En la estación de ferrocarriles de la ciudad de Manzanillo, cayo asesinado el 22 de enero de 1948 el líder de los trabajadores azucareros Jesús Menéndez Larrondo, por el capitán de la Guardia Rural Joaquín Casillas Lumpuy.
El líder obrero, nació el 14 de diciembre de 1911 en el pueblo de Encrucijada, actual provincia de Villa Clara. Menéndez desarrollo su actividad proletaria en dos sectores importantes de la economía de la isla, el azúcar y el tabaco. Su fecunda vida estuvo dedicada por entero a la defensa de los intereses de la clase obrera.
Entre las conquistas materiales que obtuvo para los trabajadores azucareros se cuentan, la elevación de los salarios, el descanso retribuido, la erradicación de menor salario en tiempo muerto, el diferencial azucarero y la cláusula de garantía. El Imperialismo yanqui, ante la actitud vertical de Menéndez, fraguo su asesinato en contubernio con el gobierno del presidente Ramón Grau San Martin.
La muerte de Jesús Menéndez Larrondo, no fue en vano, la Revolución Cubana triunfante el primero de enero de 1959 cumplió los objetivos por los cuales el General de las Cañas entrego su vida.
El Movimiento Sindical Cubano rinde homenaje de recordación este día a uno de sus líderes más queridos. Los afiliados al Sindicato Nacional del sector realizan mítines , matutinos, vespertinos y actos en bateyes , fábricas de azúcar ,pelotones de camioneros , de combinadas y alzadoras cañeras con motivo de la efemérides .
La vida y obra de Menéndez, siempre perdurara en el corazón del pueblo cubano., por ser un genuino defensor de los intenses de los trabajadores.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, felicitó a Elián González Brotons, quien cumple años este 6 de diciembre.
En un mensaje en su cuenta @DiazCanelB en la red social Twitter, el Jefe de Estado escribió: “Felicidades en su cumpleaños 25 al ingeniero Elián González Brotons, hijo y nieto de cubanos dignos y de todo el pueblo de #Cuba. La batalla por su libertad, liderada por #Fidel, demostró cuántos desafíos podemos vencer juntos. #SomosContinuidad #SomosCuba”.
Miguel Díaz-Canel Bermúdez
✔@DiazCanelB
Felicidades en su cumpleaños 25 al ingeniero Elián González Brotons,
hijo y nieto de cubanos dignos y de todo el pueblo de #Cuba. La batalla
por su libertad, liderada por #Fidel, demostró cuántos desafíos podemos vencer juntos. #SomosContinuidad#SomosCuba
El caso del niño Elián González resonó en la Cuba y el mundo en el año 1999, cuando fue secuestrado por contrarrevolucionarios en Miami con el apoyo de familiares lejanos.
En el intento de ingresar ilegalmente en Estados Unidos por mar, su madre y otras personas que lo acompañaban murieron durante un naufragio, en el cual Elián estuvo solo y aferrado a un neumático hasta ser rescatado por pescadores norteamericanos.
Posteriormente, el pequeño recibió atenciones médicas y fue puesto al cuidado de su tío abuelo paterno residente en Miami, quien se opuso a los intentos de retornar al niño a Cuba.
Sin embargo, tras un largo proceso judicial catalogado como violatorio del derecho internacional y de las propias leyes norteamericanas, y gracias a los esfuerzos de la Revolución cubana, el apoyo internacional y el incansable batallar de Fidel Castro, el pequeño de seis años en aquel entonces, pudo volver con su padre el 28 de junio de 2000.
Elián se graduó como Ingeniero Industrial en 2016 por la Universidad de Matanzas, su provincia natal.
Elián González, durante su estancia en Miami, Florida. Foto: AFP.
Juan Miguel González, junto a su esposa e hijos en Estados Unidos. Foto: Archivo.
Llegada al aeropuerto José Martí el 28 de junio de 2000. Foto: AFP.
Fidel también llegó a considerar a Elián como un amigo. Foto: Archivo.
Durante la presentación del libro: “La victoria estrátegica” Fidel saluda a Elián González. Foto: Roberto Chile.
Nací en la ciudad de Cárdenas, los tíos míos que me criaron Pilar San Martin y Emilio Gueche siempre me inculcaron los ideales de la Revolución y de su gran líder el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Pilar, fue fundadora de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), al llamado de Fidel aquel 28 de septiembre de 1960 en medio del estallido de petardos contrarrevolucionarios la mujer negra asumió de presidenta del CDR en la calle Cristina entre Ayllon y Ruz ,en la ciudad Bandera. Emilio militante del Movimiento 26 de julio en la lucha contra la tiranía proimpèrialista de Fulgencio Batista, y posteriormente como combatiente del Batallón 111 de las Milicias Nacionales Revolucionaria en Playa Girón también apoyo a Pilar en la actividad cederista.
Durante 20 años Pilar estuvo al frente de las tareas de la mayor organización de masas del país en esa barriada de Cárdenas, donde sus padecimientos de salud y su avanzada edad no le permitió continuar realizando lo que para ella fue un compromiso muy grande con la Revolución y Fidel.
Inspirado en ese espíritu revolucionario comencé a involucrarme en las tareas cederistas colaborando con frente de vigilancia, formando parte de la Brigada de Apoyo CDR-MININT.
El 5 de agosto de 1994 fui uno de los cubanos que enfrento la provocación contrarrevolucionaria. Los Comité de Defensa de la Revolución me condecoraron con el Sello Conmemorativo 20 años de la Vigilancia Revolucionaria cuyo certificado esta rubricado por el entonces Coordinador Nacional de la organización cederista el general de división Sixto Batista Santana.
