#FidelPorSiempre Rinden los cubanos homenaje a Antonio Maceo (+ Fotos)

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2016-12-07 13:21:09 / web@radiorebelde.icrt.cu / Carlos Serpa Maceira

Los miembros del Buró Político Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el Viceministro Primero de la FAR, General de Cuerpo de Ejército, Álvaro López Miera, y Mercedes López Acea presidieron el acto político y ceremonia militar efectuado en el Complejo Monumentario, el Cacahual, en homenaje al Mayor General Antonio Maceo y a su ayudante, Panchito Gómez Toro.

Otros jefes y oficiales de la FAR y el MININT, combatientes del Ejército Rebelde y de la lucha clandestina, así como internacionalistas, asistieron a la ceremonia que recordó los 120 años de la caída en combate del Titán de Bronce y el Aniversario 27 de la Operación Tributo.

El miembro del Secretariado del Comité Central del Partido Jorge Cuevas Ramos dijo que nuestra peregrinación al Cacahual esta vez tuvo un carácter extraordinario.

Asimismo, argumentó “hemos venido a decirle al Mayor General Antonio Maceo que su alumno más aventajado Fidel Castro Ruz ya no está físicamente entre nosotros, estamos ante la tumba que guarda los restos mortales de Maceo y su ayudante el capitán Panchito Gómez Toro en representación de nuestro pueblo para rendirle homenaje perpetuo a nombre de la Patria agradecida”.

En otro momento Jorge Cuevas Ramos expresó que las ideas de Maceo fueron asumidas por Fidel y constituyeron parte de su pensamiento. “Usted General Maceo no ha detenido su cabalgadura, su ideario político, su ejemplo continúa de referente en cada revolucionario cubano”, enfatizó.

El compromiso con la Patria de los futuros oficiales de las FAR llegó en la voz del Cadete Osnelis de los Ángeles Lamunt quien habló en nombre de los miles de jóvenes dispuestos a entregar su sangre por mantener una Cuba independiente y solidaria.

Refirió también que nos sentimos orgullosos de tener entre nosotros a tantos héroes, al tiempo que aseguró que las nuevas generaciones de oficiales tomarán el fusil si es necesario como lo hizo Maceo con el machete para defender a nuestra Patria.

La niña Sharlene Calvo Martínez afirmó que los pioneros cubanos tienen la obligación de ser fieles a nuestra Revolución y defender la Patria con los lápices y las libretas. En cada escuela cubana estará Fidel, en el deporte, en la cultura, en la tierra, donde ha dejado su aporte, seguirá por Cuba andante, hasta siempre.

El antiimperialismo, la bravura y la intransigencia de Maceo y Fidel unieron a estos dos grandes de la historia que viven, en el sagrado altar de la patria.

#TodosMarchamos Tributo en La Habana al comandante Camilo Cienfuegos ( Fotos)

2016-10-28 19:07:50 / web@radiorebelde.icrt.cu / Carlos Serpa Maceira
Fotos: Carlos Serpa Maceira
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El aniversario 57 de la desaparición física del Comandante Camilo Cienfuegos se recordó este viernes en La Habana, con un acto político cultural y una peregrinación.
La estudiante Wendy Peña Pozo de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Capdevila, al pronunciar las palabras centrales en el tributo al Héroe de Yaguajay, destacó el legado de su ejemplo.
Tributo en La Habana al comandante Camilo Cienfuegos. Fotos: Carlos Serpa Maceira
El general de cuerpo de ejército, Álvaro López Miera, Viceministro primero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y Jeje del Estado Mayor General y el Héroe de la República de Cuba, Fernando González , encabezaron la peregrinación que partió desde la explanada de la Plaza de la Revolución José Martí por toda la Avenida Boyeros, hasta la calle G y culminó en el malecón capitalino, donde fueron lanzadas flores al mar.
Tributo en La Habana al comandante Camilo Cienfuegos. Fotos: Carlos Serpa Maceira
Jefes y Oficiales de las FAR y el Ministerio del Interior (MININT), dirigentes del Partido Comunista de Cuba, del gobierno, una representación de cadetes de las instituciones docentes de nivel superior de las FAR, de las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos , jóvenes , trabajadores y pueblo en general se unieron a la compacta peregrinación popular en homenaje a Camilo.

