La histórica entrevista de Matthews a Fidel Castro

La Habana (PL) Una gran noticia del periodista estadounidenseentrevista-Matthews-a-Fidel (1)s recorrió la prensa internacional hace 60 años, Fidel Castro, oficialmente muerto por el régimen batistiano, operaba en la Sierra Maestra con su destacamento guerrillero.
El 17 de febrero de 1957, Matthews, del diario New York Times, entrevistó a Fidel Castro, lo cual sirvió para confirmar que estaba vivo y que el foco guerrillero continuaba operando en la zona montañosa oriental después de sobrevivir, tras el desembarco de la expedición del
Yate Granma, el 2 de diciembre de 1956.
El entonces Ministro de Defensa, Santiago Verdeja, calificó la entrevista de una patraña y retó a que se publicara la foto; y el general Martín Díaz Tamayo dijo a la prensa que se trataba de un cuento por la imposibilidad de cruzar las líneas militares.
El artículo inicial de Matthews apareció en la primera plana de la edición dominical del New York Times, el 24 de febrero de ese año, y a continuación, el 25 y el 26, otros dos artículos de una evaluación general de la situación cubana, y el 28 la famosa foto.
De la mano de revolucionarios cubanos, su autor, Herbert L. Matthews (1910-1977), llegó a territorio rebelde y en la finca del campesino Epifanio Díaz se reunió con el líder revolucionario cubano.
Lograr que yo penetrara en la Sierra Maestra y entrevistara a Fidel Castro significó un riesgo terrible para docenas de hombres y mujeres en La Habana y en Oriente, afirmó.
El enfrentamiento a la censura oficial sobre los medios informativos cubanos y a las tergiversaciones foráneas constituyó para los combatientes del Ejército Rebelde algo tan importante desde el primer día como derrotar a las fuerzas armadas batistianas, entrenadas por asesores norteamericanos.
Tan necesario como sobrevivir y consolidar el foco guerrillero era dar a conocer a Cuba y al Mundo su existencia y así fueron llevados los primeros reporteros a la Sierra Maestra.
La prensa nacional y las agencias extranjeras radicadas en La Habana difundieron en diciembre de 1956 posiblemente una de las noticias más falsas salidas de sus redacciones: la muerte de Fidel Castro y de todos los expedicionarios del yate Granma.
Por aquellos días El Diario de la Marina, Tiempo, Alerta y otros periódicos titularon: Muerto Fidel Castro, afirma la United Press International; Muerto Fidel Castro cerca de Niquero, Fuerzas combinadas de la Marina y la Aviación realizan intensa búsqueda, Ocupan en una lista los
nombres de Fidel Castro y de Raúl Castro.
Reitera la UPI que Fidel Castro pereció junto con su Estado Mayor poco después de desembarcar cerca de Niquero y Apresado barco expedicionario, ignórase si venía en el Fidel Castro.
IMPACTO DE LA PRIMERA ENTREVISTA
La afirmación de Matthews: Fidel Castro, el líder rebelde de la juventud cubana, está vivo y peleando con éxito en la intrincada Sierra Maestra, en el extremo sur de la Isla, resultó irrebatible por la dictadura batistiana.
Esta es la primera noticia confirmada de que Fidel Castro está todavía vivo y todavía en Cuba, expresó.
Nadie fuera de la Sierra Maestra ha visto a Castro, con excepción de este reportero. Nadie en La Habana, ni aún en la Embajada de los Estados Unidos, con todos sus recursos para obtener informaciones, conocerá hasta la publicación de este reportaje que Fidel Castro está
realmente en las montañas orientales de Cuba.
Llevamos setenta y nueve días peleando y estamos más fuertes que nunca, dijo Fidel, quien narró detalladamente todo lo ocurrido desde el desembarco, escribió el famoso reportero y editorialista.
El Gobierno -comentó Fidel- está utilizando las armas suministradas por los Estados Unidos, no sólo en su contra, sino también contra todo el pueblo cubano.
Ellos tienen bazookas, morteros, ametralladoras, aviones y bombas -refirió–, pero nosotros estamos seguros en la Sierra; ellos tienen que venirnos a buscar.
La Revista Bohemia, de amplia difusión nacional, publicó el 17 de marzo dos páginas con fotos de Fidel y sus compañeros de la Sierra Maestra, las primeras conocidas en el país.
En la segunda quincena de abril fue realizado por el periodista Robert Taber y el camarógrafo Wendeil Hoffman un reportaje desde el Pico Turquino (mil 974 metros sobre el nivel del mar, el punto más alto de Cuba) y sus imágenes recorrieron el mundo.
Al año de la entrevista de Matthews habían desfilado otros reporteros por los campamentos rebeldes, incluso latinoamericanos.

Por su única, verdadera e irrenunciable independencia

El 4 de febrero de 1962 quedó aprobada la Segunda Declaración de La Habana, que reafirmó nuestra dignidad como nación libre, independiente y soberana y proclamó la proyección y vocación latinoamericanista de la Revolución
Foto: Archivo

Entre los días 22 al 31 de enero de 1962 —en Punta del Este, Uruguay—, había sesionado la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores que fuera convocada por el Consejo Permanente de la OEA con el vil propósito de promover nuevas sanciones económicas y políticas contra el Gobierno Revolucionario cubano.

