Un Partido original y sin copias

Los congresos del Partido han constituido expresión del sentido unitario de la nación cubana. Foto: Escambray

Podía ser el periodista y presentador de la CNN, Bernard Shaw, el clásico perro sabueso en las lides informativas; podía ser el académico y político español Federico Mayor Zaragoza, por más de una década director general de la Unesco; podía ser el empresario y dirigente panamericano y olímpico mexicano Mario Vázquez Raña. No importan sus filiaciones ideológicas —si más a la derecha, si más a la izquierda—, todos ellos y otros colegas extranjeros solían derivar sus entrevistas con el líder histórico de la Revolución Fidel Castro hacia un punto: la no existencia de pluripartidismo político en Cuba.

Si alguien soñó o simplemente especuló acerca de una posible apertura en tal sentido en el país en cierto momento —esperanza quizás alimentada por la desaparición física de Fidel—, ahora se daría de bruces contra el artículo 5 del proyecto de Constitución, el cual sostiene que el Partido Comunista de Cuba (PCC), fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado, es único, calificativo añadido al texto de la Carta Magna vigente.

“(…) no es el multipartidismo lo que a nuestro país conviene, porque nosotros no podemos fragmentar a nuestro pueblo, tenemos que mantenerlo unido, y no podemos dividirlo en mil pedazos. (…) Si nosotros nos hubiésemos fragmentado, si nuestro pueblo se hubiese fragmentado, no habría podido resistir el golpe terrible que significó el bloqueo de Estados Unidos durante 35 años, ni habría podido soportar la desaparición del campo socialista y de la URSS. (…) Y ha estado de acuerdo con nuestra tradición, porque cuando se organizó la lucha por la independencia, José Martí organizó un partido”, le argumentó Fidel a Bernard Shaw, en una entrevista en 1995 en Nueva York, Estados Unidos.

Hacía 107 años que en esa misma ciudad, específicamente en Masonic Temple, el Maestro había reflexionado: “Nosotros unimos lo que otros dividen”. “Siente fuerzas de Júpiter el puño al recordar tantas hazañas”, también razonó el propio día cuando blandía su palabra al conmemorarse dos décadas del arrebato independentista del 10 de Octubre de 1868.

En esa época newyorkina del organizador de la Guerra Necesaria, “los factores disgregadores eran más poderosos que los aglutinadores. De una forma u otra, hacían su labor corrosiva el enfrentamiento entre veteranos de la guerra y de la emigración, el racismo, el autoritarismo, la pasividad de los derrotistas y la labor desmovilizadora de anexionistas y autonomistas”, describió Ibrahim Hidalgo Paz, conocedor a fondo del ideario martiano, incluido el proceso fundacional del Partido Revolucionario Cubano (PRC), la “creación ejemplar” del Maestro, en palabras de Juan Marinello.

“Nació uno, de todas partes a la vez. (…) Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere. El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano”, acentuaría su fundador en el periódico Patria.

El partido de Martí —el primero creado en el mundo para dirigir una revolución— brotó de la unidad de espíritu; que rebasa la idea preconizada por El Libertador Simón Bolívar, quien aspiraba a formar la mayor nación del mundo en América, indica Eduardo González Rodríguez, profesor de la Escuela Provincial del Partido Felipe Torres Trujillo, de Sancti Spíritus. “La unidad se construye, y para nosotros, el PCC es el encargado de hacerlo”, añade.

Como el PRC, nuestro Partido se vertebra a partir de la “unidad de pensamiento”, en línea con la concepción del Apóstol. Unidad de pensamiento no traducida en “servidumbre de la opinión”. Unidad, no simulada unanimidad. “Lo que se ha de preguntar no es si piensan como nosotros (…) sino si sirven a la patria”, aclararía Martí.

Precisamente, el General de Ejército Raúl Castro, en su condición de primer secretario del Comité Central del PCC, leal al ideario de Fidel, siempre ha defendido el criterio de no ver la discrepancia como un problema; sino como “fuente de las mejores soluciones”. “La unanimidad absoluta generalmente es ficticia y por tanto dañina”, subrayó en el 2010.

Casi dos años más tarde, en la Primera Conferencia Nacional del PCC, el dirigente político enfatizó: “Sin el menor menosprecio a ningún otro país por tener sistemas pluripartidistas, y en estricto apego al principio del respeto a la libre determinación y la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, (…) defendemos el sistema del partido único frente al juego de la demagogia y la mercantilización de la política”.

¿Por qué la disolución del PRC constituyó una de las primeras medidas en vigor durante la intervención militar de Estados Unidos en 1898; intromisión que secuestró la victoria del Ejército Libertador ante la metrópoli española? ¿Qué sucedió desde que Cuba se abrió de par en par al pluripartidismo, inicialmente en la ocupación militar norteamericana y, luego, durante la pseudorrepública?

Para las elecciones municipales, celebradas en 1900, las autoridades de ocupación dictaron las reglas de juego, incluidos los requisitos para el derecho al sufragio. El entonces gobernador militar Leonard Wood puso las cartas sobre la mesa: “Todo aquel que al llegar a los 21 años no ha tenido la laboriosidad suficiente para reunir 250 pesos (en USD), o no ha ido a defender su patria estando en guerra, es un elemento social que no se merece se cuente con él para los fines colectivos; ¡que no vote!”.

La historiografía de las elecciones señala, también, que Miguel Mariano Gómez llegó a la presidencia en 1936 solo con el 20 por ciento del voto de los electores inscriptos, muchos de los cuales se abstenían a sabiendas de los fraudes en boga. Entre los casos antológicos reseñados por el periódico El Mundo está el de aquella aspirante a la Cámara de Representantes por la zona oriental en los comicios de 1954, quien ejerció el sufragio en Niquero, junto a toda su familia. Y el colegio electoral no le reportó ni un solo voto.

“Ha sido igual que en 1954. En aquella ocasión me retiré de la lucha por estimar que no había garantías suficientes, pero ahora no lo hice porque había otros candidatos y la retirada habría sido inútil. Todo ha sido una farsa”, declararía, por su parte, al Diario de la Marina, Ramón Grau San Martín, peje de largo kilometraje en las lides electoreras y aspirante a la silla presidencial por uno de los siete partidos en pugna en los comicios de noviembre de 1958.

Con ese teatro eleccionario, Fulgencio Batista pretendía maquillar su dictadura, cuando se tornaba inminente la victoria del Ejército Rebelde, liderado por Fidel, quien dictó una orden militar desde la Sierra Maestra para boicotear la jugada electoral, fraguada “totalmente de espaldas al interés del pueblo”, denunció el líder.

Paralelo de por medio con esa realidad, Fidel significó el protagonismo del pueblo cubano hoy en el proceso electoral, en una entrevista concedida a Mario Vázquez Raña en 1995. “En nuestro país, tal es el multipartidismo, pudiéramos decir, que cualquier ciudadano puede proponer cualquier candidato en una asamblea de vecinos que es la que decide; eso no existe en ningún otro lugar. Es decir, que nuestro Partido no postula a los candidatos, vela por que el proceso electoral se cumpla”.

Esa misma organización política es la que conduce la presente consulta popular del proyecto constitucional, posibilidad de valor excepcional, a juicio de Leonel Martín Linares, profesor de la Escuela Provincial del PCC, quien niega que el artículo 5 de la futura Carta Magna refrenda la omnipotencia del Partido —criterio en boca de los detractores de la Revolución—, al considerarlo como la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado.

Al decir de Martín Linares, el PCC representa y garantiza la unidad de pueblo.“Para Fidel, el pueblo adquirió relevancia en su estrategia de lucha, y después del triunfo, en la consolidación de la Revolución. Él insistía en que la fuerza del Partido radicaba en su estrecho vínculo con las masas, con el pueblo. Porque nuestro Partido no defiende los intereses de una clase determinada, sino de la mayoría de los cubanos”, agregó.

Y con acierto, el profesor habla de mayoría. Quizás, por ello, Federico Mayor le preguntó a Fidel en el 2000: “Desde hace algunos años, estamos en presencia en la isla del nacimiento de un embrión de oposición: grupos de disidentes que empiezan a organizarse. En esas condiciones, ¿acaso no sería hora de que el régimen se abra al pluralismo político?”.

