le desea felicidades por el año.

—¿Cree usted que será un año feliz, capitán?, le pregunta Fidel.

—Este será el año de la victoria —comenta el oficial y el Comandante sonríe.

Un oficial rebelde que llega al campamento le dice que La Habana está llena de rumores, que si el dictador sacó ya a su familia del país, que si se realizan reuniones decisivas en la Ciudad Militar de Columbia… Quizá la cosa no pase de ahí, simples bolas. En eso, anuncian  a Fidel que el desayuno está listo y alguien que sigue las noticias en un pequeño receptor escucha que el locutor de Radio Progreso alude a los importantes acontecimientos que ocurren en la capital del país y a la reunión que en esos momentos tiene lugar en Columbia y a la que la prensa ha sido invitada. Todavía se sigue llamando a Batista «Honorable Señor Presidente de la República» y su salida del país, más que una fuga, parece un viaje de vacaciones al exterior, hasta que Carlos Lechuga, en Telemundo, y Lisandro Otero, en el canal 12 de la TV, le llaman ladrón y asesino.

Fidel es informado de inmediato. Trata de precisar  la confiabilidad de la fuente. No hay duda. Una emisora norteamericana confirma que Batista, su familia y varios de sus colaboradores salieron del país, que el mayor general Eulogio Cantillo Porras asumía la jefatura del Ejército y que hay un nuevo Presidente. Pocos días antes, el 28 de diciembre, a pedido del militar, Cantillo y Fidel habían  conversado en secreto en los predios de un central azucarero demolido, y en el encuentro el Jefe de Operaciones antiguerrilleras del ejército batistiano —el gran derrotado de la Ofensiva de Primavera— reconocía ante el alto mando rebelde que había perdido la guerra y solicitaba una fórmula para poner fin a los combates. La fórmula, elaborada por Fidel, fue aceptada por Cantillo. Se comprometió —y juró por su honor de militar que lo haría— a protagonizar en el cuartel Moncada, de Santiago, ese 31 de diciembre un pronunciamiento contra la dictadura, sumar las fuerzas a su mando a las del Ejército Rebelde, para avanzar juntas hacia La Habana e impedir la fuga de Batista. Fidel le recalcó que no debía dar cuenta a la Embajada norteamericana de esos propósitos y que la Revolución no toleraría un golpe de Estado encaminado a perpetuar el batistato sin Batista. Cantillo no cumplió nada de lo pactado.

El Comandante, mesándose las barbas en gesto característico, andaba y desandaba  a grandes trancos el salón donde se encontraba.

—¡Esto es una cobarde traición! ¡Pretenden escamotearle el triunfo a la Revolución!  —exclamó—. Ahora mismo me voy para Santiago. Hay que tomar Santiago —añadió—. Y convocó a varios comandantes y capitanes de su tropa. Si son tan ingenuos que creen que con un golpe de Estado van a paralizar la Revolución, vamos a demostrarles que están equivocados.

Entonces Fidel saca del bolsillo una pequeña libreta —de esas que vendían a cinco centavos en los ten cents, diría un testigo— y de pie redacta la alocución que poco después, desde Palma Soriano, saldría al aire, en su voz, a través de las ondas de Radio Rebelde. En ella llama a sus comandantes a continuar el avance sin aceptar ningún alto al fuego. Al mismo tiempo insta a los trabajadores a la huelga general revolucionaria. Dice que la dictadura se había derrumbado por las derrotas sufridas en las semanas precedentes, pero eso no significaba que la Revolución hubiese triunfado. Llama por último a decir «no» al golpe de Estado.