En mi vida siempre han estado los CDR, ha estado su fundador el invicto Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Cuando recientemente recibí la condición de delegado directo al 9no Congreso de los CDR sentí una mezcla de orgullo, por la alegría que mis tíos Pilar y Emilio hubiesen experimentado.
Tuve la oportunidad de participar como delegado en el 8vo Congreso cederista. Y como bien exprese cuando recibo la condición de delegado directo, los CDR me sorprendieron. Hay compañeras y compañeros que reúnen todas las condiciones para representarnos en el magno evento cederista.
Al acompañar a los CDR, estoy acompañado al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, fundador de esta organización, y hasta el último minuto de vida sabré ser consecuente con su legado porque los CDR y el están en mi corazón siempre.
Un día del pasado siglo, Serpa partió de su amada Cárdenas, ese pequeño trozo de la geografía matancera donde le tocó nacer el 10 de octubre de 1966. En ese momento pocos le conocían y nadie le tildaba de traidor.
La Isla de la Juventud es el terruño a donde va, ahí trabaja como inspector y disfruta de la compañía de su hija. Vive en un mundo lleno de sueños por cumplir, al alcance de su mano, hasta que un raro susurro llega a su oído, le estremece. Ocurre en él una inexplicable metamorfosis y su vida se pone de cabeza.
Sus ojos cobran un tinte extraño, la voz habla otro “idioma”, uno donde la Patria parece no importar. Es el año 2001, Carlos Manuel Serpa Maceira se transforma de forma inexplicable. En su interior nace “Emilio”, mientras ve morir a su tío Emilio: el hombre quien lo crió, combatiente de la lucha clandestina contra Fulgencio Batista y en los sucesos de Playa Girón.
“Extiende los brazos” a varios grupos de asalariados del imperio existentes dentro de Cuba, finalmente se torna reportero de Radio Martí. Se escucha su voz alabando las “proezas” de los “luchadores por la libertad de Cuba”. Los amigos de toda la vida dejan de serlo, le señalan con el dedo, se alejan, le dan la espalda; la palabra traidor resuena en las calles por donde pasa. Sus nuevas labores le obligan a establecerse en La Habana.
Estrecha vínculos dentro de la contrarrevolución. En más de una oportunidad se ve precisado a escapar de la ira del pueblo por tildarlo de traidor; pierde a su pareja, por dentro su dolor es inmenso, un dolor que solo el “Emilio” escondido en medio del pecho le ayuda a soportar. Durante 10 años sufre el distanciamiento de su madre. Solo “Emilio” le puede dar consuelo. Calla mientras grita las mentiras de otros, y a su vez susurra, en el oído indicado, las verdades que no se pueden gritar, pero no pueden permanecer ocultas.
El 26 de febrero de 2011, tras 10 años de vivir bajo una piel falsa, las dos mitades de Emilio, la interna, la cual siempre le dio fuerzas para vivir como un agente de la seguridad del Estado, y la externa, la que sus “amigos” de la SINA creían muerta y enterrada, se unen.
Media hora antes del adiós definitivo, Serpa le asesta a la mal llamada Radio Martí la más colosal de sus estocadas. Ajenos aun a su verdadera identidad, le permiten entrar en directo.
En medio de su intervención, su discurso cambia y la voz se vuelve un trueno cuando dice: “Quiero denunciar la brutal campaña que lleva el imperialismo norteamericano contra la Revolución Cubana.
¡Viva Fidel, viva Raúl, libertad para los cinco héroes prisioneros del imperio. Patria o Muerte VENCEREMOS! Les habla el agente Emilio de los Órganos de la Seguridad del Estado”.
Por fin pudo sentir los brazos de la madre. En la garganta siente un nudo inmenso, los ojos se llenan de lágrimas. Le dice a la hija cuan orgulloso está de ella. Visita su natal Cárdenas, pone en la tumba del tío una mano en señal de respeto, sobran las palabras. Sus sueños comienzan a hacer realidad.
En fecha mucho más reciente, este 30 de mayo, Vladimir Sauri Bermúdez, Coordinador Provincial de los Comités de Defensa de la Revolución, entregó a Carlos Manuel Serpa Maceira la credencial de delegado directo al IX Congreso de los CDR. Un reconocimiento el cual, confiesa, le tomó por sorpresa pues “en este pueblo hay muchas personas con méritos para tener esa distinción, la cual solo será entregada a 18 cederistas en todo el país”.
El acto se realizó en la Comunidad Granma, en el Consejo Popular Versalles–Coronela, en el municipio de La Lisa, a pocos días del 6 de junio cuando se creó, en el año 1961, el Ministerio del Interior (Minint), órgano al cual pertenece el Departamento de Seguridad del Estado.
Tal distinción constituye un reconocimiento para todos los hombres y mujeres quienes durante años, desde el anonimato, han defendido y defienden a la Revolución. Cuando la voz de Serpa se escuche en las sesiones del congreso cederista, estarán reflejados las voces, los sentimientos, el amor por la Patria de los miembros del Minint, estará presente el orgullo de sabernos cubanos.
La Embajada de Cuba en Rusia inauguró este lunes la exposición ¡Viva Comandante! del pintor cubano Yosvany Martínez Pérez, quien hace un sentido homenaje al Líder Histórico de la Revolución Cubana en el 55 aniversario de su primera visita a la entonces Unión Soviética.
