Cuarto Frente Simón Bolívar: Una llave para el llano

Sus efectivos combatieron sin tregua al enemigo y le impidieron la entrada y salida de sus tropas y medios logísticos a la provincia de Oriente

 

En carta enviada al comandante Juan Almeida Bosque, el 8 de octubre de 1958, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz le comunicó su determinación de cambiar su plan estratégico de tomar Santiago de Cuba, por el de apoderarse primero de la provincia oriental con vistas a facilitar el acceso a esa ciudad.

Fidel y Cuarto frente Simon Bolivar
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el comandante Delio Gómez Ochoa, jefe del Cuarto Frente Simón Bolívar, entre otros combatientes, el 3 de enero de 1959, al paso de la Caravana de la Libertad por Holguín. Foto: Cortesía del Comandante del Ejército Rebelde Delio Gómez Ochoa

Igualmente le indicó que con ese objetivo enviaba tropas a los territorios de Victoria de Las Tunas, Puerto Padre, Holguín y Gibara, donde debían cumplir dos misiones fundamentales: una, combatir al enemigo incesantemente en todo su territorio, cortarle el abastecimiento, la luz, el agua y las comunicaciones, fijándolos en sus posiciones; y la otra, evitar que el adversario destacado en la retaguardia del Ejército Rebelde, entonces enfrascado en la contraofensiva estratégica hacia Santiago de Cuba, recibiera refuerzos y avituallamientos de equipos bélicos, por mar o tierra, y obstaculizar su fuga.

En correspondencia con tal decisión, desde la Sierra Maestra, el 9 de ese mes partió hacia la sierra de Gibara un pelotón capitaneado por Eduardo Suñol Ricardo, Eddy, del cual formaba parte una pequeña escuadra del Pelotón Femenino Mariana Grajales; el 10 lo hizo la Columna no. 12 Simón Bolívar, comandada por Eduardo Sardiñas Labrada, Lalo, hacia la zona de Victoria de Las Tunas; y 13 días más tarde, con rumbo a Cauto el Paso, la Columna no. 32 José Antonio Echeverría, encabezada por el comandante Delio Gómez Ochoa.

Pelotón Femenino Mariana Grajales, que combatieron en el Cuarto Frente Simón Bolívar
De derecha a izquierda, en primer plano: capitana Isabel Rielo Rodríguez, teniente Dersa Esther Puebla Viltres, soldado Edemis Tamayo Núñez, y teniente Lilia Rielo Rodríguez, integrantes del Pelotón Femenino Mariana Grajales, que combatieron en el Cuarto Frente Simón Bolívar. Foto: Cortesía del Comandante del Ejército Rebelde Delio Gómez Ochoa

Antes, en septiembre, regresó a ese último lugar la tropa del capitán Orlando Lara Batista quien, alzado allí desde mediados de 1957, había participado con sus hombres en el rechazo a la Ofensiva de Verano del ejército contra la Sierra Maestra, y retornaba para dirigir la Columna no 14 Juan Manuel Márquez. Así, cuando el 4 de noviembre Gómez Ochoa arribó a Cauto el Paso, quedó oficialmente fundado el Cuarto Frente Simón Bolívar, del cual era jefe.

Estructura y extensión del Frente

La Columna no 32 José Antonio Echeverría
La Columna no. 32 José Antonio Echeverría, comandada por Delio Gómez Ochoa, en el momento de su partida de la Sierra Maestra, el 23 de octubre de 1958. Foto: Cortesía del Comandante del Ejército Rebelde Delio Gómez Ochoa

El Cuarto Frente Simón Bolívar abarcó alrededor de 9 mil kilómetros cuadrados, cuyos límites eran: Gibara por el norte; Puerto Padre y Manatí, por el oeste, en el límite con Camagüey; el oeste de Holguín y Victoria de Las Tunas; el norte de Bayamo, en el centro, y en el sur, la llanura del río Cauto, parte de la zona de Manzanillo y Jobabo.

En ese territorio predominan la gran llanura del Cauto, los llanos del norte de Holguín y los de toda la región del norte, centro y sur de Victoria de Las Tunas. Además, contaba con importantes vías de comunicación, entre estos los ramales del ferrocarril central que enlazan a Martí-Cacocum-Bayamo-Santiago de Cuba y a Martí-Victoria de Las Tunas-Bayamo-Santiago de Cuba, la Carretera Central, entre otras, y caminos vecinales.

La Columna 12 tenía como segundo al capitán Manuel Fajardo Rivero, Piti —jefe, además, del pelotón de la comandancia, de los servicios médicos, de la administración civil y de la justicia revolucionaria en todo el Frente—, y otros ocho pelotones a cargo, respectivamente, de los capitanes Juan Olivera Hernández, Silvio García Planas, Roger García Sánchez, Ángel Sotomayor Mas (Ango), Pedro Néstor Labrada, Rafael Castro Peña, Salvador Sosa Sosa y Marcos Carmenates Borges, este último sumado en territorio de Victoria de Las Tunas.

La Columna Juan Manuel Márquez la conformaban cuatro pelotones a cargo, en número ascendente, de los capitanes Arsenio García Dávila, Cristino Naranjo Vázquez, Eduardo Suñol Ricardo (Eddy), y el propio Orlando Lara Batista; posteriormente se les incorporó un pelotón independiente bajo el mando del teniente Lizardo Proenza Sánchez.