RAÚL

El Comandante Raúl Castro organizaba en el central Ermita el ataque a Guantánamo cuando se entera de la huida de Batista. Parte enseguida a reunirse con Fidel. Juntos van a los Altos de Villalón, punto cercano a los Altos de El Escandel. El coronel Rego Rubido, jefe de la plaza militar de Santiago, con 5 000 hombres a su mando, se entrevista con Fidel. Quiere rendirse, pero no sabe, afirma, la posición que asumirían sus oficiales. Raúl se ofrece para acompañarlo al Moncada y convencer al regimiento de lo absurdo que resultaría resistir. Vilma quiere acompañarlo, pero Raúl se niega y se presenta en el cuartel solo con una escolta. Entra por la posta 1 y encuentra al regimiento formado en el polígono. Conversa con los oficiales. Luego, a pedido de estos, habla a la tropa. Dice que la guerra entre hermanos ha terminado. Invita a los jefes principales a que lo acompañen a El Escandel para que conversen con Fidel.

La Revolución ha logrado su objetivo. La guarnición de Santiago y el regimiento destacado en el Moncada acataban a las nuevas autoridades. En El Escandel, Fidel pide a los oficiales que apoyen la Revolución y acogen sus palabras con aplausos. Todos los cuarteles de Oriente quedan bajo control del Ejército Rebelde. El país está paralizado de un extremo a otro por la huelga general y las estaciones radiales en cadena con Radio Rebelde transmiten las instrucciones del mando revolucionario. En menos de 72 horas el Ejército Rebelde toma todas las ciudades, ocupa unas 100 000 armas y todos los equipos militares de aire, mar y tierra.

Fidel designa jefe de la fortaleza de la Cabaña al Comandante Ernesto Guevara, y de Columbia al Comandante Camilo Cienfuegos. El Comandante Raúl Castro, investido jefe de Santiago y de toda la provincia oriental. Allí estará hasta el 9 de febrero, cuando Fidel lo nombra segundo jefe militar de la nación.

La Revolución había triunfado. Una estrategia clara y una voluntad de hierro multiplicadas por el entusiasmo y el apoyo incondicional de la población fueron factores decisivos de la victoria.

Acusan a Cuba de fusilar, pero no dicen los crímenes que cometieron.

Por Arthur González.

En 1959 al triunfar la Revolución cubana, una de las primeras medidas adoptadas fue detener y someter a juicios a los asesinos, torturadores y colaboradores del régimen del dictador Fulgencio Batista; muchos de ellos fueron sancionados a pena de muerte por sus crímenes.

Los que ahora acusan a Cuba, no mencionan esos asesinatos, solo conforman operaciones mediáticas para tergiversar la verdad y ocultar que Estados Unidos recibió y otorgó la categoría de “refugiados políticos”, a una parte de aquellos asesinos.

De lo sucedido a los asaltantes al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba en 1953, ni una palabra, cuando allí el ejército batistiano asesinó, sin juicio alguno, a todos los detenidos.

Contra Batista nunca se llevó a cabo una denuncia por sus violaciones de los derechos humanos, ni fue sometido a sanciones económicas, porque fue un fiel peón de Washington y asesorado por oficiales del FBI que viajaron a La Habana para entrenar a quienes formaron parte del Buro de Represiones Anti Comunistas, BRAC, tenebrosa organización que detenía arbitrariamente y asesinaba a mansalva, por el solo hecho de ser sospechoso de comunista.

Los juicios celebrados en 1959 contra los asesinos y torturadores, fueron públicos, miles de personas asistieron, para declarar contra quienes cometieron todo tipo de crímenes.

Entre los asistentes a los juicios estaban periodistas extranjeros, que comprobaron la justeza de las sanciones. Entre ellos el presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, Jules Dubois; el editor del Washington Daliy News, John T. O´bourke y los diputados chilenos Alfredo Lorca y José Musalem.

Sin esclarecer los motivos que los impulsan o quienes les sufragan en estos momentos esa campaña contra la Revolución, organizaciones contrarrevolucionarias a las órdenes de Estados Unidos, entre ellas: Archivo Cuba, la Fundación de los Derechos Humanos y Cubalex, presentaron un documento sobre fusilamientos, supuestas desapariciones forzosas, asesinatos extrajudiciales, muertes de opositores e inducción al suicidio, algo que jamás el gobierno de Estados Unidos ha podido probar.

Las acusaciones parten de Miami, donde precisamente se refugiaron los asesinos más crueles de la tiranía batistiana, a pesar de ser reclamados por el gobierno revolucionarios. La respuesta del Departamento de Estados yanqui fue otórgales la residencia en ese país.