Y el sobreviviente a más de 600 planes de atentados le respondió, no sin antes acariciarse la barba de la Sierra: “La verdadera oposición surgió cuando se produjo la más profunda Revolución social de este continente en medio de la guerra fría y a 90 millas de Estados Unidos, quien la ha organizado y dirigido durante más de 40 años.

“Sufrimos guerras sucias, invasiones mercenarias (…). El jefe de esa colosal actividad contrarrevolucionaria y de lo que vino después, la guerra económica, política e ideológica, fue y sigue siendo hasta hoy el gobierno de Estados Unidos. Lo demás es pura ficción artificialmente creada y siempre bien financiada por la superpotencia, sus aliados y lacayos. No habrá apertura alguna en ese sentido. No vemos por qué cooperar con la estrategia de Estados Unidos”.

Y el líder cubano no vio el motivo, debido a la obsesión de las administraciones norteamericanas, discípulas aventajadas del Senado de la antigua Roma, en cuyas sesiones, en los tiempos de las guerras púnicas, el político y escritor Catón el Viejo solía asegurar al término de sus discursos: “Cartago será destruida”.

(Tomado de Periódico Escambray)

En el corazón de Fidel y los Moncadistas, las doctrinas de Martí

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Santiago de Cuba,  8 jul (ACN) Para evocar a José Martí, a Fidel Castro y a los participantes en la gesta heroica del Moncada, el 26 de Julio, la frase “Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro” es la que mejor sintetiza el sentir patriótico y el afán de defender las causas más sublimes.

Pronunciada por el joven y valiente abogado, en el juicio por los sucesos  de 1953, que  clasifica entre los acontecimientos más relevantes en la historia del continente, en la segunda mitad del siglo XX, ese mensaje es fiel reflejo de la estirpe de esos dignos hombres y mujeres y de la devoción martiana.

La frase es muy conocida, pertenece al patrimonio latinoamericano, está incluida en La Historia me absolverá,  uno de los documentos más leídos por el pueblo de la Isla por el valor humano, testimonial y de denuncia, impactante por sus argumentos y las acusaciones que entrañaba.

Fidel hizo enmudecer a los adversarios en el juicio, ocurrido el 16 de octubre de 1953, al expresar: “De igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. O será porque yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de Julio?.

Y ampliaba: ¡“No importa en absoluto! Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos”.

El audaz joven respaldaba su autodefensa en la acción y en el pensamiento de otro cubano de singular postura y sueños libertarios, nacido un siglo antes,  y a cuyos ideales eran fieles continuadores los de la Generación del Centenario, quienes estuvieron dispuestos a morir para que él siguiera viviendo en el alma de la Patria.

Una respuesta enérgica y valiente al testamento político de José Martí  resultó el asalto al cuartel Moncada, que no se circunscribía a un cambio de un tirano por un presidente al frente de la República, con un consejo de ministros, un congreso y un ejército a la usanza de la democracia representativa de la época.

Encarnó el ideario martiano el aliento político e ideológico que impulsó la lucha de liberación nacional, con un basamento auténtico y propuestas concretas para propiciar transformaciones radicales en la nación.

Otro supremo interés respondía a que el pueblo pudiera acceder a las diversas esferas del saber, la cultura, la salud; tener un trabajo decoroso y elevar su nivel y calidad de vida.

Combatientes de esa gesta como los hermanos Haydée y Abel Santamaría habían expresado abiertamente su profunda vocación martiana, una convicción que los hizo asaltar la fortaleza militar para que Martí no muriera en el año de su centenario, para tratar de emprender después el cumplimiento del programa del Moncada.

La significación histórica de la  epopeya  se expresa en La Historia me absolverá, que define las características y magnitud del Programa de la Revolución desde que Fidel le adjudicara al Apóstol la autoría intelectual del asalto hasta la reflexión sobre la situación de la Isla en la seudorrepública.

Su trascendencia también está en que fue el motor pequeño que impulsó y dio alas al motor grande de la Revolución para despertar el archipiélago dormido desde hacía tiempo; y hacer saber la existencia de una vanguardia y un líder, que esgrimían la táctica de la lucha armada para combatir los males de Cuba.

Fidel y sus compañeros de armas en la denuncia de la paupérrima situación económica, de pobreza extrema, insalubridad, de injusticia social y analfabetismo que resumían el panorama nacional, fueron fieles discípulos de las enseñanzas martianas de que: “Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército”.

Miguel Díaz-Canel recibe a Nicolás Maduro en el Palacio de la Revolución de la Habana ( Fotos)

El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez, recibió  en el Palacio de la Revolución a su homólogo venezolano, Nicolás Maduro Moros, en el primer acto oficial del jefe de Estado cubano tras su toma de posesión el 19 de abril.

En la ceremonia, los mandatarios entonaron los himnos de Cuba y Venezuela, pasaron revista a la Guardia de Honor e intercambiaron saludos con los miembros de ambas delegaciones. Seguidamente, sostuvieron conversaciones oficiales.

“Venimos a renovar la esperanza, a renovar los sueños y apuntar hacia el futuro, sobre todo, a visualizar 10 años adelante”, dijo el presidente de la República Bolivariana de Venezuela a la prensa, minutos antes del encuentro, tras rendir honores al Héroe Nacional José Martí, como primera actividad de su visita oficial.

Maduro aseguró que está en Cuba para concertar entre naciones hermanas “qué más se puede hacer, qué más es necesario hacer por nuestros pueblos, por América Latina y el Caribe, para echar bases profundas e indestructibles de la unión política, espiritual, moral y sobre todo económica, que es la que va a cimentar la unión verdadera”.

“La independencia y la liberación del siglo XXI va a descansar sobre la posibilidad que nosotros construyamos una unión poderosa en lo económico. Y a eso vamos a apuntar con el compañero presidente Miguel Díaz-Canel y con el compañero Raúl, que sigue al frente en la vanguardia, dirigiendo la batalla, y con Cuba”, recalcó Nicolás Maduro, quien vestía un elegante liquiliqui azul oscuro, traje tradicional venezolano.

Este sábado, Nicolás Maduro depositó una ofrenda floral ante el monumento al Apóstol, ubicado en la histórica Plaza de la Revolución, junto a Cilia Flores, primera combatiente de la nación bolivariana. Y ascendió al mirador del Memorial, el punto más alto de La Habana, desde donde pudo divisar la “inmensidad” de la ciudad que hoy lo acoge.

En el recibimiento oficial, al presidente venezolano lo acompañaron además  Elías Jaua, ministro de Educación, y el canciller Jorge Arreaza. Por la parte cubana estuvieron presentes Bruno Rodríguez Parilla y Rogelio Sierra Díaz, ministro y viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, respectivamente. Así como Rogelio Polanco Fuentes y Alí Rodríguez Araque, embajadores en ambas naciones.

Maduro, quien llegó a La Habana en la noche del viernes, ha viajado a la Isla en visita oficial para felicitar a Díaz-Canel por su elección —primer saludo personal de un mandatario que recibe el Presidente cubano—, “darle un gran abrazo al hermano mayor” Raúl Castro y ratificar la alianza entre Cuba y Venezuela.

Cuba y Vietnam: una hermandad que se afianza (+ Fotos)

Nguyen Phu Trong depositó una hermosa ofrenda floral dedicada al líder la Revolución Cubana. Foto:
Nguyen Phu Trong depositó una hermosa ofrenda floral dedicada al líder la Revolución Cubana. Foto: Estudios Revolución

Santiago de Cuba.–Caía la tarde en esta ciudad cuando el Secretario General del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong, llegó al cementerio de Santa Ifigenia, acompañado por el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, para rendir tributo a Martí, Fidel, Céspedes y Mariana, justo en la última jornada de su visita de Estado a la Isla.

Como sucede siempre en ese sagrado altar de la Patria, las emociones afloraron cuando, luego de los himnos de ambas naciones y el estremecedor toque de silencio, se efectuó el cambio de la guardia de honor que, como exacto mecanismo de reloj, ocurre cada media hora del día en este histórico sitio.

Luego los dos dirigentes partidistas y las respectivas delegaciones comenzaron su homenaje personal con flores blancas para el Apóstol cubano en el mausoleo que resguarda los restos de quien describiera a la tierra de los anamitas, en su libro La Edad de Oro, como un pueblo pequeño y lejano, pero valiente, guerrero, laborioso y generoso.