En los salones de la fracción del Partido Comunista de la Federación de Rusia (PCFR) en la Duma Estatal (Cámara Baja del Parlamento) quedaron expuestos 30 cuadros que reflejan los intensos días vividos entre abril y mayo de 1963.
El Vicepresidente Primero de la Duma Estatal de la Federación de Rusia y Vicepresidente Primero del PCFR Ivan Mielnikov, dijo que esta muestra refleja el pensamiento y la acción de un gran filósofo y político, no solo de Cuba sino que trasciende más allá de las fronteras de la Isla y alcanza a todos los países progresistas del mundo y a los pueblos que luchan por la justicia social.
Asimismo recordó su visita a La Habana en el año 2013, en la que hizo entrega al General de Ejército Raúl Castro de la medalla por el 50 aniversario de esta efeméride. Mielnikov hizo referencia a los hitos que marcaron esta visita, pues fue la primera vez que Fidel Castro estuvo más tiempo fuera de su país, la primera ocasión que un jefe de Estado extranjero entró a un submarino atómico ruso, fue el primer extranjero y único que ha hablado por más de dos horas en la Plaza Roja, entre otros acontecimientos que dejaron esta visita inscritas en los libros de la historia rusa.
Por su parte Guennadi Ziuganov, Presidente del PCFR y Jefe de su Fracción en la Duma Estatal de la Federación de Rusia, consideró que esta visita selló una amistad entre los pueblos de Cuba y de Rusia que perdurará para siempre, porque ha sabido sortear obstáculos y fortalecerse a cada paso.
Dijo que en aquella ocasión Fidel pudo conocer mejor las hazañas del pueblo soviético en la lucha contra el fascismo, y además mostró su capacidad de pensamiento y análisis de la historia como experiencia para labrar el futuro. Para Ziuganov Cuba es más que un país amigo, es un fiel hermano que siempre ha estado del lado de Rusia.
Lionid Slutskiy, Presidente del Comité de Relaciones Internacionales de la Duma Estatal, clasificó a Yosvany Martínez Pérez cómo un excelente pintor, que fue capaz de recoger en su obra el sentir y las emociones vividas por el pueblo ruso y por Fidel Castro en esta visita.
El Embajador de Cuba en Rusia al hacer uso de la palabra, agradeció el apoyo del PCFR para realizar este proyecto, y consideró que el fomento de los lazos culturales entre nuestros países es fundamental para continuar consolidando la amistad entre ambos, que edificó el Líder Histórico de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz, y que continuará promoviendo la joven generación heredera de su legado.
Finalmente la dirección del Partido Comunista de la Federación de Rusia entregó a Yosvany Martínez la medalla conmemorativa por el 50 Aniversario de la visita de Fidel Castro a URSS.
El reconocido pintor cubano Yosvany Martínez tiene más de 40 exposiciones nacionales y 10 internacionales, entre las que resaltan en el año 2015 en el Museo Nacional de Bellas Artes de China, y en el 2010 en el marco del concurso Alcalá de Henares en España.
Asimismo, recibió el Premio del Concurso Nacional de Pintura, Escultura y Grabado del Programa Mundial de Alimentos de la FAO “PMA en acción” en el 2003, y el Primer Premio por el diseño, calidad y por la creatividad de la obra presentada, en el Segundo Salón de Fibra ACAA en La Habana en el 2011.
Su obra se encuentra en colecciones de Rusia, España, Alemania, Canadá, Sudáfrica, Brasil, Jamaica, México, Belarús y China. También participó en la subasta “Terry Fox”, cuyas ganancias fueron donadas al Hospital Oncológico de La Habana en marzo de 2007.
El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y el comandante Delio Gómez Ochoa, al centro, en el Instituto Tecnológico Calixto García, cuartel del Ejército Rebelde en Holguín, 3 de enero de 1959
Apenas se produjo el desembarco del Granma el gobierno de Batista puso gran empeño en hacer creer a la opinión pública, que ni Fidel ni Raúl habían venido al frente de los expedicionarios, y cuando ya no pudo ocultar por más tiempo la presencia del jefe rebelde en el teatro de operaciones, echó a rodar la bola de su muerte en combate, y aseguraba que su cadáver sería trasladado a La Habana para exhibirlo públicamente. Se trataba de una artimaña fraguada para desalentar a sus seguidores y simpatizantes.
Después de la sorpresa de Alegría de Pío, que ocasionó sensibles bajas a los expedicionarios del Granma y provocó la dispersión del grupo, un manto de silencio cubrió el desarrollo de las operaciones militares en la Sierra Maestra; al extremo de que en la página 68 de la revista Bohemia del 30 de diciembre de 1956, al referirse a Fidel decía: «Su suerte, muerto en comba-te o refugiado en la Sierra Maestra, constituye una incógnita». En tanto, el ejército de la dictadura asesinaba a cuanto revolucionario caía en sus manos, y los libelos «Tiempo en Cuba», de Masferrer; «¡Ataja!», de Alberto Salas Amaro; y Otto Meruelos y Luis Manuel Martínez, en los espacios que tenían por la radio y la televisión como contumaces voceros de la dictadura ratificaban el infundio. Por lo reiterado de la noticia, la certeza era posible y, sin embargo, pese a la propaganda desplegada, no resultaba creíble para las masas populares.
Apresados todos en las mallas de la incertidumbre, negados a aceptar la información gubernamental, la Dirección del periódico Norte apeló al dinamismo y seriedad de su corresponsal en Manzanillo, Adalberto Infante y, desde el primer momento, se apoyó en el periodista santiaguero Pedro Wilson para obtener noticias frescas sobre los sucesos que se producían, y luego como Enviado Especial mandó al periodista de su Redacción nombrado Gelpi de Castro, hasta donde pudiera llegar… Se trataba de desentrañar la verdad, que tal vez se filtrara por alguna fisura del aparato militar desplegado en el área de operaciones.