Al parecer María Werlau, directora ejecutiva de la organización Archivo Cuba, no sabe que Esteban Ventura, Jesús Blanco Hernández, Conrado Carratalá Ugalde, Luis Alberto del Rio Chaviano, Sotero Delgado Méndez, Orlando Piedra Negueruela, Mariano Faget Díaz, Rafael Gutiérrez Martínez, Pilar García, Irenaldo García Báez, Julio Laurent Rodríguez, Lutgardo Martín Pérez Molina y Rolando Masferrer Rojas, encontraron refugio seguro en territorio estadounidense, a pesar de tener sus manos llenas de sangre.

Tampoco conoce que por las calles de Miami camina libremente Posa Carriles, autor de la voladura de un avión civil cubano donde murieron 73 personas, padre de los actos terroristas contra 6 hoteles cubanos, donde falleció un turista y que fue participante del plan de asesinato de Fidel Castro, en ciudad de Panamá.

¿Por qué ella no reclama justicia para esas víctimas?

Entre los fusilados en Cuba estaba el ex comandante del ejército de Batista, Jesús Sosa Blanco, acusado de cometer 108 asesinatos, de ellos 53 en una tarde.

Otro de los fusilados fue el capitán Grao, quien en solo una mañana asesinó a 30 campesinos de un caserío en las faldas de la Sierra Maestra, para que no apoyaran al ejército rebelde.

Entre los testigos en aquellos juicios comparecieron sacerdotes que declararon sobre la crueldad de los acusados.

¿No saben los miembros de esas organizaciones contrarrevolucionarias, de los 214 asesinatos cometidos por los alzados en las montañas del Escambray, organizados y armados por la CIA?

Alfabetizadores, maestros, campesinos y sus familiares, obreros agrícolas y funcionarios, fueron torturados y asesinados por esos llamados “luchadores por la libertad”.

Entre los alfabetizadores están Pedro Blanco Gómez de 13 años; Manuel Ascunce de 16 años; Delfín Sen Cedré de 20 años y el maestro Conrado Benítez de 18 años.

Total de víctimas fatales, de ellos 63 campesinos y obreros agrícolas, 13 niños, 3 mujeres, 8 ancianos, 9 maestros voluntarios de la campaña de alfabetización, 10 funcionarios, 6 administradores de granjas agrícolas.

Muchos de los asesinos fueron juzgados y fusilados justamente.

Terroristas a las órdenes de la CIA, colocaron explosivos en los centros comerciales, cines y escuelas de la isla, donde murieron personas inocentes. Entre los autores está Carlos Alberto Montaner, hoy residente en Estados Unidos, a pesar de ser un prófugo de la justicia cubana.

Miembros de organizaciones terroristas como Alfa 66, Omega 7, y muchas más, transitan libremente por calles y ciudades de Estados Unidos, como lo hizo Orlando Bosch, quien contó con el apoyo de la representante al Congreso Ileana Ros-Lehtinen, al igual que Guillermo Novo Sampoll, implicado directamente en el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y el chofer.

Antes de mentir contra Cuba, deberían responder ante la Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, por qué no demandan al FBI de no actuar contra los residentes en Miami, Ángel de Fana Serrano, participante del plan de asesinato a Fidel Castro, junto a Posada Carriles; Armando Valladares, terrorista que colocó bombas en centros comerciales de La Habana; Gaspar Jiménez, asesino del diplomático Dartagnan Díaz; Pedro Remón, asesino de los funcionarios cubanos Eulalio Negrín y Félix García; Ramón Saúl Sánchez, ex miembro de Omega 7 y cómplice de los asesinos Eduardo Arocena y Pedro Remón.

La guerra psicológica contra Cuba nunca ha fructificado, pues se desbarata con las propias informaciones desclasificadas de la CIA y del FBI.

Los que reciben altas sumas de dinero para tales campañas carecen de moral y elementos convincentes, viajan constantemente a Estados Unidos, son asiduos visitantes a residencias diplomáticas y abastecidos para sus acciones.