El tributo siguió después ante la piedra que atesora las cenizas del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Allí Nguyen Phu Trong depositó una hermosa ofrenda floral dedicada al líder la Revolución Cubana y único jefe de Estado que visitara en medio de la guerra las zonas recién liberadas del sur de Vietnam, en el ya lejano septiembre de 1973.

Unos segundos en silencio dedicó el líder vietnamita a quien fuera el impulsor de la excelente amistad que ha unido siempre a las dos naciones, las cuales aun separadas por miles de kilómetros comparten una historia común desde que Fidel sellara el compromiso con aquellas sentidas palabras de que por Vietnam estaríamos dispuestos a dar nuestra propia sangre.

Desde allí caminaron luego hasta los monumentos erigidos a la memoria del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, y de la Madre de la Patria, Mariana Grajales.

El tributo del dirigente partidista a la gloriosa historia de Cuba había empezado en esta ciudad por el Museo 26 de Julio, ubicado en el otrora cuartel Moncada. Junto a Raúl, uno de los principales artífices de la historia que allí se conserva, Nguyen Phu Trong conoció sobre la hazaña de aquellos muchachos que 65 años atrás asaltaron la fortaleza militar para construir luego una Revolución.

De primera mano y entre anécdotas narradas por el General de Ejército, supo de las atrocidades cometidas por la tiranía batistiana contra los asaltantes, de la prisión en Isla de Pinos, del exilio en México, de la tormentosa travesía en el yate Granma, de la lucha clandestina, de la Sierra Maestra y del triunfo definitivo.

Al finalizar la jornada y ya cerca de las diez de la noche, el Presidente cubano acudió al aeropuerto internacional Antonio Maceo para despedir desde la escalerilla del avión al compañero Nguyen Phu Trong.

Con un estrechón de manos y un fuerte abrazo concluyó el histórico intercambio que marca un nuevo hito en las relaciones entre Cuba y Vietnam, establecidas en 1960 y afianzadas con esta entrañable visita.

También llegaron hasta el monumento erigido a la memoria del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes. Foto: Estudios Revolución
El homenaje en Santa Ifigenia comenzó con flores blancas para el Apóstol cubano en el mausoleo que resguarda sus restos. Foto: Estudios Revolución
El distinguido visitante colocó flores ante la tumba de la Madre de la Patria, Mariana Grajales. Foto: Estudios Revolución
De primera mano y entre anécdotas narradas por el General de Ejército, el dirigente vietnamita supo de las atrocidades cometidas por la tiranía batistiana contra los asaltantes. Foto: Estudios Revolución
Raúl y Nguyen Phu Trong compartieron con estudiantes vietnamitas y santiagueros al llegar al aeropuerto internacional Antonio Maceo. Foto: Estudios Revolución

Secretario General del Partido Comunista de Viet Nam rendira homenaje a Marti y Fidel

 

El secretario general del Partido Comunista de Vietnam, Nguyen Phu Trong, arribará  este viernes  a Santiago de Cuba, donde rendirá homenaje al Héroe Nacional José Martí y al Máximo Líder de la Revolución, Fidel Castro, en el cementerio patrimonial “Santa Ifigenia” donde reposan sus restos.

Durante su estancia en la Heroica Ciudad, Nguyen Phu Trong, visitará el antiguo cuartel Moncada, donde conocerá detalles de la acción armada de los jóvenes de la Generación del Centenario dirigidos por Fidel el 26 de julio de 1953.

Tras su estancia en Santiago de Cuba , el secretario general del Partido Comunista de Vietnam concluirá aquí la visita oficial iniciada este miércoles.

Las pretensiones de Estados Unidos hacia Cuba

Por: Abel González Santamaría

Cubadebate

Este año conmemoraremos el 150 aniversario del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, en un contexto en que Estados Unidos aumenta la hostilidad hacia la Revolución Cubana y retoma la Doctrina Monroe para justificar su proyección injerencista de “América para los americanos”. La estrategia de “espera paciente”, la concepción geopolítica del “destino manifiesto” y la “política de la fruta madura” se fue transmitiendo de generación en generación entre los grupos de poder que dominaron los diferentes Gobiernos estadounidenses desde los primeros años del siglo XIX.

Durante las tres guerras independentistas ningún presidente norteamericano reconoció la beligerancia e independencia de los patriotas cubanos. Para descifrar las pretensiones geopolíticas de Estados Unidos hacia Cuba desde entonces, resulta imprescindible analizar los testimonios de los Mayores Generales del Ejército Libertador Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.

El primer Presidente de la República de Cuba en Armas y Padre de la Patria, en una carta dirigida en 1870 a José Manuel Mestre, representante en Washington del Gobierno en Armas, escribió:

“Por lo que respecta a Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España. Siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política (…)”.

Desde 1880 vivió desterrado Martí en Estados Unidos, y durante casi 15 años pudo constatar directamente las transformaciones del país y su tránsito de la etapa capitalista a la imperialista. Con la asunción de Benjamín Harrison (1889-1893) a la Casa Blanca y el nombramiento como secretario de Estado al anexionista James G. Blaine, el gobierno estadounidense retomó la idea de comprar a Cuba.

En ese contexto y con motivo de la celebración de la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos, Martí lo alertó, el 29 de octubre de 1889, en carta a Gonzalo de Quesada: “(…) Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? ¿Ni por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera, –no del pueblo que es, propio y capaz–, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Bases más seguras quiero, para mi pueblo. Ese plan en sus resultados, sería un modo directo de anexión”.

Martí era consciente de la necesidad de lograr la unidad para enfrentar a dos enemigos sumamente poderosos: España y Estados Unidos. Con ese objetivo proclamó en Cayo Hueso, el 10 de abril de 1892, el nacimiento del Partido Revolucionario Cubano, del que fue electo Delegado. Agrupó en una misma organización política a los emigrados, a la vieja generación que inició la lucha por la independencia y a las nuevas generaciones.

A finales de 1894 había conseguido el armamento necesario para reiniciar la contienda. El 11 de abril de 1895 desembarcó junto a Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo; diez días antes lo había hecho Antonio Maceo por Duaba; ambos puntos situados en el oriente cubano. El 5 de mayo se reunieron los tres principales jefes de la guerra en la finca La Mejorana para organizar el curso de la Revolución.

Dos semanas más tarde, el 19 de mayo, en Dos Ríos, Martí desoyó el consejo de Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia y cargó contra una tropa española bien posicionada. Murió en el combate. La víspera escribió a Manuel Mercado:

“La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos”.

La pérdida del más universal de los cubanos fue irreparable. No obstante, la lucha continuó. Gómez y Maceo habían vivido la experiencia de la posición asumida por los Gobiernos estadounidenses de turno durante la Guerra de los Diez Años. Ambos, al igual que Martí, insistieron en que la independencia se alcanzaba por los propios esfuerzos de los cubanos.

En ese periodo gobernaba la Casa Blanca Grover Cleveland (1893-1897), quien indicó a su secretario de Estado, Richard Olney, retomar la idea de apropiarse de Cuba, manteniendo la compra como primera opción. España se negó. El 14 de julio de 1896, Maceo le escribió al coronel Federico Pérez Carbó, de misión en Nueva York:

“De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los [norte] americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

El Héroe de Baraguá mantuvo siempre una postura firme de rechazo a las tendencias anexionistas. Tuvo la capacidad de descifrar desde el campo de batalla las intenciones del naciente imperio. Su caída en combate, el 7 de diciembre de 1896, representó un duro golpe para la Revolución, que perdió en poco tiempo a dos de sus jefes más valiosos y con posiciones antimperialistas.

El Generalísimo, con el dolor de haber perdido también en combate junto a Maceo, a su hijo Panchito Gómez Toro, continuó la batalla. Convencido de que en el campo militar la guerra contra España estaba en su etapa final y observando las pretensiones estadounidenses de intervenir en el conflicto, gestionó infructuosamente, con el capitán general Arsenio Martínez Campos, el reconocimiento de la definitiva independencia.