Y la Columna 32 contaba con tres pelotones capitaneados por Roberto Fajardo Sotomayor, Félix Mendoza, a quien al resultar herido en combate sustituyó el también capitán Ernesto Hernández Calvo, Habana; y Glicerio Figueredo Tamayo. Más tarde se le añadió un cuarto pelotón capitaneado por Otto Munster Oliva, y uno independiente encabezado por el teniente Isael Cruz.

Principales acciones combativas

No obstante su corta existencia, los efectivos del Cuarto Frente tuvieron una intensa actividad bélica, y otras numerosas acciones entre las cuales figuraron el derribo de los puentes, incluidos los de la Carretera Central, entre Holguín y Camagüey; la destrucción de las líneas ferroviarias, telefónicas, telegráficas y eléctricas, la obstrucción del servicio de acueductos, e imposibilitar la entrada de suministros a las ciudades y pueblos, especialmente a Holguín y Victoria de Las Tunas.

En el plano militar el quehacer resultó muy intenso. En ese sentido se destacó la Columna 12, porque en cumplimiento de su misión de custodiar los accesos a la provincia oriental, casi a diario enfrentó al ejército en la Carretera Central. Entre sus acciones figuran dos ataques a Jobabo, en el último de los cuales lo liberó; así como los combates librados en Gramal de Manatí, Bejuco, Palo Seco, Diez de Macagua, La Guanábana —en varias oportunidades—, Bartle y Manatí, y otros, además de las emboscadas de San Antonio y a un ómnibus de la línea Santiago- Habana.

De la Columna 14, el pelotón 1 se batió con el enemigo en Holguín, Yaguabo, varias veces en Buenaventura y en Puerto Padre; el 2, en Holguín, San Germán, Yaguabo, Bayamo y Jiguaní; el 3, en la presa de Holguín, Los Güiros —donde Suñol resultó gravemente herido y sobresalió por su bravura la teniente Delsa Esther Puebla Viltres, Teté—, Fray Benito, La Vigía, La Cadena, el cementerio de Chaparra, Entrada de San Andrés y Gibara, y el sitio a Holguín.

Y la Columna 32, que con su jefe se movía por todo el territorio del Frente, se batió en Bayamo, Arroyo Muerto, Chaparra, Entrada de San Andrés, el río Cacoyugüín y Puerto Padre —en cuya toma y liberación, del 24 al 25 de diciembre, participaron fuerzas conjuntas de las tres columnas—, y en el sitio a Holguín.

Actividades colaterales

Al unísono con el intenso quehacer combativo, las tropas del Cuarto Frente cumplieron disímiles misiones, como sabotajes, bloqueo a las ciudades, cobro de impuestos, educación, suministros, aplicación de la justicia revolucionaria y de las leyes del Ejército Rebelde, y salud, servicio extendido a los residentes en la región.

En el cumplimiento de las misiones asignadas por el Comandante en Jefe, los combatientes del Cuarto Frente contaron siempre con el apoyo de la población campesina y del movimiento clandestino en las ciudades y pueblos. En una ocasión, con proverbial modestia, el comandante Delio Gómez Ochoa expresó a esta periodista:

“Yo creo que los fundadores del Frente fueron los primeros que se alzaron y por eso le pedí a Raúl que autorizara la construcción del monumento al Cuarto Frente Simón Bolívar en el poblado de Mir, donde bajo el mando de Orlando Lara, el 31 de marzo de 1958, se tomó el primer cuartel de la tiranía en el llano”.

Periodico Trabajadores

Celebran en la Habana Aniversario 45 de la primera visita de Fidel a Vietnam.

El aniversario 45 de la primera visita  oficial  del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz a Vietnam se recordó en la Habana con un acto.

En el teatro del Ministerio de Comunicaciones se efectuó la conmemoración a la que asistieron los miembros del Buro Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba Esteban lazo Hernández, presidente de la Asamblea Nacional del Poder  Popular, Mercedes López Acea, y Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC).

El 12 de septiembre de 1973 y  en medio de un escenario de guerra llego el Comandante en Jefe Fidel Castro  Ruz a VietNan.Imagenes del Noticiero ICAIC testimonio de la única visita de del líder revolucionario al país  asiático y las relaciones entre ambos pueblos fue presentado en el acto.

Vietnamitas y cubanos 45  años después  rememoran este hechos histórico. El Excelentísimo  señor Nguyen Trung Thanh, embajador extraordinario y plenipotenciario de la  Republica Socialista de Vietnam en  Cuba durante el acto central agradeció la solidaridad del gobierno y el pueblo cubanos en la etapa de la guerra contra el invasor norteamericano, al tiempo que destacó  la importancia de impulsar las relaciones económicas y comerciales para el desarrollo sostenible de los dos países.

Mercedes López Acea, miembro del Buro Político relato la hermandad entre ambos pueblos como uno  de los mayores legados  que deja la historia reciente a las  nuevas generaciones.

Asistió también a la conmemoración José Ramón Balaguer Cabrera, integrante del secretariado del  Comité Central y Jefe del  departamento de relaciones internacionales,

El Comandante en Jefe  Fidel Castro Ruz, se declaró admirador de la capacidad de lucha del pueblo vietnamita. Su imagen en aquella visita enarbolando la bandera del Frente Nacional de Liberación del Vietnam del Sur expresaba su fe absoluta en la victoria. El cómo Ho Chi Minh estaba convencido de  que una vez derrotado el invasor yanqui construirían una Patria Diez veces más  hermosa.