El día del desembarco, el dictador Batista había declarado, como para restarle importancia a los hechos, que solo sus-pendería las garantías constitucionales si era necesario en algunos lugares donde se requiriese.
La Redacción del periódico Norte, desde el Director hasta el último de sus empleados, especulaba sobre la posible muerte de Fidel.
En tanto, los días transcurrían lentos, pesados, angustiosos. ¿Qué habrá pasado en realidad? ¿Qué pasará ahora? Eran las preguntas que esperaban respuesta inmediata de la Sierra Maestra.
Y al fin comenzaron a llegar algunos rumores y conjeturas sobre movimientos de tropas y otros hechos, los que permitieron dudar de la certeza de la afirmación acerca de la muerte de Fidel. ¡Algo no estaba claro! Era necesario seguir atando cabos…
Pasados unos días, el Director de Norte tomó la decisión de enviarme a Birán para intentar conocer la opinión de la familia Castro Ruz sobre lo que ocurría en la Sierra, y que permitiera descubrir la verdad, o al menos algún vestigio de ella, en cuanto al destino de Fidel. ¿Estaría dispuesta la madre a hacer un llamado público a todas las madres de Cuba: clamar por la concordia nacional y por la vida de sus hijos perseguidos y asesinados en montes y ciudades?
Nunca había tenido relaciones con la familia Castro Ruz ni siquiera conocía «de vista» a alguno de sus miembros, pero acepté la difícil encomienda. Me asignaron al fotógrafo Armandito Rodríguez y un auto; me dieron instrucciones precisas, y en la mañana del 13 de diciembre de 1956 salimos rumbo a Marcané, donde debía localizar a Ramón Castro para que nos condujera a Birán a fin de lograr el encuentro con la angustiada madre.
Durante el trayecto analizaba la misión que sabía no fácil y sí peligrosa. Estaba dispuesto a cumplirla siempre que no se convirtiera en un instrumento para explotar un trabajo sensacionalista y vender periódicos a costa del dolor y la aflicción de una madre; aunque sabía que la Dirección del periódico no utilizaba esos procedimientos.
En Marcané no fue difícil localizar la casa de Ramón, cuya dirección busqué en la farmacia del doctor Castellanos, al que me unía la masonería; y, además, era el padre de «Bilito» Castellanos con quien había coincidido en las filas del ajefismo, asociación de jóvenes patrocinada por la masonería, el que se había personado en la Causa 37 como defensor de los jóvenes asaltantes al cuartel Moncada.
Ramón me acogió amablemente, pero al conocer el motivo de mi visita me aseguró que su mamá no accedería a la pretendida entrevista. Le insistí, le pedí su ayuda para que me facilitara llegar hasta Birán. «Por mi parte no hay problema, yo los llevo, pero van a perder su tiempo», me dijo. Y nos pusimos en camino.
En Birán aguardamos en la sala de la casona familiar. De su pared central colgaba un gran retrato de Fidel cuya copia había visto publicada recientemente en la revista Bohemia. Ramón se había adelantado para saludar a la familia e imponer a su mamá de nuestra presencia y propósito. Al cabo de unos minutos regresó y nos pidió que pasáramos a una habitación contigua. Las paredes de la casa, toda de madera, eran «medianeras» —no llegaban al techo—, por lo que sin mayor esfuerzo podía escucharse la voz de una habitación a otra. Y el diálogo se inició de esa forma. Pasados unos instantes, desde la habitación aledaña, una voz femenina, de tono seco y firme preguntaba: «¿Y usted qué quiere, periodista?». Rápidamente contesté: «Si me lo permite, deseo conversar con usted unos minutos».
—¿Y de qué quiere hablar conmigo?
—De usted, de su familia, de sus hijos, de la situación que atraviesa el país y de los rumores que corren…
—Yo no quiero hablar con nadie de esas cosas… ¿En qué periódico trabaja usted?
—En el Norte, de Holguín…
—¿Y qué va hacer con lo que yo diga?
—Si usted me lo permite, pues publicarlo.
—¿Y cuánto me va cobrar por eso?
—¿Cobrarle? ¡Nada…! Tanto el periódico como yo personal-mente le quedaríamos muy agradecidos.
Luego supe que, en ocasiones, algunos titulados «periodistas», aprovechándose de las circunstancias, habían visitado a esta familia, especialmente a Ramón y a Lina para «entrevistarlos», pidiéndoles luego considerables sumas de dinero «para comprar papel para la tirada del periódico», ¡y no volvieron a saber de ellos!
Hubo un silencio que se extendió no sé por cuántos segundos, y finalmente apareció en la puerta de la habitación una mujer vestida completamente de negro, con una mantilla o velo también de ese color, sobre la cabeza, un semblante que quería ser duro, pero en el que se notaba el dolor, la ansiedad y la incertidumbre que la embargaban. Los ojos, enrojecidos por la vigilia de largas noches sin sueño. Me puse de pie instantáneamente.
Fidel rinde tributo a sus padres, don Ángel y doña Lina,
y la abuela Dominga que descansan en el panteón cercano a la
casa en Birán, 15 de agosto de 1996
Aquel luctuoso atuendo le hacía parecer con más edad de la que en realidad debía tener.