Los peligros advertidos en reiteradas ocasiones por estos cuatro grandes revolucionarios durante casi 30 años de combate, se concretaron con la intervención militar estadounidense en el conflicto hispano-cubano y la firma de la paz entre las dos potencias, sin tener en cuenta a los patriotas cubanos. Con el alma destrozada, el 8 de enero de 1899, el Generalísimo cerró su Diario de Campaña:

“(…) los Americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores; y no supieron endulzar la pena de los vencidos.

“La situación pues, que se le ha creado a este Pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”.

Estados Unidos ocupó militarmente el territorio cubano. El Tratado de París les permitió izar la bandera de las barras y las estrellas en la Plaza de Armas; a continuación, licenciaron al Ejército Libertador. Querían anexarse el país y no lo consiguieron; una isla anegada con la sangre de sus mejores hijos se los impidió. Entonces establecieron la Enmienda Platt como apéndice a la Constitución cubana, para garantizar que la nueva nación quedara atada en lo político, lo económico y lo mercantil.

Gómez lo denunció en Porvenir de Cuba: “Ellos se fueron, al parecer es verdad. El día 20 de mayo, yo mismo ayudé a enarbolar la bandera cubana en la azotea del Palacio de la Plaza de Armas. ¡Y cuantas cosas pensé yo ese día! Todos vimos que el general Wood, gobernador que fue se hizo a la mar en seguida, llevándose su bandera, pero moralmente tenemos a los americanos aquí”.

La retirada de Estados Unidos fue formal y aplicó además otras fórmulas intervencionistas en el campo ideológico y cultural. Esa fue la realidad de nuestro país durante 60 años, hasta que llegó la definitiva independencia el 1ro. de Enero de 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana. Ahí está la esencia del conflicto bilateral entre ambos países que perdura en el tiempo: recuperar la dominación sobre Cuba y transformar su sistema político, económico y social, contra la voluntad soberana del pueblo cubano de defender su independencia y mantener el socialismo.

(Tomado de Granma)

Homenaje de la Primera Ministra de Namibia a Martí y Fidel (+Fotos)

2018-02-19 14:23:54 / web@radiorebelde.icrt.cu / Carlos Sanabia Marrero

La Primera Ministra de Namibia en el homenaje a Fidel en el cementerio Santa Ifigenia.

La Excelentísima señora Saara Kuugongelwa-Amadhila, Primera Ministra de la República de Namibia, rindió homenaje al Héroe Nacional José Martí y al Comandante en Jefe Fidel Castro en el cementerio Santa Ifigenia, donde reposan sus restos, en lo que fue su primera actividad al visitar hoy la sur oriental ciudad de Santiago de Cuba

La Delegación de Namibia observa el cambio de guardia de honor a los próceres de la Patria en el cementerio Santa Ifigenia.

En compañía de la Secretaria General de la Federación de Mujeres Cubanas, Teresa María Amarelle y la Presidenta del Gobierno en Santiago de Cuba Beatriz Johnson, la Primera Ministra de Namibia recorrió el área patrimonial de la necrópolis santiaguera para también depositar flores ante las tumbas del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes y Mariana Grajales, madre de los cubanos.

La Ministra de la República de Namibia se dirige a la prensa en el cementerio Santa Ifigenia, donde condenó el bloqueo de los Estados Unidos hacia la Isla

“Mi visita aquí invoca sentimientos de soberanía y emociones porque Cuba y la Revolución Cubana y los mártires que tiene enterrados aquí, inspiran solidaridad y amor de los pueblos de África y especialmente de Namibia hacia Cuba”, declaró a la prensa la distinguida dirigente africana al término de su tributo a los próceres cubanos.

Tras resaltar los sólidos lazos de amistad y cooperación entre Namibia y Cuba y expresar su rechazo al bloqueo de los Estados Unidos contra nuestro país, la Señora Saara Kuugongelwa-Amadhila concluyó señalando:

La Primera Ministra Saara Kuugongelwa-Amadihila en su tributo a José Martí.

“Nuestro deseo es que las almas de todos los revolucionarios enterrados aquí continúen descansando en paz y que sus hazañas revolucionarias sigan inspirando a los cubanos y a otros pueblos del Mundo, de manera que juntos podamos alcanzar un Mundo más justo”.

La Primera Ministra de Namibia recorrió el Pabellón Museo del antiguo Cuartel Moncada.

Tras el homenaje a Martí y Fidel, la Primera Ministra de la República de Namibia, visitó la antigua fortaleza del Moncada y recorrió, junto a su delegación, modernas y emblemáticas unidades de servicios en la Plaza de Marte, el paseo patrimonial de Las Enramadas y el de la Alameda frente a la Bahía de Santiago de Cuba.

La destacada dirigente africana regresará hoy a La Habana para continuar el programa de la visita oficial que desde el pasado día 14 realiza a la Isla. (Fotos del autor)

La Primera Ministra de Namibia en el tributo a Mariana Grajales Madre de todos los cubanos.La Primera Ministra de Namibia en el tributo a Mariana Grajales Madre de todos los cubanos.

La Excelentisima Señora Saara Kuugongelwa en el homenaje al Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes.La Excelentisima Señora Saara Kuugongelwa en el homenaje al Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes.

En la antigua fortaleza del Moncada la dirigente africana conoció detalles de los sucesos del 26 de julio de 1953.En la antigua fortaleza del Moncada la dirigente africana conoció detalles de los sucesos del 26 de julio de 1953.

Resonaron salvas de artillería en homenaje a José Martí.

Justo a las 12 del mediodía resonaron este domingo en la Habana 21 salvas de artillería para rendir homenaje al Héroe Nacional  José Martí, con motivo del aniversario 165 de su natalicio.

Desde la Fortaleza San Carlos de la Cabaña detonaron en perfecta sincronización las baterías de artillería maniobradas por cadetes de la Escuela Interarmas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) General Antonio Maceo Orden Antonio Maceo.

Simultáneamente se lanzaron 21 salvas en el cementerio Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, sitio donde reposan  los  restos del Apóstol, donde fueron colocadas ofrendas  florales a nombre del Primer Secretario  del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros General de Ejército Raúl Castro Ruz, de los Consejos de Estado y del pueblo de Cuba.

En la Cabaña participaron en la ceremonia Jefes y  oficiales de las  FAR y el Ministerio del Interior, junto a cadetes  de instituciones del nivel superior de ambos cuerpos militares, pioneros, guardiamarinas, camilitos y combatientes del Ejercito Juvenil del Trabajo (EJT).

La ceremonia de 21 salvas de artillería tiene lugar en fechas  significativas como esta, el advenimiento del triunfo de la Revolución y la Declaración del  carácter  socialista.

Al finalizar el acto en la Cabaña la Unidad de Ceremonias del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias protagonizaron una  revista militar en honor al autor intelectual del asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 y símbolo de la lucha e independencia para los  cubanos y el mundo.

Cuba, qué sería de ti si dejaras morir a tu Apóstol (+Fotos)

2018-01-28 07:41:37 / web@radiorebelde.icrt.cu

Cuba que sería de ti si dejaras morir a tu Apóstol

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, preside el acto de inauguración de la réplica de la estatua ecuestre del Héroe Nacional José Martí, en La Habana.

Presentes además dirigentes del Partido, el Estado y el Gobierno cubano, una representación del cuerpo diplomático acreditado en Cuba, así como un nutrido grupo de norteamericanos y cubanos residentes en Estados Unidos, quienes contribuyeron a hacer realidad este hermoso proyecto, junto a otras instituciones y personalidades.

El acto inaugural ocurre frente al Museo de la Revolución, lugar donde está ubicada la escultura ecuestre de Martí, que constituye una copia exacta de la existente en el Parque Central de la ciudad de Nueva York, indica la Agencia Cubana de Noticias.

Su inauguración coincide con el aniversario 165 del nacimiento del más universal de los cubanos y es el tributo de una ciudad a su más preclaro hijo, de acuerdo con Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad, y uno de los promotores de la reproducción y traslado del monumento.

Cuba que sería de ti si dejaras morir a tu Apóstol

Cuba que sería de ti si dejaras morir a tu Apóstol

En total, demoró 22 años la iniciativa de emplazar en La Habana la pieza de bronce de 8,5 toneladas de peso sobre un pedestal de mármol negro, situada en el Parque 13 de Marzo.

La escultora norteamericana Anna Hyatt Huntington (1876-1973 tuvo a su cargo la obra en la década de los 50 del pasado siglo, para evocar el momento en que dio su vida por la causa a la que se había consagrado.