El 5 de agosto de 1994 Fidel y el Pueblo aplastaron a la contrarevolución

El cinco de agosto junto a la entrada del edificio donde radica el Comité Nacional de la UJC un compañero me extendió la pata de una vieja mesa,
– Toma camagüeyano que nos vamos a fajar – Y sin detenerse se incorporó a la concentración de pueblo que ya comenzaba a moverse rumbo a Malecón, me fui con ellos llevando la pieza del mueble como un garrote y el convencimiento de que gusano o delincuente que se pusiera delante iba a saber de que madera están hecha la juventud cubana, y la pata de la mesa.
Los días que le antecedieron a ese fueron de mucha tensión, el ánimo se iba caldeando, los enemigos de la Revolución animando a su mejor aliado, el lumpem, conseguían crear un estado de incertidumbre y desorden. Pero el día 5 las cosas llegaron al limite, piedras, gritos, roturas de escaparates y de ómnibus, se parecía mucho a lo que vemos en las imágenes de los noticieros y que nunca pensabamos ver en Cuba.
Había sin embargo una singularidad: ni un solo carro lanza agua, ni gases lacrimógenos, ni policías disfrazados de marcianos con cachiporras, nada. Quienes salieron a la contienda fue el pueblo, los jóvenes, los constructores…
¿Qué querían el enemigo externo y sus aliados internos, aunque constituyan una reducida minoría? Querían provocar un enfrentamiento sangriento, querían que usáramos las armas. Y armas tenemos, armas tenemos para millones de personas, que son las que defienden la Revolución; pero tenemos armas para luchar contra los enemigos externos.
Excepto que desembarquen aquí, excepto que se empleen las armas internamente contra los revolucionarios, nosotros no tenemos por qué emplear las armas, teniendo el pueblo y teniendo las masas para mantener la estabilidad de la Revolución 
(Fidel Castro 5 de agosto de1995)
Avanzamos por Malecón, cada vez éramos más, gritando consignas revolucionarias, enardecidos, bravos. Saliendo de unos portales se nos unió un grupo de mujeres,muy jóvenes, vestidas de camareras y con una bandera cubana.
Un rumor comenzó a subir desde la avanzada, un rumor inquietante: Por Paseo viene bajando tremenda manifestación y no sabemos si es amiga o enemiga.
Le pedimos a las muchachas que se pusieran del lado de adentro, así las protegeríamos más, pero ellas no accedieron. Cuando estábamos por arribar al punto de confluencias donde deberíamos encontrarnos con la manifestación que se aproximaba, el descubrimiento de la realidad sobrepasó todo limite de entusiasmo, quien llegaba, rodeado de pueblo era Fidel.
Yo vine entonces porque tenía que venir, era mi más elemental deber estar junto al pueblo, en un momento en que el enemigo había trabajado mucho tiempo para crear un desorden. ¡Un desorden! No se puede decir que aquello fue siquiera un intento de rebelión, fueron en realidad desórdenes (Fidel Castro 5 de agosto de1995
Lo vi subido al estribo del Jeep mirando a todos lados con rostro sereno, la gente aplaudía, gritaba vivas, saludaba llena de entusiasmo, muchos compañeros se le aproximaron, le contaban lo que estaba pasando, lo que había ocurrido, sus anécdotas y experiencias.
Los que tiraron piedras se escondieron, los que gritaron maldiciones se evaporaron, los pescadores en río revuelto se hundieron, los que revolvieron el río se desmoronaron.
Todos los años tendremos el deber de recordar la gran victoria del 5 de agosto de 1994 en que el pueblo aplastó la contrarrevolución sin disparar un tiro, porque dice mucho esta fecha, enseña mucho y alienta mucho. (Fidel Castro 5 de agosto de1995)
Publicado 5th August 2009 por 

AHÍ VIENE FIDEL

El 8 de  enero de 1959 tras su entrada triunfal a la Habana al frente del Ejército Rebelde el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz en un discurso pronunciado ante el pueblo expreso ¨¨Se, además, que nunca más en nuestras vidas volveremos a presenciar una muchedumbre semejante ,excepto en otra ocasión – en que estoy seguro que se van a volver a reunir las muchedumbres-, y es el en que muramos, porque nosotros ,cuando nos tengan que llevar  a la tumba ,ese dia,se volverá a reunir tanta gente como hoy, porque nosotros ¡jamás defraudaremos  a nuestro pueblo ! ¨¨.

¡Ahí viene Fidel! Decían muchos cuando estaba  cerca  el cortejo fúnebre. El pueblo lo aclamaba como si pasara de verde olivo, igual que cuando, sin  avisar, aparecía en cualquier rincón del país. Fueron cinco días y cuatro noche de viaje por trece ciudades capitales y decenas de poblados, bateyes. 1223 kilómetros recorridos desde la Habana hasta Santiago de Cuba.

Millones de hijos de la Isla a lo largo  de la Carretera Central pudieron despedirlo y agradecerle desde su envoltura en cedro, cristal y la bandera cubana.

Todos fueron testigos de un suceso que nunca había vivido la nación, y que tal vez jamás vuelva a suceder en Cuba.