¡Hombres de sacrificio, hombres de Revolución!


Texto y fotos: Jessica Padrón Rodríguez
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Rememorar la historia en la voz de los forjadores de la Revolución regocija a personas de diferentes generaciones de la Isla de la Juventud, al sur de Cuba, que disfrutamos hoy de este proyecto social.
Interesante oportunidad fue la de intercambiar este lunes experiencias e inquietudes con quienes son muestra del más vivo sacrificio y entrega a la patria, escenario devenido en fuerte lazo con hombres que destilan los valores que deben defender los cubanos.
En tal sentido varios representantes de las organizaciones de masas del Municipio Especial realizaron un encuentro con los combatientes Ernesto González Campo, uno de los asaltantes al cuartel Moncada y Gilberto García Alonso, expedicionario del Yate Granma, quien cumplió este 27 de junio 86 años. Fue un espacio donde fluyó el debate y las interrogantes acerca de esa etapa tan difícil que les tocó vivir.
Durante el encuentro también se conversó del comportamiento del Programa de Desarrollo Integral que implementa el territorio pinero, entre otros temas, pero lo más importante fue que cada palabra estuvo dedicada a los jóvenes.
“Un pueblo unido jamás será vencido y la novel generación tiene la misión de estudiar mucho nuestra historia, desde Carlos Manuel de Céspedes hasta la actualidad, seguir las indicaciones del Partido Comunista de Cuba, PCC y prepararse para evitar que las botas del imperio entren en nuestro país” subrayó González Campo.
Ambos combatientes destacaron además que el aprendizaje desde la casa es esencial para la formación de valores que se consolidan con la educación en las escuelas. “Debe inculcarse el amor a la patria, a la verdad, a los que lucharon y a esa sangre derramada por llegar a este momento”.
Los pineros seremos continuadores de las ideas de estos combatientes, quienes se llevan el sentir de que pueden contar con las nuevas generaciones, y el compromiso del pueblo de defender el socialismo, la unidad y la tradición de los mártires que tanto lucharon por la libertad.
Se reafirmó la convicción y energía que caracteriza a dos Héroes que décadas después de sus acciones hacen historia, instruyen y sobre todo con sencillez y nobleza para transmitir un legado a los pinos nuevos, de lo que fueron e hicieron y de lo que queda por hacer.

Homenaje a Vilma Espín en el Segundo Frente

Pobladores de Mayarí Arriba, localidad cabecera de este municipio santiaguero, rendirán homenaje en nombre de toda Cuba a la heroína de la sierra y el llano, Vilma Espín Guillois, al conmemorarse este 18 de junio el noveno aniversario de su desaparición física
Autor: Eduardo Palomares Calderón | palomares@granma.cu
17 de junio de 2016 23:06:30
Como es tradicional, el homenaje a Vilma tendrá lugar ante la roca monumento que atesora sus cenizas.
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SEGUNDO FRENTE, Santiago de Cuba.—Pobladores de Mayarí Arriba, localidad cabecera de este municipio santiaguero, rendirán homenaje en nombre de toda Cuba a la heroína de la sierra y el llano, Vilma Espín Guillois, al conmemorarse este 18 de junio el noveno aniversario de su desaparición física.
Como ya es tradicional, el tributo comenzará con la peregrinación que justo con el aso­mo del sol sobre el lomerío de Mícara, iniciará una amplia representación de mayariceros (en su mayoría mujeres), hasta la roca que atesora las cenizas de la eterna Presidenta de la FMC, en el Mausoleo del Segundo Fren­te Frank País García.
Una ofrenda floral a nombre del pueblo de Cuba será depositada ante el monumento monolítico por alumnas de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, de Santiago de Cuba, se­leccionadas como estímulo a sus resultados in­tegrales, quienes a su vez asumirán la guardia de honor dedicada a Vilma.
El legado de la inolvidable santiaguera será evocado igualmente en la danza, el canto y la poesía, durante el homenaje que junto a dirigentes de la FMC encabezarán las máximas autoridades políticas y del gobierno en la provincia, así como jefes y oficiales de las Fuer­zas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior.
Activa luchadora clandestina, en junio de 1958 Vilma participa junto al Comandante Raúl Castro en las conversaciones con el cónsul americano, a raíz de la Operación An­tiaérea realizada en el Segundo Frente Orien­tal Frank País, y por su seguridad se mantuvo en este territorio rebelde hasta el triunfo revolucionario.