Ella avanzó hacia un viejo balance, de los llamados comadritas, que estaba frente a mí y se sentó. Ramón hizo la presentación formal, y cuando ella se percató de la presencia del fotógrafo dijo tajante:
—No quiero que me retraten. ¡Yo no quiero fotos!
—Despreocúpese —le dije—. Si usted no quiere fotos no las habrá, y si no quiere que se publique nada de lo que conversemos, no se publicará. ¡Se lo prometo!
La entristecida madre no parecía creer en mis palabras. Le expliqué más detalladamente el motivo de mi visita, de los rumores echados a rodar por el gobierno en relación con la suerte que habían corrido sus hijos Fidel y Raúl, y la del resto de sus compañeros; y también sobre un artículo firmado por Luis Conte Agüero, publicado en esos días en la revista Bohemia, en el que hacía un llamamiento a Fidel para que depusiera las armas y junto a sus seguidores se sumara a las gestiones de paz que se hacían para salvar a la República de la guerra civil… Pero no llegué a terminar la idea que intentaba expresar, pues de una habitación contigua una voz enérgica me interrumpió diciendo que Conte Agüero no era hombre, que era esto y lo otro…, que él no tenía valor de subir a la Sierra y personalmente, cara a cara, hacerle esas proposiciones a Fidel, etcétera.
Sorprendido, miré a Ramón, y este me explicó:
—Es mi hermana Angelita.
Al escuchar aquellas palabras, yo me dije:
—Aquí, hasta las mujeres son bravas.
El ambiente se puso ligeramente tenso. Reanudé mi conversación con Lina, que con el rostro compungido miraba hacia el piso…
—¿Estaría usted dispuesta a pedirles a sus hijos que bajaran de la Sierra? —Pregunté.
—¿Para que los asesinen? —Respondió rápida, y agregó: Como madre sufro esta situación. Pero jamás les pediría que hicieran tal cosa. Ellos han escogido ese camino… ¡Los dos son hombres enteros que luchan por la libertad de Cuba!
Automáticamente recordé a Mariana, cuando en momentos cruciales se dirigió al menor de sus hijos: «¡Y tú, empínate!». Y a Lucía Íñiguez: «¡Ese sí es mi hijo Calixto!». Y volví a mis preguntas:
—¿Estaría usted de acuerdo en dirigir un llamamiento a las madres cubanas para que demanden garantías para la vida de sus hijos…?
—¡Claro que sí! —respondió—. Pero esta situación que vivimos la ha provocado Batista y su camarilla con el golpe de Estado del 10 de marzo, con sus robos, sus crímenes y atropellos!
El momento era difícil. La madre no quería perder a sus hijos en la vorágine de la guerra; ella conocía el parecer y el sentir de ambos… Sabía que no se hundirían en el bochorno de la claudicación. En cuanto al destino de ellos era evidente que desconocía la suerte que habían corrido. El ambiente que allí existía era de incertidumbre y tristeza. Así lo noté en sus rostros.
Yo sabía que se gestaba en la redacción de Norte la sensacional noticia: «¡No ha muerto Fidel Castro!».
Y me atreví a comentar que nadie creía que Fidel estuviera muerto, prometiéndole que si algo llegáramos a saber sobre el particular le llevaríamos la noticia. Promesa que, llegado el momento, cumplí.
Miré fijamente a Lina y pensé en mi madre. Si la vida la hubiera situado en tales circunstancias no me hubiera gustado que alguien la asediara con preguntas y más preguntas en tan duros momentos. Y llevábamos conversando más de media hora y había tomado mis notas. Entonces le dije:
—Ya ve usted, hemos conversado bastante. Ahora dígame: ¿Me permite publicar esta conversación? No me conteste toda-vía, pues le voy a leer lo que he escrito. Leí las notas y ella estuvo de acuerdo. Entonces me atreví a decirle:
—Bueno, señora, y ya que nos conocemos mejor, ¿usted permite que el fotógrafo la retrate?, recuerde que antes le dije que eso lo decidiría usted…
—¿Y para qué quiere usted un retrato mío…?
—Para publicarlo en el periódico con sus palabras. Eso le daría más fuerza a la entrevista.
—Bueno, está bien —respondió algo inquieta, aunque no parecía muy convencida. Y agregó: ¡Pero una sola!
—Como usted diga —respondí. Y dirigiéndome a Armandito le pedí que la retratara. Él disparó dos o tres veces del flash y ella protestó:
—¿Por qué tantas? ¡Le dije que una…!
—Es por si la cámara falla —le contesté.
Al despedirme le di las gracias y prometí mandarle varios periódicos con la entrevista publicada; le reiteré que nada tendría que pagar. Ramón nos llevó de regreso, y durante el camino me dijo que no comprendía cómo yo había podido convencer a Lina para entrevistarla.
—Mi madre siempre ha sido una mujer de carácter fuerte, y verla así, abatida, nos hace sentir muy mal a todos —comentó. Y agregó: Por dentro debe estar destruida.
Así comenzó una larga y sincera amistad. A partir de entonces fui con frecuencia a Marcané y en varias ocasiones coincidí con Lina en casa de Ramón, y conversamos amistosamente. Siempre hablaba de sus hijos.
Tras aquel rostro enérgico había un alma bella y comunicativa. Ya se vislumbraba la proximidad de la victoria. Una tarde almorzábamos juntos en la casa de Ramón. Ella tenía el semblante radiante. No era la misma mujer que había conocido tiempos atrás, en momentos duros.