 

En el corazón de Fidel y los Moncadistas, las doctrinas de Martí

Saliendo-del-Presidio-Modelo-de-la-Isla-de-Pinos

Santiago de Cuba,  8 jul (ACN) Para evocar a José Martí, a Fidel Castro y a los participantes en la gesta heroica del Moncada, el 26 de Julio, la frase “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro” es la que mejor sintetiza el sentir patriótico y el afán de defender las causas más sublimes.

Pronunciada por el joven y valiente abogado, en el juicio por los sucesos  de 1953, que  clasifica entre los acontecimientos más relevantes en la historia del continente, en la segunda mitad del siglo XX, ese mensaje es fiel reflejo de la estirpe de esos dignos hombres y mujeres y de la devoción martiana.

La frase es muy conocida, pertenece al patrimonio latinoamericano, está incluida en La Historia me absolverá,  uno de los documentos más leídos por el pueblo de la Isla por el valor humano, testimonial y de denuncia, impactante por sus argumentos y las acusaciones que entrañaba.

Fidel hizo enmudecer a los adversarios en el juicio, ocurrido el 16 de octubre de 1953, al expresar: “De igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. O será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de Julio?.

Y ampliaba: ¡“No importa en absoluto! Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”.

El audaz joven respaldaba su autodefensa en la acción y en el pensamiento de otro cubano de singular postura y sueños libertarios, nacido un siglo antes,  y a cuyos ideales eran fieles continuadores los de la Generación del Centenario, quienes estuvieron dispuestos a morir para que él siguiera viviendo en el alma de la Patria.

Una respuesta enérgica y valiente al testamento político de José Martí  resultó el asalto al cuartel Moncada, que no se circunscribía a un cambio de un tirano por un presidente al frente de la República, con un consejo de ministros, un congreso y un ejército a la usanza de la democracia representativa de la época.

Encarnó el ideario martiano el aliento político e ideológico que impulsó la lucha de liberación nacional, con un basamento auténtico y propuestas concretas para propiciar transformaciones radicales en la nación.

Otro supremo interés respondía a que el pueblo pudiera acceder a las diversas esferas del saber, la cultura, la salud; tener un trabajo decoroso y elevar su nivel y calidad de vida.

Combatientes de esa gesta como los hermanos Haydée y Abel Santamaría habían expresado abiertamente su profunda vocación martiana, una convicción que los hizo asaltar la fortaleza militar para que Martí no muriera en el año de su centenario, para tratar de emprender después el cumplimiento del programa del Moncada.

La significación histórica de la  epopeya  se expresa en La Historia me absolverá, que define las características y magnitud del Programa de la Revolución desde que Fidel le adjudicara al Apóstol la autoría intelectual del asalto hasta la reflexión sobre la situación de la Isla en la seudorrepública.

Su trascendencia también está en que fue el motor pequeño que impulsó y dio alas al motor grande de la Revolución para despertar el archipiélago dormido desde hacía tiempo; y hacer saber la existencia de una vanguardia y un líder, que esgrimían la táctica de la lucha armada para combatir los males de Cuba.

Fidel y sus compañeros de armas en la denuncia de la paupérrima situación económica, de pobreza extrema, insalubridad, de injusticia social y analfabetismo que resumían el panorama nacional, fueron fieles discípulos de las enseñanzas martianas de que: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”.

Presidente cubano rinde honores a Fidel Castro

2018-06-21 12:37:00 / web@radiorebelde.icrt.cu / Angélica Paredes López

Ante la piedra que guarda toda la gloria del mundo
Fotos de Estudio Revolución.

Santiago de Cuba.- Con una flor blanca en la mano, denominada cala, que florece en la Sierra Maestra, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, rindió tributo a Fidel ante el monolito que atesora toda la gloria del mundo.

Frente a la piedra, Díaz-Canel saludó al líder de la Revolución como lo hace un soldado ante su invencible Comandante en Jefe.

Ante la piedra que guarda toda la gloria del mundo

En el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia solo se escucha el silencio. Del edificio administrativo salen marchando los jóvenes soldados, muchachas y muchachos, luciendo una marcialidad impecable.

Ellos atraviesan el Altar de la Patria y el relevo de la Guardia de Honor se realiza de manera simultánea en los sitios sagrados donde reposan Fidel, Martí, Céspedes y Mariana Grajales.

Se escucha el toque de la corneta con las notas del Himno que en Santiago movilizó para el combate hace casi 65 años.

Al concluir la ceremonia, bajo el sol abrasador de la tierra santiaguera, el presidente cubano comienza rindiendo tributo al Comandante en Jefe, frente a la roca extraída de un sitio próximo a la Gran Piedra, que guarda la urna de cedro con las cenizas de Fidel.

Cada detalle en ese sitio solemne encierra un significado. Por eso, a escasos metros se lee en letras doradas el concepto de Revolución, emitido por Fidel en el año 2000, un mandato para todos los tiempos.

OFRECE INGNACIO RAMONET DETALLES DE LA IV EDICIÓN DE SU LIBRO CIEN HORAS CON FIDEL.

Texto y fotos: Carlos Sanabia Marrero.

En compañía del Comandante en Jefe Fidel Castro, el catedrático y periodista español Ignacio Ramonet, visitó por primera vez el cementerio “Santa Ifigenia”, de Santiago de Cuba, donde rindió homenaje a nuestro Héroe Nacional José Martí.

Por segunda vez, lo hizo éste 13 de mayo en ocasión de asistir a la última jornada de la XXVII Feria Internacional del Libro y se detuvo ante la piedra que guarda las cenizas del Máximo Líder de la Revolución, portando la IV Edición de su libro Cien horas con Fidel.