Ofrendas Florales de Fidel y Raúl acompañaron tributo al General Rolando Kindelan Bles

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Ofrendas florales del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz , y del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros General de Ejército Raúl Castro Ruz ,del pueblo de Cuba , del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias , y de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana , acompañaron las cenizas del general de Brigada de la Reserva Rolando Kindelan Bles , durante el tributo realizado en el panteón de los Veteranos de las Guerras de Independencia en la Necrópolis de Colon en la Habana .

Compañeros de lucha, y combatientes de la Revolución Cubana, rindieron guardia de honor al pie de las cenizas y de las condecoraciones recibidas por el destacado combatiente revolucionario fallecido el pasado 6 de junio en la capital. Posteriormente sus cenizas serán trasladadas al mausoleo del Frente Norte de las Villas, en el municipio de Yaguajay, donde reposaran.

El General de División José Antonio Carrillo , miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba , y Presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana , al destacar las cualidades del general Kindelan , destaco su condición de combatientes del Ejército Rebelde , en la columna No, 1 José Martí bajo el mando del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz , , como integrante de la columna No. 2 Antonio Maceo al mando del Comandante Camilo Cienfuegos , y como combatiente internacionalista en el Congo bajo el mando del Comandante Ernesto Che Guevara .

Rolando Kindelan Bles, fue fundador del Partido Comunista de Cuba, e integro su primer Comité Central en 1965.