Me contó que había visitado a Raúl en la Comandancia de Calabaza de Sagua, que lo sentó en sus piernas como cuando era niño; y todo lo decía con tal expresión de alegría que contagiaba. Aquella tarde fue más locuaz que de costumbre. Habló de su vida en el campo, ¡cuánto le gustaba recorrer a caballo por la guardarraya de los cañaverales! Me dijo que una vez estaba en estado de gestación y contrariando la observación de su esposo montó un brioso caballo para «probarlo» en su acostumbrado recorrido, y este de inmediato la tiró de la silla. Y mientras hablaba reía a carcajadas cuando hacía la anécdota, como un niño ríe de sus travesuras. Y continuó:
—¿Sabe usted a quién tenía en ese momento dentro del vientre?
Yo no podía imaginarlo, y me quedé perplejo. Pero ella rápidamente despejó la incógnita:
—¡A Fidel! —dijo—. ¡Y no aborté! ¡Por eso dije entonces que si aquella criatura se había salvado cuando el caballo me tiró era porque iba a ser algo grande en la vida! ¡Y mire usted…!
* Esta entrevista se publicó en la primera página del periódico Norte con la foto de Lina Ruz, sentada, de cuerpo entero, el día 17 de diciembre de 1956, y luego, el 21, el comentarista José Pardo Llada se refirió a ella por la emisora Unión Radio en su noticiero «La Palabra», que se trasmitía a la una de la tarde. Después, el autor la reelaboró para la edición del periódico ¡ahora! del 16 de agosto de 2003. (N. de los C.).
Fidel dona sangre tras el terremoto de Ancash, Perú, en 1970. Foto: Cubaminrex
Cuenta en sus memorias un sobreviviente de la catástrofe que “el terremoto de Áncash costó un Perú para su pueblo”. A voz de comarca, por aquellas tierras, todo lo que valga un Perú tiene un precio muy alto. Y así fue. Setenta mil víctimas, un sinfín de heridos y desaparecidos, decenas de comunidades arrasadas dejó el sismo que, a las 15 horas del 31 de mayo de 1970, trastocó a los peruanos.
“Sentimos un tremendo ruido (…) Se asemejaba al de muchos aviones. No sabíamos por dónde venía ni qué pasaba. Finalmente vimos el aluvión de lodo completamente negro con más de 40 metros de altura que avanzaba botando chispas de distintos colores”, relata quien vivió para contar las consecuencias de un seísmo de 7,9 grados en la escala de Richter.
Durante 45 minutos tembló con tanta fuerza la tierra que el Huascarán se zarandeó. Cuarenta millones de metros cúbicos de hielo, lodo y piedras se esparcieron en avalancha sobre ciudades enteras del Norte peruano. Tras la sacudida y el alud, un manto negro de polvo y dolor permaneció durante días en la zona.
En La Habana, pendiente siempre de los cables, Fidel supo de los hechos y las necesidades del pueblo peruano. La nación inca y Cuba no tenían relaciones diplomáticas. El expresidente Manuel Carlos Prado las había quebrado, no vio a bien que la Isla tomara “el camino socialista”. Sin embargo, para el líder de los cubanos esta no sólo era “la tragedia del Perú sino de toda la Humanidad”.
Así consta en el diario Granma de la época y en una fotografía que aparece multiplicada en el ciberespacio. La imagen guarda el instante en que Fidel, con el brazo extendido, donó sangre para los damnificados del terremoto del ‘70. Tras él, más de 150 mil cubanos también lo hicieron.
Decenas de médicos partieron con el equipamiento necesario para instalar cinco hospitales. Llegaron hasta Áncash, Recuay, Huaraz, Carhuaz y otros poblados afectados. Cuba fue el primer país en enviar ayuda para los peruanos. Dos años después, el 8 de julio de 1972, el gobierno de Juan Velasco Alvarado restableció las relaciones diplomáticas con la Isla.
Los doctores cubanos han regresado una y otra vez a Perú, por el terremoto en Pisco (2007) o por las intensas lluvias de Piura (2017). En Áncash hay un parque que se llama Cuba y muchos hombres dispuestos a confesar que tienen sangre cubana en su cuerpo, y los genes de Fidel en el alma.
En 2007, el Gobierno del Perú declaró el 31 de mayo como “Día Nacional de la Solidaridad y de Reflexión en la Prevención de Desastres”.
El cariño y la ternura de los médicos cubanos, conmovieron a los pacientes peruanos en 2017. Foto: Enmanuel Vigil Fonseca.
Largas distancias a pie, con el suelo aun inundado, debieron recorrer nuestros médicos. Foto: DR. Enmanuel Vigil Fonseca.
Médicos cubanos mostraron su solidaridad con el pueblo peruano en 2017. Foto: Archivo
Médicos cubanos atendieron a damnificados peruanos en 2017. Foto tomada del perfil en Facebook de Enmanuel Vigil.
La fila era larga, pero cada paciente fue atendido adecuadamente. Perú, 2017 Foto: Dr. Enmanuel Vigil Fonseca
Fuente Cubadebate
Médicos cubanos en Perú enfrentaron una compleja situación tras lluvias en 2017.Foto: Archivo
El primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros General de Ejército Raúl Castro Ruz, envió una ofrenda floral a los mártires de las acciones revolucionarias del 13 de marzo de 1957, en el marco de los 61 años del asalto al Palacio Presidencial y la toma de la emisora Radio Reloj por comandos del Directorio Revolucionario para ajusticiar al dictador Fulgencio Batista.