Mientras acusan a Cuba, callan sobre las desapariciones, secuestros y asesinatos de miles de mexicanos, hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, y no dijeron una sola palabra de la detención arbitraria y asesinato del joven argentino Santiago Maldonado.

Por la ausencia de moral y apego a la verdad, nunca han contado con apoyo del pueblo cubano, son repudiados permanentemente por una población que sabe lo que es padecer el terrorismo de estado, ese que durante medio siglo ejecuta Estados Unidos contra Cuba.

No por gusto expresó José Martí:

“Se aborrece a los viles y se ama con todas las entrañas, a los hombres pudorosos y bravos”

Las operaciones encubiertas de la CIA al servicio del imperio y el apoyo a la sangrienta tiranía batistiana

 

Autor: Manuel Hevia Frasquieri * | internet@granma.cu
14 de noviembre de 2017
Al triunfo de la Revolución Cubana, el gobierno de Estados Unidos poseía una vasta experiencia en la ejecución de medidas de subversión política e ideológica y guerra económica, como instrumentos de su política exterior durante la década de los años 40 y 50 del pasado siglo. La subversión se había aplicado con anterioridad de forma conjunta por Gran Bretaña y Estados Unidos contra los países del eje nazi-fascista durante la II Guerra Mundial. Este último país emergería después como cabeza del sistema capitalista mundial y comenzó a aplicar estos instrumentos a escala planetaria, como parte de la denominada política de contención del comunismo que trajo consigo la llamada «Guerra Fría».

En la Directiva de Seguridad Nacional NSC 10/2 de junio de 1948, Estados Unidos denominó «operaciones encubiertas» a las acciones de propaganda negra, guerra económica, sabotajes y subversión contra estados hostiles, y apoyó a grupos de resistencia interna en «países amenazados del mundo libre». La mencionada directiva le brindó carácter permanente a un denominado «Grupo de Procedimientos Especiales» en la recién fundada Agencia Central de Inteligencia (CIA), que se convirtió en el órgano de operaciones encubiertas para ejecutar acciones clandestinas en otros países.

El respaldo a personas o grupos políticos afines a sus intereses la CIA lo denominó desde entones como «operaciones de acción política». Aquel órgano fue bautizado en agosto de 1952 como la «Dirección de Planes de la CIA». Su oficio principal: derribar gobiernos, como lo demostró poco después en 1954 con el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz Guzmán, en Guatemala. Aquel golpe de Estado, devenido después en genocidio, fue el punto de partida de la espiral ascendente de crímenes y atropellos de la CIA hasta nuestros días.

En ese mismo año 1954, para anticiparse a una indagación del Congreso norteamericano sobre la magnitud de tales acciones encubiertas, el presidente Dwight Eisenhower promocionó un estudio conocido como «informe Doolittle», que reflejaba sin tapujos la verdadera naturaleza de la nueva política del imperio: Estados Unidos tenía que abandonar sus tradicionales conceptos de juego limpio frente a un implacable enemigo y «Aprender a subvertir, sabotear y destruir a nuestros enemigos por métodos más astutos, más sofisticados y más eficaces».

Las acciones de subversión política contra el movimiento revolucionario en Cuba se iniciaron mucho antes del primero de enero de 1959. Al producirse el golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952, Estados Unidos poseía la total hegemonía económica, ideológica, política y militar sobre el continente. Como parte de su «política de contención» sobre América Latina, basada en el supuesto peligro de una amenaza comunista, Estados Unidos reforzó su presencia en Cuba mediante la asistencia militar y el establecimiento de misiones dentro del Ejército, la Marina de Guerra y la Aviación de la tiranía. La CIA reforzaba su «centro local» en la embajada estadounidense en La Habana y ampliaba la capacidad de su labor de inteligencia, mediante su penetración secreta en estructuras gubernamentales, políticas, económicas y sociales del país. En contubernio con los órganos represivos batistianos, aplicaba modernos recursos técnicos secretos para labores de seguimiento, control telefónico y escucha microfónica contra ciudadanos cubanos o extranjeros que militaban en movimientos revolucionarios y progresistas.