Tras el tributo al Eterno Comandante, Ramonet ofreció a Radio Rebelde detalles de la última edición que acaba de presentar en varias provincias cubanas:

“Esta Cuarta Edición es como siempre un homenaje a Fidel y recoge no sólo todo el texto que ha sido revisado, limpiado, sino también, tiene textos nuevos con la última entrevista que le hice a Fidel en 2013; tiene una introducción nueva con nuevas consideraciones y mantiene todas las introducciones que hubo en las precedentes ediciones…

“Se presenta así, agregó, como un material ya definitivo de trabajo porque hay una cronología de la vida de Fidel muy completa, una cronología de los acontecimientos internacionales que ocurrieron a lo largo de su vida, cómo se articula la vida de Fidel, digamos el itinerario de la Revolución Cubana y por otra parte, hay un índice de nombres con un bibliografía muy completa, más que las precedentes…

Con ello quiero decir, que es un libro de trabajo para periodistas, estudiantes, historiadores, es como quiso el Comandante cuando lo revisó con tanta intensidad y minuciosidad. Es pues, un libro al que tendrá que recurrir cualquier historiador del futuro que quiera tratar de reconstruir la vida y el pensamiento de Fidel Castro”.

En el homenaje a Fidel el periodista español radicado en Francia, estuvo acompañado por el Ministro de Cultura Abel Prieto Jiménez y el vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Luis Morlote.

Luz de aurora

Luz de aurora

El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el comandante Delio Gómez Ochoa, al centro, en el Instituto Tecnológico Calixto García, cuartel del Ejército Rebelde en Holguín, 3 de enero de 1959
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el comandante Delio Gómez Ochoa, al centro, en el Instituto Tecnológico Calixto García, cuartel del Ejército Rebelde en Holguín, 3 de enero de 1959

Fecha:

16/08/2003

Fuente:

Cubava.cu

Autor:

Apenas se produjo el desembarco del Granma el gobierno de Batista puso gran empeño en hacer creer a la opinión pública, que ni Fidel ni Raúl habían venido al frente de los expedicionarios, y cuando ya no pudo ocultar por más tiempo la presencia del jefe rebelde en el teatro de operaciones, echó a rodar la bola de su muerte en combate, y aseguraba que su cadáver sería trasladado a La Habana para exhibirlo públicamente. Se trataba de una artimaña fraguada para desalentar a sus seguidores y simpatizantes.

Después de la sorpresa de Alegría de Pío, que ocasionó sensibles bajas a los expedicionarios del Granma y provocó la dispersión del grupo, un manto de silencio cubrió el desarrollo de las operaciones militares en la Sierra Maestra; al extremo de que en la página 68 de la revista Bohemia del 30 de diciembre de 1956, al referirse a Fidel decía: «Su suerte, muerto en comba-te o refugiado en la Sierra Maestra, constituye una incógnita». En tanto, el ejército de la dictadura asesinaba a cuanto revolucionario caía en sus manos, y los libelos «Tiempo en Cuba», de Masferrer; «¡Ataja!», de Alberto Salas Amaro; y Otto Meruelos y Luis Manuel Martínez, en los espacios que tenían por la radio y la televisión como contumaces voceros de la dictadura ratificaban el infundio. Por lo reiterado de la noticia, la certeza era posible y, sin embargo, pese a la propaganda desplegada, no resultaba creíble para las masas populares.

Apresados todos en las mallas de la incertidumbre, negados a aceptar la información gubernamental, la Dirección del periódico Norte apeló al dinamismo y seriedad de su corresponsal en Manzanillo, Adalberto Infante y, desde el primer momento, se apoyó en el periodista santiaguero Pedro Wilson para obtener noticias frescas sobre los sucesos que se producían, y luego como Enviado Especial mandó al periodista de su Redacción nombrado Gelpi de Castro, hasta donde pudiera llegar… Se trataba de desentrañar la verdad, que tal vez se filtrara por alguna fisura del aparato militar desplegado en el área de operaciones.

El día del desembarco, el dictador Batista había declarado, como para restarle importancia a los hechos, que solo sus-pendería las garantías constitucionales si era necesario en algunos lugares donde se requiriese.

La Redacción del periódico Norte, desde el Director hasta el último de sus empleados, especulaba sobre la posible muerte de Fidel.

En tanto, los días transcurrían lentos, pesados, angustiosos. ¿Qué habrá pasado en realidad? ¿Qué pasará ahora? Eran las preguntas que esperaban respuesta inmediata de la Sierra Maestra.

Y al fin comenzaron a llegar algunos rumores y conjeturas sobre movimientos de tropas y otros hechos, los que permitieron dudar de la certeza de la afirmación acerca de la muerte de Fidel. ¡Algo no estaba claro! Era necesario seguir atando cabos…

Pasados unos días, el Director de Norte tomó la decisión de enviarme a Birán para intentar conocer la opinión de la familia Castro Ruz sobre lo que ocurría en la Sierra, y que permitiera descubrir la verdad, o al menos algún vestigio de ella, en cuanto al destino de Fidel. ¿Estaría dispuesta la madre a hacer un llamado público a todas las madres de Cuba: clamar por la concordia nacional y por la vida de sus hijos perseguidos y asesinados en montes y ciudades?