Durante el acto político cultural realizado en el Museo de la Revolución, otrora Palacio Presidencial, uno de los escenarios de las heroicas acciones del 13 de marzo, se realizó el pase de lista simbólico de los mártires de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
Presidieron la conmemoración Mirian Nicado García, integrante del Buro Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Sucely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), y el Comandante Faure Chaumon Mediavilla, segundo Jefe del comando del Directorio Revolucionario que asalto el Palacio Presidencial.
En las palabras centrales, Raúl Alejandro Palmero, presidente de la FEU destaco la indestructible unidad del estudiantado universitario con la Revolución, sustentada en la herencia mambisa y rebelde.
Estuvieron presentes además José Ramón Saborido Loidi, ministro de Educación Superior, y una representación de combatientes del Directorio Revolucionario y sus familiares
Fidel en la Tribuna Abierta de la Revolución, en acto de protesta contra el bloqueo, las calumnias y las amenazas del gobierno de Estados Unidos contra Cuba, en Sancti Spíritus, 25 de mayo de 2002. Foto: Periódico Escambray/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
El pueblo cubano ha sido víctima de la política más cruel e inhumana por parte del gobierno de los Estados Unidos durante casi 60 años. El bloqueo, impuesto desde 1961 es la más absurda expresión del afán de las administraciones norteamericanas por imponer sus designios sobre nuestro país.
A pesar del reconocimiento de su fracaso como política, el bloqueo, impuesto desde el 2 de marzo de 1961, se mantiene hasta nuestros días, afectando todos los sectores de la sociedad cubana, y constituye un obstáculo para el pleno desarrollo de la economía nacional y de la sociedad cubana.
Fidel, líder indiscutible de la Revolución, fue igualmente faro en la lucha contra las estrategias empeladas por el vecino del norte, reconociendo que “sin bloqueo nosotros marcharíamos adelante a muy buen ritmo; el bloqueo es el obstáculo fundamental al desarrollo económico del país”.
En el discurso en la clausura del Encuentro Mundial de Solidaridad con Cuba, efectuado en el teatro “Karl Marx”, 25 de noviembre de 1994, Fidel lo definió:
“El bloqueo es una guerra económica contra Cuba, guerra económica; es la persecución tenaz, constante, de toda gestión económica de Cuba en cualquier parte del mundo —Estados Unidos trabaja activamente, a través de sus canales diplomáticos, a través de sus embajadas, para presionar a cualquier país que quiera comerciar con Cuba, para presionar a cualquier empresa que desee comerciar o invertir en Cuba, para presionar y castigar a cualquier barco que transporte mercancías a Cuba—; es la guerra universal, con ese inmenso poderío a su favor, contra la economía de nuestro país, al extremo de realizar gestiones individuales, incluso, con personas, con individuos que intentan desarrollar cualquier actividad económica en relación con nuestro país”.
“Para nosotros es inaceptable la cuestión del cese del bloqueo a cambio de concesiones políticas, concesiones que corresponden a la soberanía de nuestro país. Es absolutamente inaceptable, es indignante, es irritante, y, realmente, preferimos perecer a renunciar a nuestra soberanía”.
En su discurso pronunciado en la clausura del Festival Juvenil Internacional Cuba Vive, efectuada en el teatro “Karl Marx”, 6 de agosto de 1995 expresó:
“(…) el bloqueo es algo serio, es una persecución incesante, lo encarece todo: las mercancías hay que buscarlas a miles de millas de distancia; los barcos no pueden parar en ningún puerto norteamericano, entonces el transporte es más caro; los créditos comerciales a corto plazo son carísimos, todo lo encarece al país, todo lo dificulta al país. Ese es el bloqueo, realmente es mucho más que lo que parece”.
Más tarde, el 8 de octubre de 1997, en el Informe Central al V Congreso del Partido Comunista de Cuba, agregó:
“El bloqueo no es eso de prohibir el comercio entre Estados Unidos y Cuba; el bloqueo es una guerra económica, es, además, una guerra política, todo, y promover el sabotaje, la subversión, es una guerra total en muchos campos”.
“Nosotros tenemos un adversario bastante poderoso como lo es nuestro vecino más próximo: Estados Unidos. Le advertimos que resistiríamos el bloqueo, aunque eso podía implicar un costo muy elevado para nuestro país. No hay peor precio que capitular frente al enemigo que sin razón ni derecho te agrede. Era el sentimiento de un pueblo pequeño y aislado”.
Apenas unos años atrás, y sobre las consecuencias de esta inadmisible política contra Cuba, en el Artículo: “El hermano Obama”, del 27 de marzo de 2016, reconoció:
“Tras un bloqueo despiadado que ha durado ya casi 60 años, ¿y los que han muerto en los ataques mercenarios a barcos y puertos cubanos, un avión de línea repleto de pasajeros hecho estallar en pleno vuelo, invasiones mercenarias, múltiples actos de violencia y de fuerza? Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura”.
Este año conmemoraremos el 150 aniversario del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, en un contexto en que Estados Unidos aumenta la hostilidad hacia la Revolución Cubana y retoma la Doctrina Monroe para justificar su proyección injerencista de “América para los americanos”. La estrategia de “espera paciente”, la concepción geopolítica del “destino manifiesto” y la “política de la fruta madura” se fue transmitiendo de generación en generación entre los grupos de poder que dominaron los diferentes Gobiernos estadounidenses desde los primeros años del siglo XIX.
Durante las tres guerras independentistas ningún presidente norteamericano reconoció la beligerancia e independencia de los patriotas cubanos. Para descifrar las pretensiones geopolíticas de Estados Unidos hacia Cuba desde entonces, resulta imprescindible analizar los testimonios de los Mayores Generales del Ejército Libertador Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.