Según el volumen III de la Historia Oficial de Operación de Bahía de Cochinos,[1] elaborado por historiadores de la CIA en los años 80, se reconoce abiertamente el desarrollo de estas operaciones subversivas. Este estudio expresaba que «a mediados de los años 50, la Estación de La Habana dirigía siete proyectos aprobados, la mayoría de los cuales iban dirigidos al Partido Comunista cubano, el PSP (Partido Socialista Popular)». La CIA financiaba agentes encubiertos, «sembrados» desde años atrás, en la sociedad civil de entonces. Muchos de estos espías enfrentaron la Revolución triunfante y fueron desenmascarados posteriormente por la seguridad cubana con posterioridad a enero de 1959

La CIA recomendó a la tiranía crear un aparato represivo contra el movimiento comunista, incluidos los líderes de organizaciones políticas, estudiantiles o sociales a los que consideraba como adversarios, surgiendo en 1955 el Buró para la Represión de Actividades Comunistas (BRAC). Fortaleció el asesoramiento del aparato policíaco-represivo de la dictadura, de conjunto con el Buró Federal de Investigaciones (FBI), sin excluir la estrecha colaboración con los cuerpos militares.

De acuerdo con documentos norteamericanos, la CIA aportó significativos fondos para sostener la labor subversiva de una organización anticomunista secreta denominada «Movimiento de Integración Democrática Americana» (MIDA), dirigida contra el movimiento revolucionario cubano. Existen evidencias documentales que demuestran que el MIDA reclutaba a sus miembros en diferentes sectores sociales y los utilizaba en labores represivas. En 1954 el carné de identificación del MIDA denominaba a sus miembros como «combatientes», los que juraban «defender la democracia y la libertad y luchar contra el comunismo».

El gobierno norteamericano y sus servicios de inteligencia y las misiones militares dentro del país nunca condenaron los crímenes y la represión desatada por esa dictadura. Los asesores yanquis se mantuvieron impasibles ante los asesinatos, la tortura, las desapariciones y las violaciones a los derechos humanos del pueblo cubano.

Después del desembarco del yate Granma en 1956, la CIA priorizó sus intereses informativos sobre la filiación política e ideológica de Fidel Castro, la actividad revolucionaria de emigrados cubanos en el extranjero y los vínculos con el PSP. Desde principios de los años 50, en los reportes de la CIA y la embajada norteamericana en La Habana era frecuente encontrar estas preguntas: ¿Quién es realmente Fidel Castro? ¿Quién lo controla? ¿Es o no comunista? ¿Tendría Castro fuerza suficiente para derrocar a Batista? ¿Son amistosos sus sentimientos hacia los Estados Unidos? En el fondo de estas interrogantes primaba ya la creciente preocupación yanqui por el peligro que un líder descollante como Fidel Castro podía representar para sus intereses económicos y políticos en Cuba y en el continente. En la medida que crecía el movimiento revolucionario en la sierra y el llano, aquella preocupación se convirtió en certidumbre y Estados Unidos intentó lo imposible para tratar de evitar el triunfo revolucionario.

En los últimos meses de 1958 la CIA desplegó un intenso trabajo de inteligencia y penetración dentro de Cuba para identificar y respaldar una posible «tercera fuerza» para oponerla al movimiento revolucionario. Con igual propósito la CIA trabajó de forma encubierta sobre los principales jefes del grupo guerrillero II Frente Nacional del Escambray para lograr su traición. No escatimó esfuerzos tampoco para apoyar posibles planes golpistas entre la cúpula militar batistiana y tratar de impedir la cercana victoria del Ejército Rebelde. Una reunión de alto nivel, presidida por el presidente Eisenhower celebrada a las 3 y 40 de la tarde del 31 de diciembre de 1958, la que es descrita por el historiador de la CIA Jack B. Pfeiffer, nos brinda el nivel de incertidumbre de aquel gobierno ante los sucesos que se estaban produciendo en Cuba. La posible acción de los Estados Unidos, incluyendo la intervención directa, estaba entre los asuntos que fueron discutidos. También se sugirió que los Estados Unidos asumieran la responsabilidad de nombrar los miembros de una junta militar que sustituyera a Batista, en lugar de permitir que Fidel Castro Ruz y sus seguidores asumieran el gobierno.