Nunca había tenido relaciones con la familia Castro Ruz ni siquiera conocía «de vista» a alguno de sus miembros, pero acepté la difícil encomienda. Me asignaron al fotógrafo Armandito Rodríguez y un auto; me dieron instrucciones precisas, y en la mañana del 13 de diciembre de 1956 salimos rumbo a Marcané, donde debía localizar a Ramón Castro para que nos condujera a Birán a fin de lograr el encuentro con la angustiada madre.

Durante el trayecto analizaba la misión que sabía no fácil y sí peligrosa. Estaba dispuesto a cumplirla siempre que no se convirtiera en un instrumento para explotar un trabajo sensacionalista y vender periódicos a costa del dolor y la aflicción de una madre; aunque sabía que la Dirección del periódico no utilizaba esos procedimientos.

En Marcané no fue difícil localizar la casa de Ramón, cuya dirección busqué en la farmacia del doctor Castellanos, al que me unía la masonería; y, además, era el padre de «Bilito» Castellanos con quien había coincidido en las filas del ajefismo, asociación de jóvenes patrocinada por la masonería, el que se había personado en la Causa 37 como defensor de los jóvenes asaltantes al cuartel Moncada.

Ramón me acogió amablemente, pero al conocer el motivo de mi visita me aseguró que su mamá no accedería a la pretendida entrevista. Le insistí, le pedí su ayuda para que me facilitara llegar hasta Birán. «Por mi parte no hay problema, yo los llevo, pero van a perder su tiempo», me dijo. Y nos pusimos en camino.

En Birán aguardamos en la sala de la casona familiar. De su pared central colgaba un gran retrato de Fidel cuya copia había visto publicada recientemente en la revista Bohemia. Ramón se había adelantado para saludar a la familia e imponer a su mamá de nuestra presencia y propósito. Al cabo de unos minutos regresó y nos pidió que pasáramos a una habitación contigua. Las paredes de la casa, toda de madera, eran «medianeras» —no llegaban al techo—, por lo que sin mayor esfuerzo podía escucharse la voz de una habitación a otra. Y el diálogo se inició de esa forma. Pasados unos instantes, desde la habitación aledaña, una voz femenina, de tono seco y firme preguntaba: «¿Y usted qué quiere, periodista?». Rápidamente contesté: «Si me lo permite, deseo conversar con usted unos minutos».

—¿Y de qué quiere hablar conmigo?

—De usted, de su familia, de sus hijos, de la situación que atraviesa el país y de los rumores que corren…

—Yo no quiero hablar con nadie de esas cosas… ¿En qué periódico trabaja usted?

—En el Norte, de Holguín…

—¿Y qué va hacer con lo que yo diga?

—Si usted me lo permite, pues publicarlo.

—¿Y cuánto me va cobrar por eso?

—¿Cobrarle? ¡Nada…! Tanto el periódico como yo personal-mente le quedaríamos muy agradecidos.

Luego supe que, en ocasiones, algunos titulados «periodistas», aprovechándose de las circunstancias, habían visitado a esta familia, especialmente a Ramón y a Lina para «entrevistarlos», pidiéndoles luego considerables sumas de dinero «para comprar papel para la tirada del periódico», ¡y no volvieron a saber de ellos!

Hubo un silencio que se extendió no sé por cuántos segundos, y finalmente apareció en la puerta de la habitación una mujer vestida completamente de negro, con una mantilla o velo también de ese color, sobre la cabeza, un semblante que quería ser duro, pero en el que se notaba el dolor, la ansiedad y la incertidumbre que la embargaban. Los ojos, enrojecidos por la vigilia de largas noches sin sueño. Me puse de pie instantáneamente.

Fidel rinde tributo a sus padres, don Ángel y doña Lina,
y la abuela Dominga que descansan en el panteón cercano a la
casa en Birán, 15 de agosto de 1996

Aquel luctuoso atuendo le hacía parecer con más edad de la que en realidad debía tener.

Ella avanzó hacia un viejo balance, de los llamados comadritas, que estaba frente a mí y se sentó. Ramón hizo la presentación formal, y cuando ella se percató de la presencia del fotógrafo dijo tajante:

—No quiero que me retraten. ¡Yo no quiero fotos!

—Despreocúpese —le dije—. Si usted no quiere fotos no las habrá, y si no quiere que se publique nada de lo que conversemos, no se publicará. ¡Se lo prometo!

La entristecida madre no parecía creer en mis palabras. Le expliqué más detalladamente el motivo de mi visita, de los rumores echados a rodar por el gobierno en relación con la suerte que habían corrido sus hijos Fidel y Raúl, y la del resto de sus compañeros; y también sobre un artículo firmado por Luis Conte Agüero, publicado en esos días en la revista Bohemia, en el que hacía un llamamiento a Fidel para que depusiera las armas y junto a sus seguidores se sumara a las gestiones de paz que se hacían para salvar a la República de la guerra civil… Pero no llegué a terminar la idea que intentaba expresar, pues de una habitación contigua una voz enérgica me interrumpió diciendo que Conte Agüero no era hombre, que era esto y lo otro…, que él no tenía valor de subir a la Sierra y personalmente, cara a cara, hacerle esas proposiciones a Fidel, etcétera.

Sorprendido, miré a Ramón, y este me explicó:

—Es mi hermana Angelita.

Al escuchar aquellas palabras, yo me dije:

—Aquí, hasta las mujeres son bravas.