El presidente Osvaldo Dorticós y Raúl Roa, nuestro Canciller de la Dig­nidad, encabezaron la delegación cu­bana a esa cita, que pretendía el aislamiento diplomático de Cuba; el cese total del comercio con la Isla; y, especialmente, su expulsión del Tratado Interamericano de Defensa Recíproca (TIAR) aduciendo como pretexto el vínculo con potencias extra continentales y la incompatibilidad del marxismo-leninismo con los principios del Sistema Interamericano. En definitiva, el objetivo de la reunión era expulsarnos de la Organización de Estados Americanos.

En respuesta a esa conspiración contra Cuba, la tarde del 4 de febrero de 1962, más de un millón de cubanos colmaron la Plaza de la Revolución al llamado que hiciera el Gobierno Revolucionario para constituir la Segunda Asamblea General Nacional del Pueblo, la cual aprobó la Segunda Declaración de La Habana, que reafirmó nuestra dignidad como nación libre, independiente y soberana, al tiempo que proclamaba la proyección y vocación latinoamericanista de la Revolución Cubana.

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EL COMPLOT DE NUESTROS ENEMIGOS EN PUNTA DEL ESTE

El Comandante en Jefe anunció que el pueblo de Cuba se reunía en Asamblea General Nacional «para dar cabal respuesta a la maniobra, a la conjura, al complot de nuestros enemigos en Punta del Este»1.

«Tan desvergonzada, tan irracional, tan injustificada era su demanda —dijo Fidel—, tan deprimente, tan desmoralizadora para los gobiernos allí representados, que algunos gobiernos se resistieron a aceptar el máximo de las exigencias yanquis».

Mediante conciliábulos sostenidos a puertas cerradas, los representantes del gobierno estadounidense lograron vencer la resistencia y los pocos escrúpulos de algunos cancilleres en una vergonzosa compraventa de votos, pagados con el dinero de la tesorería norteamericana. El resultado final fue la aprobación de nueve resoluciones.

De ellas, cuatro contra Cuba.

En su complot, la máxima aspiración del gobierno de Kennedy para desacreditar al Gobierno Revolucionario en los planos político y diplomático estaba cifrada en la Resolución titulada «Exclusión del actual Gobierno de Cuba de su participación en el Sistema Interamericano», la cual fue aprobada con mayoría mínima de 14 votos afirmativos [resultó escandaloso que para lograrlo Estados Unidos tuviese que comprar el voto del representante, el dictador haitiano Françoise Duvalier y del Gobierno uruguayo]. Cuba votó en contra de dicha resolución y se abstuvieron seis países: Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Ecuador y México.

La aprobación de la resolución de exclusión fue el paso previo para que, el 3 de febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy firmara la Orden Ejecutiva Presidencial No. 3447, que estableciera el bloqueo total del comercio entre Cuba y Estados Unidos.

Cuarenta y siete años después, como muestra palpable de las razones de Cuba y de que la historia estaba al lado de la Revolución, en junio del 2009, la 39 Reunión de la OEA aprobó la derogación de aquella injusta resolución que excluía a nuestro país del sistema latinoamericano. Sin embargo, aunque Cuba no aceptó regresar a esa desprestigiada organización, que Raúl Roa bautizara como un «ministerio de colonias yanqui»; no podemos dejar de reconocer que la derogación de aquel acuerdo fue un importante triunfo de la unidad latinoamericana, liderada por los países del ALBA.

DEL PUEBLO DE CUBA A LOS PUEBLOS DE AMÉRICA

La conmovedora Segunda Declaración de La Habana se inicia con el pensamiento y el espíritu del Apóstol de la libertad de Cuba, rememorando fragmentos de la carta inconclusa que, en vísperas de su muerte, escribiera José Martí a su amigo Manuel Mercado: «Ya puedo escribir […] ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber […]  de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso […]  Viví en el monstruo y le conozco sus entrañas; y mi honda es la de David».

Martí rubricó esas palabras con su sangre vertida por Cuba y por América. Por ello, encabezan esta Declaración que denuncia la intervención del gobierno de los Estados Unidos en la política interna de los países de Nuestra América y hace un análisis profundo de la historia de nuestro continente.

En su esencia, el histórico documento develó cómo los imperialistas más que temer a la Revolución Cubana, sentían un gran temor por la revolución latinoamericana, a la cual intentaban detener por todos los medios posibles. Temían que los pueblos explotados y saqueados del continente arrebataran las armas a sus agresores y declararan su derecho a la libertad y a su independencia, tal como lo había hecho Cuba.

En su intervención, Fidel convocó a no olvidar que en ese momento histórico de América Latina fluía «hacia Estados Unidos un torrente continuo de dinero: unos 4 000 dólares por minuto, 5 millones por día, 2 000 millones por año, 10 000 millones cada cinco años. Por cada 1 000 dólares que se nos van, nos queda un muerto. ¡Mil dólares por muerto: ese es el precio de lo que se llama imperialismo! ¡Mil dólares por muerto, cuatro veces por minuto!».

Hoy, cuando se cumplen 55 años de la aprobación en La Habana de ese histórico documento, hay que volver a sus páginas para comprobar la vigencia y el compromiso que dimana de la profundidad y magnitud de su mensaje.

Tal como dice la Declaración, la historia tendrá que contar con los pobres, con los explotados y con los pueblos vilipendiados de América Latina: «Porque esta gran humanidad ha dicho ¡Basta! y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. ¡Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera, irrenunciable independencia!».

1
Todas las citas fueron tomadas del discurso de Fidel Castro del 4 de febrero de 1962. http://www.cuba.cu/gobierno/discur­sos/1962/esp/f040262e.html