El primer Presidente de la República de Cuba en Armas y Padre de la Patria, en una carta dirigida en 1870 a José Manuel Mestre, representante en Washington del Gobierno en Armas, escribió:
“Por lo que respecta a Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España. Siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política (…)”.
Desde 1880 vivió desterrado Martí en Estados Unidos, y durante casi 15 años pudo constatar directamente las transformaciones del país y su tránsito de la etapa capitalista a la imperialista. Con la asunción de Benjamín Harrison (1889-1893) a la Casa Blanca y el nombramiento como secretario de Estado al anexionista James G. Blaine, el gobierno estadounidense retomó la idea de comprar a Cuba.
En ese contexto y con motivo de la celebración de la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos, Martí lo alertó, el 29 de octubre de 1889, en carta a Gonzalo de Quesada: “(…) Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? ¿Ni por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera, –no del pueblo que es, propio y capaz–, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Bases más seguras quiero, para mi pueblo. Ese plan en sus resultados, sería un modo directo de anexión”.
Martí era consciente de la necesidad de lograr la unidad para enfrentar a dos enemigos sumamente poderosos: España y Estados Unidos. Con ese objetivo proclamó en Cayo Hueso, el 10 de abril de 1892, el nacimiento del Partido Revolucionario Cubano, del que fue electo Delegado. Agrupó en una misma organización política a los emigrados, a la vieja generación que inició la lucha por la independencia y a las nuevas generaciones.
A finales de 1894 había conseguido el armamento necesario para reiniciar la contienda. El 11 de abril de 1895 desembarcó junto a Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo; diez días antes lo había hecho Antonio Maceo por Duaba; ambos puntos situados en el oriente cubano. El 5 de mayo se reunieron los tres principales jefes de la guerra en la finca La Mejorana para organizar el curso de la Revolución.
Dos semanas más tarde, el 19 de mayo, en Dos Ríos, Martí desoyó el consejo de Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia y cargó contra una tropa española bien posicionada. Murió en el combate. La víspera escribió a Manuel Mercado:
“La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos”.
La pérdida del más universal de los cubanos fue irreparable. No obstante, la lucha continuó. Gómez y Maceo habían vivido la experiencia de la posición asumida por los Gobiernos estadounidenses de turno durante la Guerra de los Diez Años. Ambos, al igual que Martí, insistieron en que la independencia se alcanzaba por los propios esfuerzos de los cubanos.
En ese periodo gobernaba la Casa Blanca Grover Cleveland (1893-1897), quien indicó a su secretario de Estado, Richard Olney, retomar la idea de apropiarse de Cuba, manteniendo la compra como primera opción. España se negó. El 14 de julio de 1896, Maceo le escribió al coronel Federico Pérez Carbó, de misión en Nueva York:
“De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los [norte] americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.
El Héroe de Baraguá mantuvo siempre una postura firme de rechazo a las tendencias anexionistas. Tuvo la capacidad de descifrar desde el campo de batalla las intenciones del naciente imperio. Su caída en combate, el 7 de diciembre de 1896, representó un duro golpe para la Revolución, que perdió en poco tiempo a dos de sus jefes más valiosos y con posiciones antimperialistas.
El Generalísimo, con el dolor de haber perdido también en combate junto a Maceo, a su hijo Panchito Gómez Toro, continuó la batalla. Convencido de que en el campo militar la guerra contra España estaba en su etapa final y observando las pretensiones estadounidenses de intervenir en el conflicto, gestionó infructuosamente, con el capitán general Arsenio Martínez Campos, el reconocimiento de la definitiva independencia.
Los peligros advertidos en reiteradas ocasiones por estos cuatro grandes revolucionarios durante casi 30 años de combate, se concretaron con la intervención militar estadounidense en el conflicto hispano-cubano y la firma de la paz entre las dos potencias, sin tener en cuenta a los patriotas cubanos. Con el alma destrozada, el 8 de enero de 1899, el Generalísimo cerró su Diario de Campaña:
“(…) los Americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores; y no supieron endulzar la pena de los vencidos.
“La situación pues, que se le ha creado a este Pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”.
Estados Unidos ocupó militarmente el territorio cubano. El Tratado de París les permitió izar la bandera de las barras y las estrellas en la Plaza de Armas; a continuación, licenciaron al Ejército Libertador. Querían anexarse el país y no lo consiguieron; una isla anegada con la sangre de sus mejores hijos se los impidió. Entonces establecieron la Enmienda Platt como apéndice a la Constitución cubana, para garantizar que la nueva nación quedara atada en lo político, lo económico y lo mercantil.
Gómez lo denunció en Porvenir de Cuba: “Ellos se fueron, al parecer es verdad. El día 20 de mayo, yo mismo ayudé a enarbolar la bandera cubana en la azotea del Palacio de la Plaza de Armas. ¡Y cuantas cosas pensé yo ese día! Todos vimos que el general Wood, gobernador que fue se hizo a la mar en seguida, llevándose su bandera, pero moralmente tenemos a los americanos aquí”.
La retirada de Estados Unidos fue formal y aplicó además otras fórmulas intervencionistas en el campo ideológico y cultural. Esa fue la realidad de nuestro país durante 60 años, hasta que llegó la definitiva independencia el 1ro. de Enero de 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana. Ahí está la esencia del conflicto bilateral entre ambos países que perdura en el tiempo: recuperar la dominación sobre Cuba y transformar su sistema político, económico y social, contra la voluntad soberana del pueblo cubano de defender su independencia y mantener el socialismo.