El giro martiano ante Estados Unidos

Jose Marti

La América del Norte “va de más a me­nos”. Así escribía José Martí a finales de 1890 en obvia alusión a Estados Unidos
Autor: Pedro Pablo Rodríguez | internet@granma.cu
18 de mayo de 2016 21:05:00
Clasif:Martí, José-Muerte 19 de Mayo de 1895 Foto Archivo. Publicado en Granma EFEME 19/05/2000 Mart0058
Antes de morir el 19 de mayo de 1895, José Martí comprendió la necesidad de la independencia de Cuba y de frenar las intenciones de expansión de los Estados Unidos. Foto: Ilustración de archivo
La América del Norte “va de más a me­nos”. Así escribía José Martí a finales de 1890 en obvia alusión a Estados Unidos, al mismo tiempo que decía que nuestra Amé­rica iba “de menos a más”. Interesante esa comparación en un texto dedicado a buscar la clave del enigma de Latinoamérica, por lo que sometía a nuestros países a una aguda crítica de sus basamentos histórico-sociales. Se tra­ta, como muchos recordarán, de Nues­tra América, publicado el primero de enero de 1891.
No es casual que en este ensayo, al advertir que “el desdén del vecino formidable” —ya con claras intenciones expansionistas hacia el sur del continente—, era “el peligro mayor de nuestra América”, Martí indique además las razones que impulsaban tal peligro en aquel momento finisecular: se vivía en Estados Unidos —nos dice el Maestro— la “hora del desenfreno y la ambición”, a que pudiera ser lanzado ese vecino “por sus masas vengativas y sórdidas”, por “la tradición de conquista” y por “el interés de un caudillo hábil”. Y aunque no deja de notar cierta esperanza de que a tal hora no se llegue “por el predominio de lo más puro de su sangre”, es más que evidente su extrema preocupación porque, como dice líneas más adelante en ese mismo escrito, “el día de la visita está próximo”.
Los tres motores señalados por Martí de ese posible y cercano movimiento contra la soberanía de nuestra América evidencian la hondura sociológica y la sagacidad política del Maestro: reconoce que hay sectores de la población deseosos de la acción conquistadora, seguidores de una tradición forjada a lo largo del siglo XIX y promovida por James G. Blaine, el caudillo hábil del Partido Repu­bli­cano, entonces secretario de Estado y organizador de la Conferencia de Washington que había pretendido establecer la hegemonía estadounidense sobre el sur del continente.
En estos juicios son inseparables las perspectivas del político ya decidido a cortar, me­diante la independencia de Cuba y de Puerto Rico, ese camino dominador de Es­tados Uni­dos hacia el sur, de las miradas del polifacético analista que se había dedicado desde 1880 a escudriñar cuidadosa y metódicamente en la realidad del vecino norteño.
Sabemos que desde sus años juveniles en España, Martí rechazó a la sociedad norteamericana como modelo de la cubana —y de hecho de la latinoamericana toda— dada su naturaleza histórico-social diferente y sus marcadas corrupción y metalificación. Años después, su primer acercamiento público a Estados Unidos ajustó un leal reconocimiento al mayor ejercicio allí de las libertades —algo infrecuente por esa época en el mundo moderno— al señalamiento al mismo tiempo de la mercantilización que allí se imponía como un modo de vida, como una cultura, lo cual hacía dudosas esas libertades.
“Medida y número; estos son aquí los elementos de la grandeza”. Así escribía en 1880 para los lectores del semanario neoyorquino The Hour, a quienes advertía en el mismo texto que “El poder material, como el de Cartago, si crece rápidamente, rápidamente declina”, a la vez que les llamaba a moderar y dignificar “el amor a la riqueza con la benevolencia hacia los hombres, la pasión por cuanto es grande, y la devoción por todo lo que signifique sacrificio y gloria”.
El joven revolucionario cubano sigue en­tonces, con el debido tacto hacia su público estadounidense, los puntos de partida de la fuerte crítica en su cuaderno de apuntes de sus años estudiantiles en Madrid: el rechazo al mercantilismo desenfrenado desde una postura marcadamente ética.
Las Escenas norteamericanas, ese gran periodismo entre 1882 y 1892, muestran el arduo proceso cognoscitivo martiano acerca de Estados Unidos, y en ellas podemos apreciar cómo su apresamiento de aquella sociedad fue conformando un sólido análisis que sostendría sus opiniones en un hondo contenido sociológico e histórico. Tal proceso se expresó también en la propia maduración de su idea de la unidad de nuestra América para afrontar el peligro de la dominación estadounidense, como reitera, sobre todo, en más de uno de sus textos para el mensuario La América entre 1883 y 1884.
Momento especial en ese camino iría ocurriendo a partir de 1884, destacadamente des­de 1886, con motivo del auge por esos años de las luchas sociales en Estados Unidos. Varios aspectos de esos choques entre clases y diversos sectores de la sociedad atraerían su atención y darían pie a algunas precisiones y rectificaciones de sus juicios sobre aquel país.
Los más llamativos resultan las luchas obreras por mejoras salariales, la disminución de las jornadas de trabajo que solían sobrepasar las 12 horas diarias, y contra la violenta represión que sufrían sus protestas; las demandas de las mujeres por la ampliación de sus posibilidades de empleo y el derecho a ejercer el voto y a ser electas para cargos públicos; la violencia y la discriminación racial contra los negros; la discriminación y la deportación de inmigrantes de varias nacionalidades; y la política genocida contra los pueblos originarios.