En aquella reunión, el Director de la CIA Allen Dulles defendió con vehemencia el criterio de que una victoria de Fidel Castro no estaba entre los mejores intereses para Estados Unidos. Más tarde, el propio presidente Eisenhower mencionaría en sus memorias las palabras utilizadas por Dulles: «Los comunistas y otros radicales extremistas parece que han penetrado el movimiento de Castro». «Si Castro asume el poder, ellos probablemente participarán en el gobierno». Una semana atrás, el 23 de diciembre de 1958, durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, Dulles había expresado su frase antológica: «Es necesario evitar la victoria de Castro». Según el mencionado Pfeiffer, aquella percepción los condujo a «un programa encubierto para sacarlo del poder, a partir de 1960».

En los años sucesivos aquel programa de agresiones integraría gigantescas operaciones bien estructuradas, sufragadas por millonarios recursos y dirigidas en secreto al más alto nivel político, a través de las principales agencias de inteligencia, para derribar la Revolución. Desde entonces, la Revolución Cubana no ha tenido un enemigo más tenaz e implacable, pero ha sabido resistir y vencer.

*Investigador del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado

[1] David R. McLean: Western Hemisphere Division, 1946- 1965, vol. I, 191-192(DDO/HP 324, 2 Dec. 1973). Citado en Jack B. Pfeiffer: Official History of the Bay of Pigs Operation, vol. III, “Evolution of CIA´s Anti-Castro Policies”, 1959-January 1961, Central Intelligence Agency, Top Secret (desclasificado en el 2005).

Masacre en el Castillo del Príncipe

Suceso ocurrido en el Castillo del Príncipe el 1 de agosto de 1958, donde los combatientes presos en ese lugar, se enfrentaron a los cuerpos represivos, pagando con un sangriento saldo de tres muertos y nueve heridos.

Los antecedentes se remontan a varios meses antes, cuando los cuerpos represivos aprovechando la suspensión de las garantías constitucionales y la censura de prensa vigente en el país, detenían a la salida del Castillo del Príncipe a los que se iban en libertad provisional y los conducían nuevamente a interrogatorios, maltratos, torturas, y hasta a veces pasaban días sin que se supiera su paradero.

Días antes a los sucesos de agosto de 1958, la comisión que los presos políticos tenían constituida en el Vivac, solicitó una entrevista con el supervisor militar de la prisión, en esos momentos el coronel Francisco Pérez Clausell, para discutir lo que estaba ocurriendo, pero este se negó reiteradamente. Entonces los detenidos a través de sus abogados plantearon la cuestión al jefe de la prisión, y solo recibieron como respuesta, que lo que estaba sucediendo no era de su competencia. Al día siguiente y en represalia el asesino coronel Esteban Ventura Novo, detuvo al abogado defensor doctor Alfredo Yabur Maluf, que fue uno de los que más presionó en la entrevista.

A consecuencia de esta detención el M-26-7 en el Vivac, ordenó que en todos lo juicios que se celebraran al día siguiente 25 de junio de 1958, se denunciara este hecho. Por otra parte los revolucionarios allí recluidos decidieron que a las 12 de la noche del día 25 de julio, se cantaran el Himno Nacional y el Himno del 26 de julio y que el día 26 se celebrara un acto en recordación a esta fecha.

El 30 de julio se conmemoró el primer aniversario de la muerte de Frank País García, y se recordó la primera huelga de hambre realizada en el penal, entre el 16 al 31 de julio de 1957.

