Movimientos sociales exigen fin del bloqueo norteamericano contra Cuba.

Activistas solidarios con Cuba de unos 10 países exigieron  este sábado en la Habana el fin del bloqueo  económico financiero y comercial impuesto por el gobierno de los  Estados Unidos a la isla.

Lo anterior aconteció en el Encuentro de Solidaridad por la Unidad y la Integración de los Pueblos  efectuado  en el hotel Palco  al que asistieron José Ramón Balaguer Cabera,integrante del secretariado del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y jefe de su  Departamento de Relaciones Internacionales, Carlos Rafael Miranda  Martínez ,Coordinador  Nacional de los Comités de Defensa de la revolución (CDR) y Fernando  González , presidente del Instituto Cubanos de Amistad con los  Pueblos (ICAP).

El Encuentro de Solidaridad por la Unidad y la Integración de los Pueblos  fue organizado por los CDR, y durante el intercambio  representantes  de España, Uruguay y la República Bolivariana de Venezuela  entre otros países acusaron al Imperialismo  norteamericano de actos desestabilizadores e injerencistas en América Latina.

Alberto Naya  Gutiérrez, representante del Partido  del Trabajo de México, denuncio en el encuentro  la hostilidad  y guerra económica contra Venezuela  y exigió la liberación del ex presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula Da Silva.

Los participantes al  evento  hicieron una declaración  por la Paz y el  Antimperialismo, abogando por el respeto a la paz y soberanía de las  naciones. Los representantes de los diez países  demandaron, además que en todos los países de Latinoamérica y el Caribe se defiendan los derechos de las mujeres  y el acceso de los jóvenes a la educación  gratuita y de calidad.

La jornada de solidaridad en Cuba devino también reunión del Frente Continental de Organizaciones Comunales (FCOC), cuyo secretario ejecutivo  Pedro Vázquez  informo que la estructura se reorganiza con la motivación  de luchar por el derecho a los servicios  básicos de los pueblos.

En el conclave se reconoció  por las organizaciones    solidarias los cambios que experimenta Cuba con la actualización  del modelo económico  impulsado bajo el liderazgo del Partido Comunista.

 

Con niños namibios de Cassinga

Miriam Nghitotovall, en la Isla de la Juventud. Foto: Jorge Oller

En una de nuestras visitas a la escuela de los namibios en la Isla de la Juventud, en los años 80 del siglo pasado, presenciamos la filmación de la masacre de Cassinga, escenificada para un documental del ICAIC por estudiantes de ese país.

La función de Asistente de Dirección y Asesoría para el nuevo filme de testimonio –con la reproducción actuada de la masacre por los propios alumnos–, la asumía espontáneamente la estudiante becada de la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, Miriam Nghitotovali, una antigua alumna del improvisado centro escolar de Chibía.

Lo primero que nos dijo Miriam Nghitotovali es que no olvidará jamás los nombres de sus maestros cubanos en Angola, mencionándolos: Raúl, Fortún, Mario, Lidia y Orestes «El Primo».

Ellos, junto a la Swapo, adoptaron a todos los niños namibios tan pronto llegamos a los campamentos de refugiados al sur de Angola, con los pies sangrando después de haber caminado muchos días por la mata (la selva), huyendo del régimen del Apartheid y sus masacres.

TESTIMONIO DE LA MASACRE

El día de la masacre de Cassinga está en el recuerdo de aquellos que visitamos. Cada uno tenía una historia, pero había un común denominador en todas.
En resumen, en voz de uno u otro estudiante namibio es esta que les compartimos o parecida, y en casi todas aparece «El Primo».

Cuando visitamos la Escuela Henridrick Witbooi, en la Isla de Juventud, las narraciones se multiplicaron, convirtiéndose en un dramático guion, un guion real. Los niños se adentraron por la selva huyendo de la masacre… los testimonios duelen:

–Nos arrastramos por el suelo pedregoso y mi ropa, poca ropa, se enganchaba en los arbustos más pequeños y de otras plantas y bejucos del montecillo  cuentan unos y otros.