La revisión detallada de las crónicas martianas evidencia que cada uno de estos asuntos se convierte por esos años en todo un tema de nuestro autor, quien no deja a veces de ofrecer las conexiones entre ellos. Así, por ejemplo, cuando nos habla de Lucy Parsons, la viuda de uno de los anarquistas ejecutados por los sucesos de Chicago, nos entrega a una mujer que no se limita a su condición femenina y que es una luchadora contra el capitalismo, además de una mestiza seguramente a menudo discriminada por ello, como Martí nos deja entrever. O nos entrega un discurso acerca de la mujer obrera, inmigrante en muchos casos, sometida a la triple marginación por mujer, por asalariada y por inmigrante. O condena el empleo de la despiadada violencia que conduce a numerosas muertes contra obreros, negros, indígenas o inmigrantes chinos.
Todos estos casos, y muchos más, ensombrecieron el panorama de rápido crecimiento poblacional, de veloz empuje de la industria, de enriquecimiento acelerado de la burguesía y de aparición de los primeros monopolios productivos asociados al capital bancario. La lucha contra la voluntad hegemónica de ese sector que surgía apresuradamente fue larga, y en ella se enrolaron los granjeros y hasta sectores del capital de libre concurrencia, y se prolongó hasta entrado el siglo XX, cuando aún se aprobaron leyes antitrusts. En los tiempos de Martí, aparecieron nuevas agrupaciones políticas que desafiaron a las camarillas de los dos partidos tradicionales y que parecían poner en peligro el bipartidismo.
La voluntad martiana de acercarse e interpretar las necesidades de los sectores más reprimidos le llevó a concederle más espacio al tema posiblemente más abarcador y de similar presencia significativa en las otras sociedades industriales europeas: las luchas obreras, el enfrentamiento entre el capital y el trabajo, el conflicto de clases que por entonces era llamado el problema social. La huelgas de los trabajadores mineros, ferrocarrileros y de la industria alimentaria caracterizaron esa polarización social en los Estados Unidos de los años 80, zonas todas de avanzada en la embestida formadora del capital monopolístico.
Es claro que la sensibilidad martiana no podía quedar impávida ante las balaceras, golpizas y prisiones a los huelguistas, aunque más de una vez objetase el uso de la violencia por parte de los obreros. Era frecuente, desde sus primeras Escenas norteamericanas, que Martí atribuyese a los obreros venidos de Europa la responsabilidad por los actos violentos cometidos durante esa pelea social, y que su juicio negativo se dirigiera particularmente contra los anarquistas, presentados habitualmente como comisores de acciones terroristas y de atentados contra las autoridades de los estados.
Sin embargo, el largo proceso contra los llamados anarquistas de Chicago, tema de cerca de una veintena de sus crónicas entre 1884 y 1886, permitió un cambio de perspectiva en Martí. Inicialmente, el cubano se hizo eco de la culpabilidad de los detenidos como autores de la bomba que dio muerte a varios policías; lo cual cambiaría al conocer que aquella fue una provocación bien planeada y ejecutada para mover la ira popular contra aquellos y propinarle un golpe demoledor a las combativas organizaciones obreras y a sus dirigentes.
Al analizar el problema social recuerda có­mo mientras el inmigrante hallaba tierra an­cha y vida republicana, y se podía ganar el pan y se preparaba para la vejez, las teorías revolucionarias del obrero europeo no hallaban espacio en Estados Unidos. Pero, añade, “de una apacible aldea pasmosa se convirtió la república en una monarquía disimulada”. Y eso condujo a que los inmigrantes europeos encontraran en Estados Unidos los males que creían haber dejado atrás y a que los trabajadores quisieran ver la libertad en lo social tanto como en lo político. Y entonces sufren la represión del dueño, del juez, del policía. Por eso ponen esperanzas en el anarquismo. Y continúa Martí: “No comprenden [los obreros] que ellos [dueño, juez y policía] son mera rueda del engranaje social, y hay que cambiar, para que ellas cambien, todo el engranaje”. Luego, el asunto era más complejo: no se trataba de afrontar una parte sino el todo, la sociedad en su conjunto. Así, su crítica va más a fondo para plantearse, nada más y nada menos, que la necesidad de un cambio social.
El tono dramático y la crudeza de la descripción de la muerte de los anarquistas ahorcados en su última crónica al respecto, titulada Un drama terrible, en la versión para el diario La Nación, de Buenos Aires, contribuyen decisivamente a que esa extensa crónica deje una impresión favorable hacia aquellos y evidencie el crimen cometido con ellos. En dos palabras: desde entonces quedó claro que Martí puso de manifiesto la lucha de clases al interior de la sociedad estadounidense y que ello contribuyó decisivamente a radicalizar su crítica para situarla en un franco rechazo a la polarización social, como parte esencial de los cambios hacia una república imperial, cada vez menos democrática y francamente expansionista en el plano territorial y hegemonista sobre nuestra América.
*Investigador del Centro de Estudios Mar­tianos. Miembro de Número de la Aca­demia de Historia de Cuba.