Al día siguiente 31 de julio de 1958, amanecieron cerradas las galeras de la prisión, donde se hacinaban alrededor de cuatrocientos presos políticos.
La acción

El viernes 1 de agosto de 1958, se produjo en la prisión del Castillo del Príncipe, una verdadera batalla campal. Las visitas al Vivac fueron limitadas a solo tres minutos, mientras se suspendieron las visitas a la cárcel, entonces por iniciativa de cerca de cien combatientes sancionados en la cárcel, se inició una enérgica protesta que incluía gritos de repudio contra la tiranía.

Los detenidos usaron como únicas armas los tubos de las literas desarmadas, botellas, piedras sacadas de los muros, le prendieron fuego a las colchonetas, a las lonas de las literas, e incluso a las ropas de los propios reclusos. Cerca de media hora después, la guarnición junto a connotados asesinos y torturadores de la Policía Nacional y del Servicio de Inteligencia Militar, SIM, incrementaron el asedio a los reclusos de la cárcel, que se defendieron lanzando objetos desde las barricadas. Los revolucionarios presos en el Vivac, secundaron a sus compañeros abriendo un segundo frente.

Miembros de los cuerpos represivos que atacaban, sorprendidos por la respuesta de los combatientes, amainaron por unos momentos el tiroteo. Entonces Pérez Clausell, llamó con urgencia al jefe de la Policía Nacional, brigadier Pilar D. García García, quien se personó inmediatamente en la prisión. También lo hicieron los coroneles Esteban Ventura Novo y Conrado Carratalá Ugalde; los tenientes coroneles Irenaldo García Báez, segundo jefe del Servicio de Inteligencia Militar, SIM; Oscar González y Martín Pérez, de la Policía Nacional, así como otros oficiales, con gran número de sicarios a su mando.
Combatientes muertos
Combatientes muertos en la Masacre del Castillo del Príncipe

Reinaldo Gutiérrez Otaño: 19 años, fue el primero en caer acribillado por más de quince impacto de balas.
Vicente Ponce Carrasco: 25 años, tropezó con un compañero por lo que se vio obligado a agarrase de la reja de la galera, momento que aprovechó un guardia para dispararle para luego rematarlo en el piso.
Roberto de la Rosa: 39 años, hombre humilde, que fue acribillado a balazos y muerto en la galera uno.

Monumentos a los asesinados en la Masacre del Príncipe
Combatientes heridos

En este lugar cayeron heridos y fueron llevados al hospital de Emergencias:

Pedro Gervasio Sánchez Menéndez
Ernesto Delgado Menéndez
José Ramón Fiallo Alfonso
Juvenal Hernández Noda
Héberto Mejías Estoll
Félix Álvarez Matienzo
Heriberto Cabrera González
Modesto Bravo Gómez
Humberto Martínez Delgado

El pueblo conoció la verdad a través de diferentes medios de propaganda revolucionaria, incluyendo Radio Rebelde, que durante varios días se refirió a estos hechos.
Importancia histórica

La masacre en la prisión del Castillo del Príncipe, constituyó un testimonio más de la sangrienta barbarie impuesta al pueblo cubano por la tiranía de Fulgencio Batista. Por otra parte demostró el coraje y la valentía de los revolucionarios, que imbuidos de heroico patriotismo estuvieron dispuestos a luchar contra las injusticias del régimen, aun en las condiciones más desventajosas.

Cinco meses después venció definitivamente la dignidad ética de la Revolución, el 1 de enero de 1959.
Fuentes

Toro, Carlos del. La masacre de revolucionarios en la prisión del Castillo del Príncipe. –En Granma. –La Habana 2 AGO. 1983.
Vera, Ernesto y Manuel Graña. La masacre del Castillo del Príncipe. –En Granma. –La Habana 31 JUL. 2004.
Concepción Llano y Ramón Rodríguez Salgado: Príncipes de la clandestinidad, Casa Editorial Verde Olivo, La Habana, 2008, ISBN 978-959-224-250-0.