Ya el fuego había incendiado la cabaña donde se albergaban y veían sobrevolar el campamento a cuatro aviones de guerra sudafricanos. Los niños, porque eran niños, corrían hacia una zanja más al fondo con mucho miedo.

Este es solo un fragmento de la odisea.

Así o muy parecidos son los relatos de los que lograron salvarse y llegaron a Cuba después del infierno de Cassinga, al sur de Angola, distante 250 kilómetros de la frontera con Namibia.

El ataque de las tropas sudafricanas a aquel campamento causó más de 600 muertos y centenares de heridos por efecto del bombardeo de la aviación, el ametrallamiento desde helicópteros, los gases, la artillería, los blindados y la acción directa de los paracaidistas sobre la población inerme.

No pocos de los namibios de la Isla de le Juventud quedaron adormecidos por el efecto de los gases. Al atardecer unos soldados retiraron  cadáveres que estaban alrededor de algunos de ellos. La primera reacción fue huir hacia lo más profundo del bosque, pues entre esos hombres armados había blancos y creían que eran sudafricanos que corrían tras ellos para rematarlos. Más no fue así.

LOS CUBANOS

Reproducción de una escena de la masacre de Cassinga. Foto: Jorge Oller

En ese grupo que los «perseguía» había soldados de las Fapla y estos les informaron en su lengua que se trataba de cubanos que habían llegado a socorrerlos. Inmediatamente fueron trasladados hacia lugares seguros, de ahí a una escuela y de la escuela aquella, por mar, a las de la Isla de la Juventud, aunque pasaría  un tiempo que no sabían medir exactamente antes de subir al barco.

Cuando se produjo la masacre de Cassinga, tan insuficientemente divulgada en el mundo por la prensa occidental, ya funcionaba una escuelita cubana en Chibía para niños namibios refugiados en Angola, y fue allí donde permanecieron antes de navegar hacia lo que Miriam califica de «Paraíso».

El primer maestro cubano que tuvieron los namibios en Chibía, que describen como «un pueblito de pocas cuadras con una estación de trenes desactivada, en la cual estaba la escuela», fue Raúl Mestre Pedroso.

El maestro llegó a Chibía en los primeros meses de 1978. Le impactó ver en el piso de granito de la vieja estación ferroviaria la silueta indeleble de una figura humana, era la huella a tamaño natural del cuerpo de un revolucionario angolano que había sido quemado por los colonialistas portugueses en ese mismo lugar.

Precedieron a Mestre en ese sitio, otros colaboradores cubanos, entre ellos un combatiente llegado a Angola en febrero de 1976, era Orestes Valdivia «El Primo», quien de soldado se convirtió muy pronto en un padre para los niños namibios refugiados en Angola, y su esposa, la maestra Lidia Lastra –que lo acompañó en esa misión internacionalista desde agosto de 1978–, era una madre  para todos los niños de Cassinga.

Orestes Valdivia no sabe exactamente cómo ni por qué, ni cuándo los muchachos comenzaron a llamarlo «El Primo», como lo conocen todos los estudiantes namibios que vinieron a Cuba entre 1978 y 1980, año en que Orestes Valdivia, un antiguo carrero de cerveza y refrescos en Santa Clara, concluyó su misión internacionalista.

Fueron él, junto a un grupo de albañiles angolanos y cubanos, médicos, enfermeras y funcionarios de la Embajada, quienes acondicionaron, en jornadas de trabajo voluntario, aquella primera escuela de Chibía, y construyeron albergues, refugios, cocina y todos los servicios y locales necesarios para que vivieran y estudiaran más de 200 niños y adolescentes que sobrevivieron a la masacre.