De la prisión a los brazos del pueblo

 Por: Adelaida Bécquer Céspedes

Aquella pequeña y hermosa isla al sur de Cuba parecía destinada a sepultar los ideales de los revolucionarios cubanos de todos los tiempos. En 1844 decenas de acusados de participar en la conspiración de La Escalera fueron desterrados allí; en 1871 José Martí sería enviado también a la Isla de Pinos, donde la familia de José María Sardá lo acogería como a un hijo en su casa colonial en la finca El Abra.

Sobre el Presidio Político en Cuba Martí escribiría horrorizado: «Dolor infinito debía ser el único nombre de estas páginas. Dolor infinito porque el dolor del presidio es el más rudo, el más devastador de los dolores, el que mata la inteligencia y seca el alma, y deja en ella huellas que no se borrará jamás».

Durante la tiranía machadista, al secretario de Gobernación Rogerio Zayas Bazán se le ocurrió la brillante idea de construir un presidio «modelo» «en esta Isla por su excelente posición geográfica», cerca de Cuba, pero no lo suficiente para que los presos se evadieran fácilmente. Se construyó a semejanza de la prisión Jullet, en Illinois, EE.UU., con capacidad para albergar a 6 000 presos al refundirse 24 cárceles que había en las seis provincias que integraban entonces la República de Cuba. Pablo de la Torriente Brau, quien fuera uno de los primeros 24 presos políticos de la Generación del 30 encarcelado en este lugar, narró los horrores que los reclusos sufrían allí.

En octubre de 1953 Fidel Castro también sería confinado en este presidio, pero lejos de sentirse derrotado por este destino, con su peculiar optimismo convertiría la prisión en un sitio para meditar, reflexionar y forjar planes, a la vez que preparaba a los compañeros que le seguirían en la consecución de sus sueños de conquistar la justicia social para todos; por ello escribió:

«¡Qué escuela tan formidable es esta prisión. Desde aquí terminó de forjar mi visión del mundo y completó el sentido de mi vida. No sé si será larga o si será breve, si será fructífera o si será baldía. Pero sí siento reafirmarse más mi convicción de sacrificio y de lucha».

Momentos excepcionales

En el Presidio Modelo de Isla de Pinos se viven momentos excepcionales, polarizando la atención emocionada del pueblo. En cualquier instante a partir de las 12 de la noche del viernes 13 de mayo de 1955, puede producirse la excarcelación de los presos políticos, solo pendiente del escrupuloso papeleo judicial. Por vía aérea y marítima van arribando a Nueva Gerona nutridos grupos de familiares, abogados y amigos de los prisioneros.

El jueves 12 están totalmente colmados los escasos hoteles de Nueva Gerona. Muchas familias abren generosamente sus hogares para hospedar a las mujeres y a los niños. Poco antes de las 11 de la noche, por la angosta carretera que conduce hasta el penal se halla en camino una anhelosa caravana.

Lidia Castro, Julia Núñez de Alcalde y muchas esposas, madres, hijos, hermanas y amigos se pegan a la cerca divisoria con los ojos fijos en la escalinata de la jefatura. El jefe del Presidio, comandante Juan M. Capote, nada puede decirles, pues no ha recibido la orden de libertad, los exhorta a retirarse a dormir con la seguridad de que ni en ese ni al siguiente día saldrán los presos políticos.