El momento de la muerte del Apóstol de la Independencia está rememorado poéticamente, aunque lo singular es que la escultura monumental, cuando se refiere a grandes héroes de la historia, los evoca casi siempre en un rol triunfante, pero en la del caso de Martí está recordado cuando pierde la vida en combate.

Cuba que sería de ti si dejaras morir a tu Apóstol

Cuba que sería de ti si dejaras morir a tu Apóstol

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El ideario martiano en el pensamiento y la práctica política de Fidel Castro frente a los EEUU

Fidel, el más aventajado discípulo de Martí. Foto: Archivo.
Fidel, el más aventajado discípulo de Martí. Foto: Archivo.

Fecha:

27/01/2018

Fuente:

Cubadebate

Autor:

 

Sin duda, Fidel Castro ha sido el más aventajado discípulo de las ideas y la praxis revolucionaria de José Martí.

No fue pura coincidencia histórica, sino que el líder de la Revolución Cubana asumió el ideario martiano de manera consciente y entregada.

Así lo ratificó en 1985 en sus conversaciones con Frei Betto: “Yo, antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano; lo voy siendo desde el bachillerato: no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí sobre todos nosotros, la admiración por Martí”. [i]

En marzo de 1949, cuando marines yanquis profanaron la estatua del Héroe Nacional en el habanero Parque Central, Fidel fue uno de los que encabezó la airada protesta frente a la embajada de los Estados Unidos; en 1953, declararía a Martí como el autor intelectual de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes; durante su alegato de autodefensa conocido como la Historia me absolverá denunció como le habían impedido consultar las obras de Martí, pero que no importaba, pues traía en “el corazón las doctrinas del maestro”, el primer frente en la Sierra Maestra, dirigido por Fidel, ostentaría el nombre de José Martí. Estas son apenas algunas pinceladas que ilustran la hondísima vocación martiana de Fidel, algo que parecía genético. Hoy el líder de la Revolución descansa para siempre junto al Apóstol en el Cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, en una piedra que alude a la conocida frase martiana que Fidel convirtió en una de las máximas fundamentales de su existencia: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Ambos fueron raigalmente humanistas, anticolonialistas y antiimperialistas, pero jamás antiestadounidenses, su política hacia la nación del Norte estuvo siempre basada en la fuerza de las ideas y los principios, no en odios y fanatismos.

Con “ojos judiciales” supieron distinguir las dos Norteamérica, la de Lincoln y la de Cutting[ii]. De la primera reconocieron sus virtudes y valores culturales, de la segunda -a la cual Martí llegó a nombrar como la Roma Americana o águila temible – no solo criticaron los aspectos políticos que más conocemos, sino también el modo de vida estadounidense que exalta la violencia, la irracionalidad y el culto desmedido hacia el dinero. Y es que una de las primeras similitudes que encontramos entre Martí y Fidel, es la ciclópea labor ideológica que desarrollaron para descolonizar el pensamiento que desde nuestra región exaltaba al Norte como el modelo a imitar.

Con apenas 18 años, Martí había hecho ya la siguiente observación:

“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, – Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad// Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos  se legislan?// Imitemos. ¡No! –Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?// Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más  alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa¡[iii]

Martí vivió en los Estados Unidos durante casi 15 años, y aunque Fidel no tuvo la misma experiencia, llegó a ver en sus entrañas de una manera tan aguda  como lo hizo el Apóstol. En esto influyeron sus estudios y lecturas –entre ellas las ideas de Martí sobre los Estados Unidos- y el contacto con la propia realidad, en especial la cubana, donde eran notorios los efectos más nocivos de la dominación imperialista del Norte.

Fidel llegó a convertirse en un verdadero experto en el conocimiento sobre los Estados Unidos, tanto de su dinámica interna como de su política exterior. Sobre esta cualidad de Fidel señaló Gabriel García Márquez: “El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo”.[iv]

La estrategia revolucionaria de Fidel hacia los Estados Unidos, sintetiza en gran medida todo el pensamiento y la experiencia legada por José Martí, ajustada siempre, por supuesto, a las coordenadas de su tiempo histórico.

Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?

Imagen de José Martí en su visita a Jamaica.

Uno de los grandes desvelos de Martí con relación al ya naciente imperialismo estadounidense fue la posibilidad de que este encontrara un pretexto, un recurso, para intervenir en la Isla, y de esa manera se frustrara la independencia cubana, garantía del equilibrio en las Américas y el mundo.

De ahí que se planteara la necesidad de una guerra “breve y directa como el rayo” que impidiera a tiempo que se extendieran por las Antillas los Estados Unidos. “Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?”, le había escrito Martí a Gonzalo de Quesada desde 1889.[v]

Poco tiempo después le advertía: “Sobre nuestra tierra, Gonzalo hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos, y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, -para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más soberbia no la hay en los anales de los pueblos libres: -ni maldad más fría”.[vi]

Esta fue también una de las grandes obsesiones de Fidel, evitar por todos los medios posibles un escenario que facilitara o estimulara una intervención de los Estados Unidos en Cuba, que escamoteara la victoria a los rebeldes frente a la tiranía batistiana.

En los meses finales de 1958, ese peligro se hizo mayor al producirse varios incidentes, evidentemente fabricados por el dictador Fulgencio Batista y el embajador yanqui, con la intención de generar una situación que provocara la intervención de los marines en Cuba.

El primer intento tuvo lugar en julio de 1958, cuando el estado mayor de la dictadura, de acuerdo con el embajador de los Estados Unidos, retiró sus tropas del acueducto de Yateritas que abastecía de agua la base naval estadounidense en Guantánamo y solicitó a las autoridades de los Estados Unidos presentes en la base el envío de soldados a ese punto del territorio nacional. El propósito era generar un conflicto entre las fuerzas del Movimiento 26 de julio y los marines yanquis y así justificar la intervención militar. La actitud responsable, serena, y a la vez muy firme de las fuerzas rebeldes y del propio Fidel, propiciaron una solución diplomática del problema.

Luego, para el mes de octubre de 1958, la dictadura en su desesperación maniobró para que la zona de Nicaro, donde estaban instaladas las plantas de níquel de compañías estadounidenses, se convirtiera en un campo de batalla que estimulara la intervención de los Estados Unidos. Estos incidentes –que no fueron los únicos- y su intencionalidad, serían denunciados por el Comandante en Jefe, a través de Radio Rebelde.

La estrategia martiana de tomar cuenta la correlación de fuerzas y las condiciones objetivas y subjetivas, antes de plantear abiertamente sus objetivos revolucionarios más radicales, también fue seguida por Fidel, para evitar la hostilidad prematura del gobierno de los Estados Unidos:

“En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias pª alcanzar sobre ellas el fin”, le escribía el Héroe Nacional a su amigo Manuel Mercado horas antes de caer en combate el 19 de mayo de 1895.

Después del triunfo revolucionario de 1959, se haría aun más notoria la maestría del líder de la Revolución Cubana, para evitar cualquier circunstancia que pudiera servir como excusa a los Estados Unidos para intervenir militarmente en la Isla.

Entrar en la lengua y hábitos del norte con mayor facilidad y rapidez que los del norte en las civilizaciones ajenas.

El Primer Ministro Fidel Castro Ruz denuncia ante la prensa
internacional el secuestro del avion que regresaria a La Habana a la
delegacion asistente a la XV Asamblea General de las Naciones Unidas
(ONU), por contrarevolucionarios de origen cubano al servicio de la CIA
y del gobierno estadounidense. Nueva York, Estados Unidos.

Dentro de la estrategia martiana de organización de la Revolución en Cuba y para la futura República, estuvo la de influir políticamente tanto en el pueblo de los Estados Unidos, como en los propios sectores de poder en ese país. Martí hablaba de la necesidad de entrar “en la lengua y hábitos del norte con mayor facilidad y rapidez que los del norte en las civilizaciones ajenas”.[vii]

En un extraordinario libro de Rolando González Patricio, que lleva por título La diplomacia del delegado, el autor sostiene que Martí se propuso ganar la simpatía estadounidense, “…sin la cual la independencia sería muy difícil de lograr y muy difícil de mantener”.[viii] Su estrategia estaba dirigida a ganar al menos el respeto del gobierno de los Estados Unidos a las aspiraciones cubanas y a movilizar el respaldo moral del pueblo de esa nación.