EN LA ISLA
Tanto en Chibía como en Ndalatando, igual que lo era en ese momento en la Isla de la Juventud, los estudiantes namibios y los demás becados extranjeros mantenían la autoridad política de sus países y partidos. Martín era el maestro instructor de lo namibios en aquella oportunidad y profesor de historia, en la Isla.

Además de su presencia permanente en la escuela del sur de Angola, los niños recibían frecuentemente la visita de destacados dirigentes de la Swapo (por las siglas en inglés de Organización, de los Pueblos de África Sudoccidental), entre ellas la de San Nujoma, presidente de la organización, y la de Peter Manyemba, secretario de Defensa.

Esta costumbre no se perdería nunca. De una larga conversación con Miriam interpreto una dramática realidad: ellos eran tan hijos de la Swapo como de los padres, aunque no sabían en aquel momento si estos estaban vivos o confinados por el régimen del Apartheid en algún bantustán (lugares donde los racistas reunían a la población no blanca de Sudáfrica).

Sobre la adopción temporal de Cuba, Ángel Dalmau, directamente vinculado a los jóvenes por su trabajo en la Misión Civil Cubana de Angola desde aquel comienzo de acogida de los niños en la escuela de Chibía, piensa que en esta experiencia se ha fundido la más bella y concreta relación de solidaridad humana entre el pueblo cubano y el namibio, a partir de un tercer país: Angola y con la vigilancia directa, aunque a distancia, de Fidel.

Los maestros cubanos que contribuyeron a fundir esta nueva familia en las escuelas de allá y en las de la Isla, serán siempre el principio de esta interminable historia de amor al prójimo.

“Con Cuba NO te metas”, responden peruanos a provocación mercenaria en Lima

Amigos de Cuba en Perú ratificaron en Lima que no hay provocación de la contrarrevolución mercenaria que quede sin respuesta y reiteraron la frase que se viralizó en Internet: con Cuba NO te metas.
Una valla publicitaria, pagada por elementos de la contrarrevolución cerca del aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima, aludía a un mensaje irrespetuoso y ofensivo contra el pueblo y el Gobierno cubanos.
Ante esta nueva provocación de mercenarios al servicio del imperialismo, amigos de la Isla, con la doctrina del Apóstol José Martí en el corazón, dieron un vuelco al mensaje y dejaron claro con graffitis: con Cuba NO te metas. Vítores a Cuba y a Fidel redondearon el nuevo mensaje, donde resalta la bandera tricolor, esa que ha acompañado la lucha del pueblo cubano por su independencia.