Esta noticia sacude a los que esperan y les invade el desasosiego. Zenaida Oropesa, una de las más activas en la campaña pro amnistía de los presos políticos, interpreta el sentimiento general. ¡Pues dormiremos aquí los días que sean necesarios!, afirma enfáticamente.

El sábado 14 arriban nuevos viajeros. Las autoridades mantienen su hermetismo y entre los que esperan corre la versión de que los sancionados han sido trasladados en aviones del Ejército a la fortaleza de la Cabaña, en previsión de que se produzcan incidentes y manifestaciones públicas.

Un reportero se comunica con Agustín Delaville, secretario del Tribunal de Urgencia de La Habana, para conocer el estado en que se encuentra la tramitación de la amnistía. Este le responde: «Ya te dije que hasta el lunes por la mañana no cursaré los telegramas para que pongan en libertad a los presos. Es posible que los del Moncada salgan mañana domingo, pues tengo noticias de que en Santiago no han existido dificultades ni advertencias de recursos».

Aquello que en sus inicios parecía un festival de alegrías y esperanza deriva hacia una situación de angustia. Mujeres, hombres y niños permanecen estoicamente frente a las rejas del reclusorio, observan ansiosamente el edificio de la Administración. Cuando los agota la vigilia, se acuestan sobre los muros que bordean las dos garitas destinadas a la requisa.

Ni el sol quemante del mediodía ni los aguaceros que se desplomaron sobre la Isla de Pinos, donde hacía ocho meses que no llovía, ni la fría humedad de la madrugada los hacen abandonar la espera. Después de más de 72 horas de vigilancia, el comandante Capote informa que a las 11:30 de la mañana serán liberados los asaltantes del Moncada. Ya había recibido las órdenes de libertad.

La emoción, por la vía natural del llanto, quiebra los pechos de los que ansiosamente esperan.

Se informa que la salida será por grupos. Asoma el primero integrado por Eduardo Rodríguez Alemán, José Suárez Blanco, Jesús Montané Oropesa, Ernesto Tizol, Oscar Alcalde, Fidel Labrador, Gustavo Arcos Bergnes, Abelardo Arias, Pedro Miret y Ciro Redondo. Por un momento quedan de pie en el soportal aspirando, ya libres, el aire que los despeina, les agita las corbatas y les pliega el pantalón. Buscan ansiosamente los rostros amados, las manos que agitan pañuelos, tratan de identificar las voces que gritan sus nombres. Los que aguardan anhelantes se atienen disciplinadamente a las instrucciones dadas por los custodios del presidio y nadie intenta adelantarse más allá del cerco de los guardias.

De pronto, un niño de cerca de seis años quiebra por su propia iniciativa la rigurosa consigna militar. Se suelta de la mano de su madre y se lanza a correr con los brazos abiertos. Los centinelas pasan por alto la infracción. «¡Papi, papi, qué bueno!». Es el hijo de Jesús Montané Oropesa. Es la primera escena de la sucesión de otras similares. Cuando le toca el turno a Fidel Castro, a quien sigue a unos pocos pasos detrás su hermano Raúl, sus hermanas se abrazan a ellos llorando de alegría. Un poco más lejos, junto a su compañera del Moncada, Melba Hernández, está Haydée Santamaría. Durante los días anteriores de vigilia había permanecido serena exhibiendo una singular firmeza. Poco a poco se acerca a Fidel. Cuando Fidel la ve, solo dice «¡Haydée!» y la estrecha contra su corazón. Sin pronunciar una sola palabra reclina la cabeza en Fidel y rompe a llorar, como si al fin tanto dolor acumulado hubiera encontrado una válvula de escape. Todos conocen su tragedia. Ni su hermano Abel ni su novio Boris Luis figuran entre los libertados; habían sido vilmente torturados y asesinados el 26 de julio en el cuartel Moncada. Otra nota dolorosa la aporta la esposa de Ernesto Tizol, Emma Martínez Ararás; la amnistía le devuelve a su esposo, pero no a su hermano Mario, que dirigió el ataque al cuartel de Bayamo y también fue asesinado.