Como parte de ese esfuerzo, no debe dejar de mencionarse el ingreso del Apóstol  como socio del Club Crespúsculo de Nueva York, institución integrada por personalidades de gran  influencia en los más diversos ámbitos de la sociedad estadounidense, agrupadas en esa asociación no solo por amor a la naturaleza y a la justicia, sino para encontrar respuestas a la crisis moral, ética y política en que se encontraban los Estados Unidos.

No cabe duda, que Martí vio en este Club, una vía importante para llegar al pueblo estadounidense con la verdad de Cuba y buscar aliados potenciales a la causa independentista de la Isla. Y no estaba  equivocado, pues meses después de la muerte de Martí, en sesión regular del 9 de abril de 1896, el Club Crepúsculo aprobó una resolución favorable a los revolucionarios cubanos, donde pedía al presidente Cleveland que los reconociera como beligerantes.

Esta capacidad de influir en la sociedad estadounidense para mostrar la realidad sobre Cuba y los nobles propósitos de la Revolución, destruyendo todo tipo de estereotipos, así como falacias construidas y repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación hegemónicos, fue precisamente uno de los mayores éxitos de Fidel desde que se encontraba en las montañas de la  Sierra Maestra.

El líder cubano recibió numerosos periodistas estadounidenses en la Sierra, y a través de ellos, además de asestar fuertes golpes mediáticos a la dictadura, logró trasladar importantes mensajes hacia los Estados Unidos.

Al más conocido de todos, el periodista Herbert Matthews, del New York Times, le expresó Fidel el 17 de febrero de 1958: “Puedo asegurar que no tenemos animosidad contra los Estados Unidos y el pueblo norteamericano”.  Mensajes similares trasladaría Fidel al resto de los periodistas que continuarían la senda abierta por Matthews.[ix]

Mensajes conciliadores hacia el pueblo y gobierno de los Estados Unidos trasladó Fidel cuando viajó a ese país en abril de 1959. Asimismo se encargó de desmentir todo tipo de calumnias que sobre la Revolución se venían reproduciendo en los medios de comunicación occidentales y en declaraciones de representantes de la administración Eisenhower.

Después de producirse la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961 el líder de la Revolución no perdió oportunidad alguna en construir los puentes necesarios con la sociedad estadounidense y la clase política de ese país, que pudieran fomentar las tendencias favorables al cambio en la política de los Estados Unidos hacia Cuba y la normalización de las relaciones.

Durante años el Comandante en Jefe dedicó largas horas de su apretada agenda a recibir y atender personalidades de la política, los medios y la cultura de los Estados Unidos.

La gran mayoría de esos visitantes regresaban a su país con una visión distinta sobre Cuba y del propio líder de la Revolución, y en muchos casos se convertían en abanderados en la lucha contra el bloqueo y por la normalización de las relaciones entre ambas naciones.

Lo primero en política es aclarar y prever

Pintura realizada por Ernesto Rancaño para el VIII Congreso de la UJC,
celebrado en Ciudad de La Habana del 2 al 5 de diciembre de 2004
y que fuera obsequiada por el pintor al Comandante en Jefe.
Autor: Ernesto Rancaño.

“En política lo real es lo que no se ve. A todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas. Los peligros no se han de ver cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede evitar. Lo primero en política es aclarar y prever”,[x] decía Martí, y él mismo fue premonitorio cuando vio el peligro mayor que representaban los Estados Unidos para la independencia no solo de Cuba, sino de toda la región latinoamericana. Pudo vislumbrar el fenómeno imperialista cuando aún estaba en proceso de gestación y desplegar una amplia y temprana labor de alerta a través de sus más de trescientas crónicas, sus famosas Escenas Norteamericanas.

El regreso de los republicanos al poder en 1888 y la designación de James G. Blaine como secretario de Estado, llevaron a Martí a una actividad antiimperialista realmente volcánica para frustrar los planes expansionistas de Blaine, a quien ya el Apóstol venía siguiendo y sabía de sus malévolos planes.

Es conocida su gran batalla de denuncia y alerta a través de sus crónicas en el diario bonaerense, La Nación, acerca de los propósitos de la Conferencia Internacional Americana convocada por Blaine, donde el gobierno de los Estados Unidos pretendía asegurarse mercados consumidores y controlar las materias primas de la región.

También la participación de Martí en 1891, como cónsul de Uruguay, en la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, donde contribuyó decisivamente a echar por tierra la aspiración estadounidense de imponer una moneda única para todo el continente.

Fidel también se destacó por su capacidad de adelantarse siempre a las movidas del contrario, de ahí se explica, en gran parte, cómo pudo enfrentar y sobrevivir a 10 administraciones estadounidenses esforzadas en su intento por destruir la Revolución Cubana.

Muchos años antes de los históricos anuncios del 17 de diciembre de 2014, Fidel vaticinó en varias de sus intervenciones públicas y en entrevistas que el gobierno de los Estados Unidos podía adoptar una política de seducción para lograr los mismos propósitos que no había alcanzado la política de fuerza, con relación a Cuba.

En un discurso pronunciado el 5 de diciembre de 1988, en la Plaza de la Revolución, Fidel proclamó:

    “Aun cuando un día formalmente mejoraran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio, no por ello cejaría ese imperio en su idea de aplastar a la Revolución Cubana, y no lo oculta, lo explican sus teóricos, lo explican los defensores de la filosofía del imperio. Hay algunos que afirman que es mejor realizar determinados cambios en la política hacia Cuba para penetrarla, para debilitarla, para destruirla, si es posible, incluso, pacíficamente; y otros que piensan que mientras más beligerancia le den a Cuba, más activa y efectiva será Cuba en sus luchas en el escenario de América Latina y del mundo. De modo que algo debe ser esencia del pensamiento revolucionario cubano, algo debe estar totalmente claro en la conciencia de nuestro pueblo, que ha tenido el privilegio de ser el primero en estos caminos, y es la conciencia de que nunca podremos, mientras exista el imperio, bajar la guardia, descuidar la defensa”[xi]

Al ser entrevistado por Tomás Borge en 1992, volvería sobre el tema:

“Tal vez nosotros estamos más preparados incluso, porque hemos aprendido a hacerlo durante más de 30 años, para enfrentar una política de agresión, que para enfrentar una política de paz; pero no le tememos a una política de paz. Por una cuestión de principio no nos opondríamos a una política de paz, o a una política de coexistencia pacífica entre Estados Unidos y nosotros; y no tendríamos ese temor, o no sería correcto, o no tendríamos derecho a rechazar una política de paz porque pudiera resultar más eficaz como instrumento para la influencia de Estados Unidos y para tratar de neutralizar la Revolución, para tratar de debilitarla y para tratar de erradicar las ideas revolucionaras en Cuba”.[xii]

Ocho años más tarde, durante el período de la administración Clinton, expresaría Fidel:

“Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen”. [xiii]

Es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos

El antiimperialismo de Martí y Fidel no estuvo nunca divorciado de la disposición  a establecer relaciones cordiales y respetuosas entre ambos países.

Acerca de las posiciones del Apóstol, González Patricio apunta: “Martí, conocedor del poder creciente de Estados Unidos, de su tradicional interés en poseer Cuba y de su política dirigida a impedir la independencia de la Isla, buscó evitar todo estímulo a la malevolencia norteamericana y encontró prudente aspirar a relaciones cordiales”.[xiv]

A su vez, Martí creía viable un escenario de paz con los Estados Unidos: “Es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos, y la existencia de Cuba independiente, sin la pérdida, o una transformación que es como la pérdida, de nuestra nacionalidad”.[xv] Martí recomendó para toda la América Latina lo que también deseaba para la Isla: “de un lado está nuestra América (…); de la otra parte está la América que no es nuestra, cuya enemistad no es cuerdo ni viable fomentar, y de la que con el decoro firme y la sagaz independencia no es imposible, y es útil, ser amigo”. [xvi]

Desde abril de 1959, cuando Fidel viajó a los Estados Unidos, quedó definida su postura favorable al diálogo y a las relaciones civilizadas.  Pero además, en muchas ocasiones la iniciativa de buscar un modus vivendi con los Estados Unidos partió de su parte.