Fidel y el Perú, instantánea del altruismo

Por: Dianet Doimeadios Guerrero

Fidel dona sangre tras el terremoto de Ancash, Perú, en 1970. Foto: Cubaminrex
Cuenta en sus memorias un sobreviviente de la catástrofe que “el terremoto de Áncash costó un Perú para su pueblo”. A voz de comarca, por aquellas tierras, todo lo que valga un Perú tiene un precio muy alto. Y así fue. Setenta mil víctimas, un sinfín de heridos y desaparecidos, decenas de comunidades arrasadas dejó el sismo que, a las 15 horas del 31 de mayo de 1970, trastocó a los peruanos.
“Sentimos un tremendo ruido (…) Se asemejaba al de muchos aviones. No sabíamos por dónde venía ni qué pasaba. Finalmente vimos el aluvión de lodo completamente negro con más de 40 metros de altura que avanzaba botando chispas de distintos colores”, relata quien vivió para contar las consecuencias de un seísmo de 7,9 grados en la escala de Richter.
Durante 45 minutos tembló con tanta fuerza la tierra que el Huascarán se zarandeó. Cuarenta millones de metros cúbicos de hielo, lodo y piedras se esparcieron en avalancha sobre ciudades enteras del Norte peruano. Tras la sacudida y el alud, un manto negro de polvo y dolor permaneció durante días en la zona.
En La Habana, pendiente siempre de los cables, Fidel supo de los hechos y las necesidades del pueblo peruano. La nación inca y Cuba no tenían relaciones diplomáticas. El expresidente Manuel Carlos Prado las había quebrado, no vio a bien que la Isla tomara “el camino socialista”. Sin embargo, para el líder de los cubanos esta no sólo era “la tragedia del Perú sino de toda la Humanidad”.
Así consta en el diario Granma de la época y en una fotografía que aparece multiplicada en el ciberespacio. La imagen guarda el instante en que Fidel, con el brazo extendido, donó sangre para los damnificados del terremoto del ‘70. Tras él, más de 150 mil cubanos también lo hicieron.
Decenas de médicos partieron con el equipamiento necesario para instalar cinco hospitales. Llegaron hasta Áncash, Recuay, Huaraz, Carhuaz y otros poblados afectados. Cuba fue el primer país en enviar ayuda para los peruanos. Dos años después, el 8 de julio de 1972, el gobierno de Juan Velasco Alvarado restableció las relaciones diplomáticas con la Isla.
Los doctores cubanos han regresado una y otra vez a Perú, por el terremoto en Pisco (2007) o por las intensas lluvias de Piura (2017). En Áncash hay un parque que se llama Cuba y muchos hombres dispuestos a confesar que tienen sangre cubana en su cuerpo, y los genes de Fidel en el alma.
En 2007, el Gobierno del Perú declaró el 31 de mayo como “Día Nacional de la Solidaridad y de Reflexión en la Prevención de Desastres”.

El cariño y la ternura de los médicos cubanos, conmovieron a los pacientes peruanos en 2017. Foto: Enmanuel Vigil Fonseca.

Largas distancias a pie, con el suelo aun inundado, debieron recorrer nuestros médicos. Foto: DR. Enmanuel Vigil Fonseca.

Médicos cubanos mostraron su solidaridad con el pueblo peruano en 2017. Foto: Archivo

Médicos cubanos atendieron a damnificados peruanos en 2017. Foto tomada del perfil en Facebook de Enmanuel Vigil.

La fila era larga, pero cada paciente fue atendido adecuadamente. Perú, 2017 Foto: Dr. Enmanuel Vigil Fonseca
Fuente Cubadebate
Médicos cubanos en Perú enfrentaron una compleja situación tras lluvias en 2017.Foto: Archivo

Brigadistas estadounidenses expresan su apoyo a la Revolución Cubana

Los brigadistas conocieron la verdadera realidad de Cuba y la contrastaron con las falsas noticias publicadas por los medios de difusión masiva de su país
Frangy Pozo, condenó de los abusos policiales sufridos por la población negra en Estados Unidos. Foto: Orlando Perera

El deseo de conocer la construcción del socialismo y de apoyar a la Revolución motivó a los miembros de la 48 Brigada Venceremos, procedentes de Estados Unidos, a visitar la Mayor de las Antillas, del 23 de julio al 4 de agosto.
En diálogo con Granma Internacional en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella, ubicado en el municipio artemiseño de Caimito, (lugar de alojamiento), los brigadistas manifestaron que intercambiaron experiencias con la población, se familiarizaron con los proyectos comunitarios, recorrieron sitios históricos y asistieron al acto central por el 26 de Julio en la occidental provincia de Pinar del Río.
Esa festividad se celebra cada año en la Isla caribeña, porque en 1953 Fidel Castro Ruz y otros revolucionarios asaltaron los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, para dar inicio a la lucha armada contra la sangrienta tiranía del general Fulgencio Batista, fecha celebrada por los cubanos como Día de la Rebeldía Nacional.
Los brigadistas conocieron la verdadera realidad de Cuba y la contrastaron con las falsas noticias publicadas por los medios de difusión masiva de su país.
Se refirieron a la constante represión de la policía en los Estados Unidos contra los afronorteamericanos, incluso asesinatos de miembros de esa minoría étnica a manos de funcionarios policiales.
La joven Frangy Pozo, estudiante de Sociología de la Universidad de Pensilvania e hija de dominicanos, narró con lágrimas en los ojos: «Los de tez oscura nunca tenemos la certeza de regresar a casa. La policía mata a los negros por supuestamente portar armas o drogas y luego cuando se hacen las investigaciones arrojan que cometieron un error. No hay sanción para los asesinos. Contra esos hechos expresamos nuestra repulsa popular. En esos casos se emite una disculpa pública, el agente recibe una suma de dinero por alejarse varios días del servicio activo, y a muy pocos se les separa completamente de su trabajo».