Al llegar a Nueva Gerona la población entera está en las calles y acompaña a Fidel Castro y sus compañeros. Poco después de las ocho de la noche el vapor pinero enfila por el río Las Casas, rumbo a Batabanó. Nadie en el buque intenta ni puede dormir aquella noche; por la madrugada arriban a esta población e inmediatamente toman el tren que los conduciría a la capital.

Por diversos canales se conoce que los combatientes del Moncada llegarán a las 07:45 de la mañana del lunes 16 a la La Habana. Desde muy temprano comienzan a afluir a la terminal de ferrocarril ciudadanos ansiosos de darles la bienvenida. Se encuentran allí los miembros del Consejo Director de la Ortodoxia encabezados por Raúl Chibás, el pleno de la FEU. Pero la nota más sobresaliente es la concentración espontánea del pueblo. Una enorme y alegre muchedumbre invade los andenes, salones de espera y cuanto espacio circunda la Estación Central. La entrada de la madre de Abel Santamaría provoca en la multitud una reacción de respetuoso silencio. Se acallan las conversaciones y todos la siguen con la vista cuando pasa al andén. Venía a recibir a los compañeros de su hijo y a disminuir su íntima congoja con la alegría de otras madres más afortunadas.

A las 07:45, por una de las vías de la sección izquierda, entra el tren de Batabanó. Todavía está en marcha cuando es prácticamente asaltado por el pueblo. A Fidel lo pasean en hombros; un grupo de madres que perdieron sus hijos en el Moncada despliegan una bandera cubana y rompen a cantar el Himno Nacional; la multitud las acompañaba vibrando de emoción. No se produjo el más leve incidente. Fidel está sudoroso, a la guayabera le faltan algunos botones, tiene manchas de creyón de labios, los zapatos desatados… Una hermana le seca el sudor de la frente con un pañuelo, Enma le alcanza un vaso de agua. Una anciana se le acerca y exclama ¡Fidel, yo no sé dónde enterraron a mi hijo! Quiero encontrar aunque sean sus huesos. ¡Ayúdame Fidel, y lo abraza apretadamente. «¡Los buscaremos viejita —la consoló—, los buscaremos juntos», respondió el joven líder.

*Vicepresidenta de la Unión de Historiadores de Cuba en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias

 Fuentes:

Martí, José. El Presidio Político en Cuba. Madrid, 1871. Imprenta de Ramón Ramírez.

De la Torriente Brau, Pablo. Presidio Modelo. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2000.

Mencia, Mario: Tiempos precursores. Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 1986.

Mencia, Mario. La Prisión fecunda. Editora política, 1980.

 

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La última vez que se asesinó un periodista en Cuba hace 58 años

Carlos BastidasCarlos Bastidas y Fideltarja Carlos Bastida

periodista ecuatoriano Carlos Bastida Arguello, asesinado en La Habana en 1958
Cuando las balas asesinas que salían de la pistola del cabo de la policía batistiana Orlando Marrero Suárez, más conocido por Gallo Ronco, cegaron la vida del periodista ecuatoriano Carlos Bastida Argüello en el bar habanero Cachet, enclavado en la calle Prado entre Neptuno y Virtudes, se estaba asesinando al último periodista en Cuba. Era el 13 de mayo de 1958.

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#‎Cuba‬ Esbirros que enlutaron al pueblo de Cuba

Salas Cañizares .

Las fotos que se muestran son algunos de los esbirros de la dictadura proimperialista de Fulgencio Batista responsables de la muerte de 20 000 cubanos . En la madrugada del primero de enero de 1959 escaparon tras conocer la huida del dictador Batista . Entre los que se destacan se encuentran Rolando Masferrer , Jefe de los temibles Tigres de Masferrer , quienese torturaron y asesinaron . El coronel Orlando Piedra Jefe del Buro de Investigaciones de la Policia Nacional , el coronel Conrado Carratala , el coronel Lugardo Martin Perez , jefe de la Radiomotorizada de la Policia Nacional .‪#‎LaHabana‬ Continue reading