Un legado de virtud que se multiplica

La peregrinación de homenaje a Frank País recorrió las calles de la ciudad al igual que 60 años atrás. Foto: Miguel Rubiera Justiz

SANTIAGO DE CUBA.–El segundo secretario del Comité Central del Partido, José Ramón Machado Ventura, encabezó en esta ciudad la peregrinación que en homenaje a Frank País y su fiel compañero Raúl Pujol, escenificaron miles de santiagueros, desde el Parque Céspedes hasta el cementerio Santa Ifigenia, en el aniversario 60 de sus asesinatos.

Junto al también vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, marcharon los miembros del Comité Central, Lázaro Expósito Canto, primer secretario en la provincia; Susely Morfa González, primera secretaria de la UJC en el país, y Beatriz Johnson Urrutia, presidenta del órgano de gobierno en el territorio.

Varias cuadras abarcó la reedición de la combativa manifestación que acompañó los restos de los luchadores clandestinos, y como es tradicional cada 30 de julio, su paso por la calle San Pedro, el Paseo Martí, y la ahora Avenida de la Patria (cubiertas de banderas cubanas y roji-negras del Movimiento 26 de Julio) fue seguido por consignas revolucionarias y flores lanzadas desde balcones y ventanas.

A la llegada a la necrópolis, una ofrenda especial a nombre del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, portada por un destacamento de ceremonias de las FAR, fue acompañada por la presidencia hasta la tumba que guarda los restos del inolvidable Frank País.

Su corta pero intensa y heroica vida, dedicada siempre a la patria, fue evocada por Susely Morfa, en las palabras centrales del acto nacional, que con una representación del pueblo santiaguero tuvo lugar muy cerca del mausoleo del Apóstol, José Martí, y la piedra monumento que atesora las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

«La lucha de Frank –dijo la dirigente juvenil–, no ha terminado y no terminará mientras exista la posibilidad de que alguien pueda hacerle daño a la Revolución (…) No tenemos derecho a fallar ni a descansar un minuto en esta lucha por mantener lo alcanzado hasta aquí. Nos corresponde por nuestro esfuerzo, conciencia y preparación, aportar al proyecto social aprobado en el 7mo. Congreso del Partido Comunista de Cuba, donde el propio Fidel ratificara al mundo ¡que Cuba vencerá!

«En esta tierra triunfó la Revolución –enfatizó–, de estas montañas bajaron los hombres que nos entregaron una patria libre, independiente y soberana, y desde esta tierra proclamamos nuestra decisión de serles fieles a las ideas de Martí, a las ideas de los miles de jóvenes que como Frank País y Raúl Pujol, entregaron sus vidas por la Revolución».

Muestra de ese eterno compromiso fue seguidamente el tributo rendido al líder eterno de la Revolución Cubana ante su modesto monumento, donde Machado Ventura encabezó la colocación de flores, así como las que le dedicaran cientos de jóvenes a José Martí y Frank País.

El homenaje por la efemérides, que desde 1959 devino en Día de los Mártires de la Revolución, se inició temprano en la mañana en el Callejón del Muro y la calle San Germán, donde fueron escenificadas las circunstancias en las que ocurrieron los asesinatos de Frank y Pujol a manos de esbirros de la tiranía batistiana.

Ante la tarja que en esas arterias marca el sitio exacto en que su sangre generosa cubriera la tierra amada, combatientes de la lucha clandestina y pioneros escoltaron la colocación por combatientes de las FAR de sendas ofrendas florales a nombre del pueblo de Cuba.

Posteriormente, las ofrendas florales dedicadas en la fecha a los Mártires de la Revolución por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, los Consejos de Estado y de Ministros y el pueblo de Cuba, quedaron depositadas ante el Panteón de los Mártires del 26 de Julio de 1953, ubicado en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia.

En la propia necrópolis se dedicaron también ofrendas a nombre del pueblo de Cuba, a Raúl Pujol, René Ramos Latour, quien sustituyera a Frank como Jefe Nacional de Acción del M-26-7, y cayera en combate en la Sierra Maestra exactamente un año después (30 de julio de 1958), así como a los Hermanos Díaz.

En tan significativo día, 60 nuevos militantes del Partido e igual cifra de la UJC, recibieron sus respectivos carnés acreditativos en presencia de la presidencia de estas actividades centrales.