El chicano Nadir Rubén Romo Quesada afirma que continuará participando en la brigada, porque el desafía las prohibiciones del gobierno de Estados Unidos de viajar a Cuba. Foto: Orlando Perera

Pozo vive en Nueva Jersey, visita por primera vez la mayor isla del Caribe, y pertenece a la organización Proyecto Juvenil de Negros (Black Youth Project 100), que lucha por los derechos sociales de esas personas.
Aseguró que Estados Unidos está muy lejos de ser ese gran paraíso que muchos creen y el pueblo está movilizado perennemente para alcanzar conquistas que puedan garantizar un mejor país para las futuras generaciones.
Con ella coincide Denisse Coto Reyes, residente en el Bronx, de New York y graduada de la universidad privada Hobart William Smith College.
«Vivimos en una nación de mucha violencia, que mantiene el pueblo atemorizado. Las comunidades negras y latinas sienten un gran miedo ante la policía», aseveró la joven de 24 años, hija de puertorriqueños.
Coto Reyes aseveró: «A mi alrededor veo que el sistema político excluye a las amplias mayorías de la población. Vine a aprender del socialismo cubano y ver cómo solucionan sus problemas sociales.
Además, dialogué con jóvenes e intercambié con ellos sobre la construcción de una sociedad más justa».
Similares propósitos expresó Héctor Rivera Toledo, trabajador en un centro comunitario que imparte talleres también en el Bronx de New York. Él se enteró de la Brigada Venceremos por amigos y compañeros de trabajo. Se inscribió, porque siempre ansió venir a Cuba para participar en jornadas productivas o en actividades de intercambio.
«He leído sobre la Revolución –destacó el joven- particularmente de sus líderes: Fidel y Raúl Castro, Ernesto Guevara y otros. Estoy aquí para aprender. Quiero socializarme con los cubanos y hacer amigos.
También me interesó conocer la cultura, similar a la de Puerto Rico, de donde provengo. Principalmente deseé aportar mi esfuerzo propio en labores productivas».
Igualmente Nadir Rubén Romo Quesada, nacido en Los Angeles, California, y residente en New York, participa por tercera ocasión en la Venceremos, porque siempre encuentra un atractivo para regresar. «Vengo a Cuba para expresar mi solidaridad. Pienso que ese valor humano debe cultivarse, principalmente entre las personas de habla hispana. Es muy necesario realizar esa conexión entre los pueblos, ese intercambio cultural», precisó Romo Quesada, trabajador de una escuela pública.
Su principal motivo radica en que los miembros de la brigada desafían las leyes del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos, las cuales prohíben que ciudadanos de ese país visiten Cuba. Para él, el gobierno norteamericano viola el derecho constitucional de las personas de viajar a cualquier país que los acepten como  visitantes.
Añadió: «El día que  regresemos a Estados Unidos y nos exijan mostrar algún permiso haremos desobediencia civil y reclamaremos nuestros derechos. Divulgaremos el caso en los medios de comunicación de masiva y fomentaremos un gran debate público para explicar cómo quieren destruir a la Revolución y recolonizar a la Isla caribeña».
Los visitantes expresaron satisfacción por esta estancia en Cuba y planean celebrar el aniversario 50 del surgimiento de este tipo de iniciativa en el 2019 con actividades, que incluyan a quienes integraron en 1969 el primer contingente y a muchos otros jóvenes incorporados con posterioridad.