El ambiente se puso ligeramente tenso. Reanudé mi conversación con Lina, que con el rostro compungido miraba hacia el piso…

—¿Estaría usted dispuesta a pedirles a sus hijos que bajaran de la Sierra? —Pregunté.

—¿Para que los asesinen? —Respondió rápida, y agregó: Como madre sufro esta situación. Pero jamás les pediría que hicieran tal cosa. Ellos han escogido ese camino… ¡Los dos son hombres enteros que luchan por la libertad de Cuba!

Automáticamente recordé a Mariana, cuando en momentos cruciales se dirigió al menor de sus hijos: «¡Y tú, empínate!». Y a Lucía Íñiguez: «¡Ese sí es mi hijo Calixto!». Y volví a mis preguntas:

—¿Estaría usted de acuerdo en dirigir un llamamiento a las madres cubanas para que demanden garantías para la vida de sus hijos…?

—¡Claro que sí! —respondió—. Pero esta situación que vivimos la ha provocado Batista y su camarilla con el golpe de Estado del 10 de marzo, con sus robos, sus crímenes y atropellos!

El momento era difícil. La madre no quería perder a sus hijos en la vorágine de la guerra; ella conocía el parecer y el sentir de ambos… Sabía que no se hundirían en el bochorno de la claudicación. En cuanto al destino de ellos era evidente que desconocía la suerte que habían corrido. El ambiente que allí existía era de incertidumbre y tristeza. Así lo noté en sus rostros.

Yo sabía que se gestaba en la redacción de Norte la sensacional noticia: «¡No ha muerto Fidel Castro!».

Y me atreví a comentar que nadie creía que Fidel estuviera muerto, prometiéndole que si algo llegáramos a saber sobre el particular le llevaríamos la noticia. Promesa que, llegado el momento, cumplí.

Miré fijamente a Lina y pensé en mi madre. Si la vida la hubiera situado en tales circunstancias no me hubiera gustado que alguien la asediara con preguntas y más preguntas en tan duros momentos. Y llevábamos conversando más de media hora y había tomado mis notas. Entonces le dije:

—Ya ve usted, hemos conversado bastante. Ahora dígame: ¿Me permite publicar esta conversación? No me conteste toda-vía, pues le voy a leer lo que he escrito. Leí las notas y ella estuvo de acuerdo. Entonces me atreví a decirle:

—Bueno, señora, y ya que nos conocemos mejor, ¿usted permite que el fotógrafo la retrate?, recuerde que antes le dije que eso lo decidiría usted…

—¿Y para qué quiere usted un retrato mío…?

—Para publicarlo en el periódico con sus palabras. Eso le daría más fuerza a la entrevista.

—Bueno, está bien —respondió algo inquieta, aunque no parecía muy convencida. Y agregó: ¡Pero una sola!

—Como usted diga —respondí. Y dirigiéndome a Armandito le pedí que la retratara. Él disparó dos o tres veces del flash y ella protestó:

—¿Por qué tantas? ¡Le dije que una…!

—Es por si la cámara falla —le contesté.

Al despedirme le di las gracias y prometí mandarle varios periódicos con la entrevista publicada; le reiteré que nada tendría que pagar. Ramón nos llevó de regreso, y durante el camino me dijo que no comprendía cómo yo había podido convencer a Lina para entrevistarla.

—Mi madre siempre ha sido una mujer de carácter fuerte, y verla así, abatida, nos hace sentir muy mal a todos —comentó. Y agregó: Por dentro debe estar destruida.

Así comenzó una larga y sincera amistad. A partir de entonces fui con frecuencia a Marcané y en varias ocasiones coincidí con Lina en casa de Ramón, y conversamos amistosamente. Siempre hablaba de sus hijos.

Tras aquel rostro enérgico había un alma bella y comunicativa. Ya se vislumbraba la proximidad de la victoria. Una tarde almorzábamos juntos en la casa de Ramón. Ella tenía el semblante radiante. No era la misma mujer que había conocido tiempos atrás, en momentos duros.

Me contó que había visitado a Raúl en la Comandancia de Calabaza de Sagua, que lo sentó en sus piernas como cuando era niño; y todo lo decía con tal expresión de alegría que contagiaba. Aquella tarde fue más locuaz que de costumbre. Habló de su vida en el campo, ¡cuánto le gustaba recorrer a caballo por la guardarraya de los cañaverales! Me dijo que una vez estaba en estado de gestación y contrariando la observación de su esposo montó un brioso caballo para «probarlo» en su acostumbrado recorrido, y este de inmediato la tiró de la silla. Y mientras hablaba reía a carcajadas cuando hacía la anécdota, como un niño ríe de sus travesuras. Y continuó:

—¿Sabe usted a quién tenía en ese momento dentro del vientre?

Yo no podía imaginarlo, y me quedé perplejo. Pero ella rápidamente despejó la incógnita:

—¡A Fidel! —dijo—. ¡Y no aborté! ¡Por eso dije entonces que si aquella criatura se había salvado cuando el caballo me tiró era porque iba a ser algo grande en la vida! ¡Y mire usted…!

* Esta entrevista se publicó en la primera página del periódico Norte con la foto de Lina Ruz, sentada, de cuerpo entero, el día 17 de diciembre de 1956, y luego, el 21, el comentarista José Pardo Llada se refirió a ella por la emisora Unión Radio en su noticiero «La Palabra», que se trasmitía a la una de la tarde. Después, el autor la reelaboró para la edición del periódico ¡ahora! del 16 de agosto de 2003. (N. de los C.).