Empleando la diplomacia secreta, Fidel fue el gestor de numerosos intentos de acercamiento bilateral. A través del abogado James Donovan, quien negoció con Fidel la liberación de los mercenarios presos a raíz de la invasión de 1961; la periodista Lisa Howard y otros canales, el líder de la Revolución hizo llegar al gobierno de Kennedy una y otra vez su disposición de conversar en busca de un entendimiento.

En agosto de 1961 Ernesto Che Guevara trasladó una rama de olivo al gobierno estadounidense en un encuentro que sostuvo en Montevideo con el asesor especial de Kennedy para asuntos latinoamericanos, Richard Goodwin. Es imposible pensar que el Che actuara por su cuenta y no de común acuerdo con el líder cubano. Fidel además envió un mensaje verbal al ya presidente Lyndon Johnson a través de la periodista Lisa Howard en 1964, que entre otras cosas decía:

“Dígale al Presidente (y no puedo subrayar esto con demasiada fuerza) que espero seriamente que Cuba y Estados Unidos puedan sentarse en su momento en una atmósfera de buena voluntad y de mutuo respeto a negociar nuestras diferencias.

Creo que no existen áreas polémicas entre nosotros que no puedan discutirse y solucionarse en un ambiente de comprensión mutua. Pero primero, por supuesto, es necesario analizar nuestras diferencias. Ahora, considero que esta hostilidad entre Cuba y los Estados Unidos es tanto innatural como innecesaria y puede ser eliminada”. [xvii]

En una reveladora carta escrita el 22 de septiembre de 1994 al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien había servido de mediador entre Fidel y el presidente estadounidense, William Clinton, el Comandante en Jefe expresó nuevamente su posición favorable a la normalización de las relaciones:

“La normalización de las relaciones entre ambos países es la única alternativa; un bloqueo naval no resolvería nada, una bomba atómica, para hablar en lenguaje figurado, tampoco. Hacer estallar a este país, como se ha pretendido y todavía se pretende, no beneficiaría en nada los intereses de Estados Unidos. Lo haría ingobernable por cien años y la lucha no terminaría nunca. Sólo la Revolución puede hacer viable la marcha y el futuro de este país”. [xviii]

Se podrían mencionar otros ejemplos. Pero estos son más que suficientes para demostrar que la postura de Fidel fue siempre la de estar en la mejor disposición al diálogo y la negociación con el vecino del norte.

Sin embargo, siempre insistió, con sobrada razón y teniendo como respaldo el derecho internacional y un conocimiento profundo de la Historia de Cuba, que este diálogo o negociación fuese en condiciones de igualdad y de respeto mutuo, sin la menor sombra a la soberanía de Cuba.

Esta es hoy la misma postura –aunque con estilo propio– que ha sostenido el General de Ejército Raúl Castro; así lo ha reafirmado en innumerables discursos e intervenciones públicas.

Seis semanas después de los anuncios del 17 de diciembre del 2014, Fidel ratificó su posición en cuanto a una normalización de las relaciones con los Estados Unidos.

    “No confío en la política de los Estados Unidos”, dijo, teniendo suficientes elementos de juicio para hacer ese planteamiento. Pero también expresó que, como principio general, respaldaba “cualquier solución pacífica y negociada a los problemas entre Estados Unidos y los pueblos o cualquier pueblo de América Latina, que no implique la fuerza o el empleo de la fuerza”[xix]

Es de deber continuo y de necesidad urgente erguirse cada vez que haya justicia u ocasión

Cuando faltaba muy poco para la nueva arrancada independentista, en enero de 1894, Martí definió la postura “cauta y viril” como línea rectora de la política cubana frente a los Estados Unidos. Ante la asimetría de poder había que imponer el respeto del adversario por la capacidad de crear, erguirse, resistir y de vencer.

“Ni pueblos ni hombres –decía Martí- respetan a quien no se hace respetar. Cuando se vive en un pueblo que por tradición nos desdeña y codicia, que en sus periódicos y libros nos befa y achica, que, en la más justa de sus historias y en el más puro de sus hombres, nos tiene como a gente jojota y femenil, que de un bufido se va a venir a tierra; cuando se vive, y se ha de seguir viviendo, frente a frente a un país que, por sus lecturas tradicionales y erróneas, por el robo fácil de una buena parte de México, por su preocupación contra las razas mestizas, y por el carácter cesáreo y rapaz que en la conquista y el lujo ha ido criando, es de deber continuo y de necesidad urgente erguirse cada vez que haya justicia u ocasión, a fin de irle mudando el pensamiento, y mover a respeto y cariño a los que no podremos contener ni desviar, si, aprovechando a tiempo lo poco que les queda en el alma de república, no nos les mostramos como somos”.[xx]

Esta posición viril que recomendaba Martí, fue la que caracterizó a Fidel ante cada amenaza e intento por cercenar la soberanía de Cuba por las distintas administraciones estadounidense.

Un momento descollante fue durante la Crisis de Octubre, donde solo con su posición valiente e intransigente –apoyada mayoritariamente por el pueblo cubano- al negarse a cualquier tipo de inspección del territorio cubano, al plantear los Cinco Puntos e impedir en todo momento que se le presionara, se pudo salvar el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura. Esto fue así, a pesar de que la URSS tomó decisiones inconsultas con la parte cubana que trajeron como consecuencia que la Isla fuese la más desfavorecida con la solución que se le dio a la crisis.

También fue memorable su discurso en respuesta a las amenazas del presidente estadounidense W. Bush, el 14 de mayo de 2004 cuando expresó:

“Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan.
Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria”.[xxi]

Paz, amistad y cordialidad entre un “pueblo menor” y un “pueblo mayor” como lo definía Martí, no podía jamás implicar dependencia y servidumbre.  Como tampoco jamás Fidel entendió la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, desde la dominación.

En cada uno de los reducidos momentos en que se estableció alguna posibilidad de diálogo o negociación, Fidel fue enfático en cuanto que la soberanía de Cuba, tanto en el plano doméstico como internacional, no era negociable, y que la Isla jamás renunciaría a uno solo de sus principios.

De la unión depende nuestra vida

Asumiendo y enriqueciendo las ideas de Simón Bolívar, Martí y Fidel concedieron como parte de su estrategia revolucionaria un lugar privilegiado a la necesaria unidad de América Latina y el Caribe.

Ramón de Armas destaca como desde 1877, durante su estancia en Guatemala, Martí hizo su llamado de unidad o muerte, en expresión de un latinoamericanismo defensivo que evolucionaría “hacia un claro y precursor latinoamericanismo antiimperialista activo” que cerrara el paso al avance impetuoso del vecino del Norte, a través de la acción unida en torno a objetivos y propósitos comunes. “Puesto que la desunión fue nuestra muerte –decía el Apóstol en aquel entonces-, ¿qué vulgar entendimiento, ni corazón mezquino, ha menester que se le diga que de la unión depende nuestra vida?”.[xxii]

En su concepción revolucionaria, Fidel siempre vio el proceso cubano, como parte de una Revolución mayor, la que debía acontecer en toda América Latina y el Caribe. De ahí su constante solidaridad y apoyo a los movimientos de liberación en la región y denuncia de cada acto de injerencia yanqui.

Esa posición partió en primera instancia de un sentimiento de identidad y de ineludible deber histórico, pero también como una necesidad estratégica para la preservación y consolidación de la Revolución Cubana.

Sobre todo, teniendo en cuenta que desde el siglo XIX en adelante, el principal enemigo común de la verdadera emancipación de los pueblos al sur del río Bravo eran –y continuaban siéndolo- los Estados Unidos, los que en no pocas ocasiones utilizaron con éxito para sus propósitos la máxima de “divide y vencerás”, estrategia que han utilizado hasta nuestros días. A esa compresión había llegado Fidel desde antes de 1959, y la puso de manifiesto en acciones concretas en las que, incluso, puso en riesgo su propia vida durante sus luchas como estudiante universitario.

Fidel integró el comité Pro Independencia de Puerto Rico, el comité Pro democracia dominicana, participó en 1947 en la frustrada expedición de Cayo Confites contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y en los sucesos conocidos como el Bogotazo, donde compartió su destino con el pueblo colombiano que enfrentaba a las fuerzas reaccionarias que habían asesinado al líder popular Jorge Eliécer Gaitán.