Homenaje para Fidel y Raul de Palestina

La Habana, 11 may (RHC) El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ratificó el respaldo de la nación caribeña a Palestina, durante un encuentro con el presidente de ese país, Mahmoud Abbas, quien realiza una visita oficial a La Habana.
Durante el diálogo, ambos gobernantes coincidieron en continuar desarrollando los vínculos de solidaridad, cooperación y amistad que unen a ambos pueblos y gobiernos.Díaz-Canel ratificó el apoyo permanente de Cuba al derecho de los palestinos a constituir su propio Estado, con fronteras en los límites previos a 1967 y Jerusalén Oriental como su capital.

Además, ratificó el rechazo a la decisión unilateral de Estados Unidos de reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel y trasladar su embajada hacia esa ciudad.

Por su parte, Abbas agradeció el histórico apoyo de la isla caribeña a la causa de su pueblo, y al concluir las conversaciones oficiales entregó al gobernante cubano el Gran Collar del Estado de Palestina, la más alta condecoración que otorgan a personalidades extranjeras, concedida al primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro y, post mortem, al líder histórico de la Revolución, Fidel Castro.

En horas de la tarde, el líder palestino rindió homenaje al Héroe Nacional cubano, José Martí, en el Memorial que lleva el nombre del prócer independentista en la Plaza de la Revolución.

El líder palestino llegó anoche a la mayor de las Antillas, como parte de una gira latinoamericana que lo llevó además a Venezuela y Chile.

Su estancia -según el programa divulgado- culmina  este  sabado , con una visita a la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Abbas estuvo en La Habana en septiembre de 2009 por invitación del entonces presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Raúl Castro, ocasión en que asistió a la firma de tres convenios de cooperación bilateral en los sectores de educación, cultura y deporte.

Nada es posible para los cubanos sin el proyecto de la unidad

“La propia lectura de la contradicción del año 1868, y de lo que sucedió después, nos dice que nuestra historia es definitivamente firme, y lo es por la capacidad que tenemos los cubanos de encontrar un equilibrio que siempre nos conduce a la unidad”, expresó el presidente de la filial de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) en Sancti Spíritus, Juan Eduardo Bernal Echemendía, uno de los más prestigiosos intelectuales de estos predios.

“A la unidad nos convoca la profunda emoción de lo que fuimos y somos, de lo que debemos ser definitivamente”, añadió el prolífero investigador yayabero, quien asegura que la unidad no es un proceso casual, fortuito, que surge en cualquier momento.

“La Cuba del siglo pasado, intervenida por Estados Unidos, fue una etapa muy convulsa, pero es nuestra República. Fue más de medio siglo de contienda, donde surgen los principales exponentes de las luchas, donde se formaron el fermento y el cemento para poder decir hacia allá vamos. Por ejemplo, Rubén Martínez Villena es un hombre de esa República, como lo es Julio Antonio Mella, o lo es Fidel Castro Ruz y la generación del centenario”, asevera Bernal Echemendía.

Para el principal organizador del Coloquio Voces de la República, espacio de la SCJM que analiza desde varias aristas el periodo neocolonial (1902-1958), hay que entender esa etapa y hay que hacerlo con responsabilidad.

“Si no podemos emocionarnos ante lo que fueron esos líderes, no podríamos entender por qué hubo una revolución triunfante en 1959. Ella surgió de todo ese conflicto de la republica intervenida por los Estados Unidos. Fue una intervención sacudida por lo mejor de la unidad de los cubanos”, confiesa el destacado intelectual, quien valora que hay que tener en cuenta la capacidad que tuvieron los buenos de entonces de ir gestando un nuevo momento de independencia, de unidad, porque fueron los cubanos que nunca dejaron de cantar el Himno Nacional, que nunca dejaron de saludar a la bandera, porque ellos entendieron el propósito de ser mejores cubanos en el futuro.

El reconocido investigador Juan Eduardo Bernal Echemendía considera que hubo una revolución en 1959 porque hubo una unidad entre los cubanos.

“La unidad se fue fortaleciendo. La revolución triunfante es una etapa que nos permite valorar el por qué debemos estar unidos. Y han sucedido tantas cosas; cubanos que han renunciado al propósito de la revolución, que no se han percatado que aquí tienen un lugar para seguir construyendo; algunos cogieron otros rumbos pero no dejan de estar cercanos a Cuba, y a veces contribuyen –de manera involuntaria- con el proceso de unidad de los cubanos”, reflexiona el presidente de la SCJM en Sancti Spíritus.

Para el historiador, la unidad no solo se consigue y se conserva con los cubanos que estamos en Cuba. Él piensa que quienes están lejos tienen la posibilidad de pensar y de recordar porque la unidad se consigue con la memoria.

“Yo tengo mucha confianza en los cubanos de estos tiempos porque tengo confianza en mí que soy un hombre de este tiempo y aspiro a ser de otro tiempo”, dijo Juan Eduardo Bernal Echemendía, quien en toda su vida ha vivido la seguridad de la esperanza, otro factor que considera notable para que la unidad no decaiga.

“Nada es posible para los cubanos sin el proyecto definitivo de la unidad”, concluye Bernal Echemendía con la emoción que generan las históricas jornadas que vivimos por estos días en la Mayor de las Antillas.

Fuente:

Radio Rebelde

Fecha:

20/04/2018