Además, ya desde aquella época se había pronunciado a favor del derecho de los panameños a la soberanía sobre el canal interoceánico y el de los argentinos sobre las Islas Malvinas.

No obstante, luego del triunfo de enero de 1959, la vocación integracionista de Fidel se hizo más explícita en numerosos pronunciamientos públicos. Sus ideas y amplia acumulación de experiencias durante años, así como los continuos cambios en el contexto internacional, lo hicieron ir perfilando su pensamiento. De ahí que, en el Cuarto Encuentro del Foro Sâo Paulo, efectuado en La Habana en 1994, entre otras muchas ideas vinculadas a ese trascendental tema, declarara:

“Qué menos podemos hacer nosotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo. Aquellos que piensen que el socialismo es una posibilidad y quieren luchar por el socialismo, pero aun aquellos que no conciban el socialismo, aun como países capitalistas, ningún porvenir tendríamos sin la unidad y sin la integración”.[xxiii]

Los esfuerzos colosales realizados por  Fidel en pos de la unidad y la integración de la región, comenzaron a rendir sus frutos, con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1998, momento que inició un verdadero cambio de época en América Latina.

En el 2004 Chávez y Fidel crearían la hoy conocida como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -Tratado de Comercio de los Pueblos  (ALBA-TCP) y al año siguiente, en Mar del Plata, el imperialismo estadounidense sufría ya una gran derrota,  al ser enterrado el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), iniciativa que venía impulsando el gobierno de los Estados Unidos. En el 2011, nacería en Caracas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y con ello el sueño más preciado de Fidel y, por tradición, de Martí, Bolívar y otros próceres de nuestra América se hacía realidad.

Sin duda, una de las primeras victorias políticas de esa unión, sería el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos anunciados el 17 de diciembre de 2014, por los presidentes de ambos países. Cuba sola, sin el fuerte apoyo regional que recibió, no habría llegado a ese resultado.

A modo de conclusión

Es cierto que el equilibro internacional al que aspiraba Martí en las Antillas se frustró a partir de 1898 con la intervención de los Estados Unidos en Cuba, quienes a partir de ese momento comenzaron a construir su hegemonía en el mundo.

Pero por paradojas de la historia, la Revolución Cubana triunfante en 1959, de profunda raíz martiana, liderada por Fidel y el movimiento 26 de julio, abrió nuevamente una puerta para avanzar hacia la segunda y definitiva independencia de América Latina y el Caribe y, con ello, hacia el equilibrio del mundo al que aspiraba el Apóstol. Es decir, por donde mismo comenzó a construir su imperio los Estados Unidos, se iniciaría en 1959 la posibilidad y la esperanza de su desplome.

La administración de Barack Obama y su llamado “nuevo enfoque” hacia la Mayor de las Antillas, trajeron con las nuevas oportunidades, grandes desafíos para la resistencia cubana frente a los intereses de dominación, que sobre nuestra Isla perviven en Washington. Luego el nuevo inquilino en la Casa Blanca, Donald Trump, devolvió a los cubanos la imagen más nítida y real del enemigo imperial. Pero es evidente que su política hacia Cuba desde el punto de vista estratégico se hace cada vez más insostenible.

A 150 años de lucha del pueblo cubano por su independencia, en pleno siglo XXI, los cubanos tenemos el privilegio de contar con el pensamiento táctico y estratégico que, en épocas diferentes, llevaron a la práctica Martí y Fidel frente a los Estados Unidos.

Ante los nuevos convites de guantes de seda e intenciones ocultas que, sin lugar a dudas, vendrán desde el Norte en el futuro para doblegar a la nación cubana, este manantial de ideas y de acciones antiimperialistas, serán aun más imprescindibles. Como en 1891, en ese extraordinario ensayo y programa revolucionario que es Nuestra América, nos decía Martí: “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.[xxiv]

Notas
Completas. Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, t.21, pp.15-16.

[iv] Luis Báez, Así es Fidel, Casa Editora Abril, La Habana, 2009, p.177.

[v] José Martí, “A Gonzalo de Quesada”, octubre 29 de 1889, en: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H.Moreno Pla, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t.II, p.145.

[vi] José Martí, “A Gonzalo de Quesada”, 14 de diciembre de 1889, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t.6, p. 128.

[vii] Cita de Gonzalo de Quesada y Aróstegui en el Volumen 6, “Hombres”, de la Colección Obras de Martí, p. 6. Tomado de: Emilio Roig de Leuchsenring. Martí, antiimperialista. Ministerio de Relaciones Exteriores, Segunda Edición Notablemente Aumentada, La Habana, 1961, p.39.

[viii] Rolando González Patricio, La diplomacia del Delegado. Estrategias y tácticas de José Martí 1892-1895, Editora Política, La Habana, 1988, p.64.

[ix] Entre el 23 y 28 de abril del propio año, el periodista de la cadena televisiva estadounidense CBS (Columbia Broadcasting Systems), Robert Taber (Bob), en unión del camarógrafo Wendell Hoffman, realiza un reportaje que apareció el 18 de mayo de ese mismo año por la CBS. Se trató de un documental de media hora de duración titulado Rebeldes en la Sierra Maestra, cuya secuencia final fue realizada en el Pico Turquino el 28 de abril, con Fidel y Raúl al frente de los guerrilleros cantando el Himno Nacional. Al mes siguiente, el 17 de mayo, Fidel fue entrevistado por el periodista estadounidense Andrew Saint George. La entrevista apareció en la revista Look, bajo el título “Dentro de la revolución cubana”. En enero de 1958 Fidel concedió también una entrevista al periodista Hoomer Biggart. La entrevista se publicó el 27 de febrero en el New York Times.  En ese propio mes apareció en la revista estadounidense Coronet el artículo “¿Por qué luchamos?”, bajo la firma de Fidel.

[x] José Martí, “La conferencia monetaria de las Repúblicas de América”, en: Obras Completas. Tomo 6. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 197, pp. 155-167

[xi] Discurso en el acto por el XXXII aniversario del desembarco del Granma, fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y proclamación de la Ciudad de La Habana “Lista para la defensa en la primera etapa”, 5 de diciembre de 1988 en la Plaza de la Revolución “José Martí”

[xii] Tomás Borge, Un grano de maíz. Entrevista concedida por Fidel Castro a Tomás Borge, Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas, 2011, pp.144-145.

[xiii] Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)

[xiv] Rolando González Patricio, Ob.Cit, p.170.

[xv] Citado por Rolando González Patricio en: “Frente a frente. Las relaciones Cuba-Estados Unidos en el proyecto republicano de José Martí”, en: Anuario del Centro de Estudios Martianos #25, 2002, p.29

[xvi]Ibídem, p.30.

[xvii] Del primer ministro Fidel Castro al presidente Lyndon B.Johnson, mensaje verbal entregado a la señorita Lisa Howard de la ABC News, el 12 de febrero de 1964, en La Habana, Cuba»,www.gwu.edu/-nsarchiv/ (Traducción del ESTI)

[xviii] Véase Carlos Salina de Gortari, Muros, puentes y litorales. Relación entre México, Cuba y Estados Unidos, Penguin Random House. Grupo Editorial, Ciudad de México, 2017, pp.125-126.

[xix] Fidel Castro, Para mis compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria, mensaje publicado en el periódico Granma el 26 de enero de 2015.

[xx] José Martí, La protesta de Thomasville, en: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t.2, p.347.

[xxi] Fidel Castro, Proclama de un adversario al gobierno de Estados Unidos, 14 de mayo de 2004, en: sitio web Fidel Soldado de las Ideas,http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/proclama-de-un-adversario-al-gobi….

[xxii]  Citado por Ramón de Armas, “Unidad o Muerte: en las raíces del antiimperialismo y el latinoamericanismo martianos”, en: La Historia de Cuba pensada por Ramón de Armas. Selección y compilación de Pedro Pablo Rodríguez,  Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello y Ruth Casa Editorial, La Habana, 2012, p.82

[xxiii] Fidel Castro. Discurso pronunciado en la clausura del IV encuentro del Foro de Sao Paulo, efectuada en el Palacio de Convenciones, el 24 de julio de 1993.

[xxiv] José Martí, “Nuestra América”,  El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, en: José Martí, Obras Completas, t.6, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 15-23.