En la madrugada de este martes arribaron triunfantes a la patria 204 colaboradores cubanos que laboraban en el Programa Más Médicos en 11 estados de Brasil, y residentes en la totalidad de las provincias cubanas, quienes forman parte del Contingente de alrededor de 20,000 colaboradores de la mayor de las Antillas que han atendido en Brasil a más de 113 millones de enfermos. En la terminal No.3 del aeropuerto internacional José Martí de La Habana los galenos fueron recibidos por Sucely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) e integrante del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y del Consejo de Estado.La doctora Esperanza Caballero González, en nombre de sus compañeros destacó el profundo significado de haber contribuido a la salud del pueblo brasileño a través del Programa Más Médicos, donde se patentizó la vocación internacionalista, solidaria e humanista de la Revolución cubana, y de su Líder Histórico el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Por su parte, el doctor Alfredo González Lorenzo, Viceministro de Salud Pública en las palabras de bienvenida significó el espíritu altruista de los galenos cubanos, que pusieron en alto a la Medicina Cubana.Lo colaboradores cubanos en Brasil han atendido a pacientes en lugares intricados de la Amazonia, donde nunca antes había estado un médico, y donde han atendido enfermedades que Cuba no existen.
Historias reales y testimonios que dan fe de de la solidaridad cubana con Namibia, un nexo que continúa vigente
Miriam Nghitotovall, en la Isla de la Juventud. Foto: Jorge Oller
En una de nuestras visitas a la escuela de los namibios en la Isla de la Juventud, en los años 80 del siglo pasado, presenciamos la filmación de la masacre de Cassinga, escenificada para un documental del ICAIC por estudiantes de ese país.
La función de Asistente de Dirección y Asesoría para el nuevo filme de testimonio –con la reproducción actuada de la masacre por los propios alumnos–, la asumía espontáneamente la estudiante becada de la entonces Escuela de Periodismo de la Universidad de La Habana, Miriam Nghitotovali, una antigua alumna del improvisado centro escolar de Chibía.
Lo primero que nos dijo Miriam Nghitotovali es que no olvidará jamás los nombres de sus maestros cubanos en Angola, mencionándolos: Raúl, Fortún, Mario, Lidia y Orestes «El Primo».
Ellos, junto a la Swapo, adoptaron a todos los niños namibios tan pronto llegamos a los campamentos de refugiados al sur de Angola, con los pies sangrando después de haber caminado muchos días por la mata (la selva), huyendo del régimen del Apartheid y sus masacres.
TESTIMONIO DE LA MASACRE
El día de la masacre de Cassinga está en el recuerdo de aquellos que visitamos. Cada uno tenía una historia, pero había un común denominador en todas.
En resumen, en voz de uno u otro estudiante namibio es esta que les compartimos o parecida, y en casi todas aparece «El Primo».
Cuando visitamos la Escuela Henridrick Witbooi, en la Isla de Juventud, las narraciones se multiplicaron, convirtiéndose en un dramático guion, un guion real. Los niños se adentraron por la selva huyendo de la masacre… los testimonios duelen:
–Nos arrastramos por el suelo pedregoso y mi ropa, poca ropa, se enganchaba en los arbustos más pequeños y de otras plantas y bejucos del montecillo cuentan unos y otros.
Ya el fuego había incendiado la cabaña donde se albergaban y veían sobrevolar el campamento a cuatro aviones de guerra sudafricanos. Los niños, porque eran niños, corrían hacia una zanja más al fondo con mucho miedo.
Este es solo un fragmento de la odisea.
Así o muy parecidos son los relatos de los que lograron salvarse y llegaron a Cuba después del infierno de Cassinga, al sur de Angola, distante 250 kilómetros de la frontera con Namibia.
El ataque de las tropas sudafricanas a aquel campamento causó más de 600 muertos y centenares de heridos por efecto del bombardeo de la aviación, el ametrallamiento desde helicópteros, los gases, la artillería, los blindados y la acción directa de los paracaidistas sobre la población inerme.
No pocos de los namibios de la Isla de le Juventud quedaron adormecidos por el efecto de los gases. Al atardecer unos soldados retiraron cadáveres que estaban alrededor de algunos de ellos. La primera reacción fue huir hacia lo más profundo del bosque, pues entre esos hombres armados había blancos y creían que eran sudafricanos que corrían tras ellos para rematarlos. Más no fue así.
LOS CUBANOS
Reproducción de una escena de la masacre de Cassinga.Foto: Jorge Oller
En ese grupo que los «perseguía» había soldados de las Fapla y estos les informaron en su lengua que se trataba de cubanos que habían llegado a socorrerlos. Inmediatamente fueron trasladados hacia lugares seguros, de ahí a una escuela y de la escuela aquella, por mar, a las de la Isla de la Juventud, aunque pasaría un tiempo que no sabían medir exactamente antes de subir al barco.
Cuando se produjo la masacre de Cassinga, tan insuficientemente divulgada en el mundo por la prensa occidental, ya funcionaba una escuelita cubana en Chibía para niños namibios refugiados en Angola, y fue allí donde permanecieron antes de navegar hacia lo que Miriam califica de «Paraíso».
El primer maestro cubano que tuvieron los namibios en Chibía, que describen como «un pueblito de pocas cuadras con una estación de trenes desactivada, en la cual estaba la escuela», fue Raúl Mestre Pedroso.
El maestro llegó a Chibía en los primeros meses de 1978. Le impactó ver en el piso de granito de la vieja estación ferroviaria la silueta indeleble de una figura humana, era la huella a tamaño natural del cuerpo de un revolucionario angolano que había sido quemado por los colonialistas portugueses en ese mismo lugar.
Precedieron a Mestre en ese sitio, otros colaboradores cubanos, entre ellos un combatiente llegado a Angola en febrero de 1976, era Orestes Valdivia «El Primo», quien de soldado se convirtió muy pronto en un padre para los niños namibios refugiados en Angola, y su esposa, la maestra Lidia Lastra –que lo acompañó en esa misión internacionalista desde agosto de 1978–, era una madre para todos los niños de Cassinga.
Orestes Valdivia no sabe exactamente cómo ni por qué, ni cuándo los muchachos comenzaron a llamarlo «El Primo», como lo conocen todos los estudiantes namibios que vinieron a Cuba entre 1978 y 1980, año en que Orestes Valdivia, un antiguo carrero de cerveza y refrescos en Santa Clara, concluyó su misión internacionalista.
Fueron él, junto a un grupo de albañiles angolanos y cubanos, médicos, enfermeras y funcionarios de la Embajada, quienes acondicionaron, en jornadas de trabajo voluntario, aquella primera escuela de Chibía, y construyeron albergues, refugios, cocina y todos los servicios y locales necesarios para que vivieran y estudiaran más de 200 niños y adolescentes que sobrevivieron a la masacre.
EN LA ISLA
Tanto en Chibía como en Ndalatando, igual que lo era en ese momento en la Isla de la Juventud, los estudiantes namibios y los demás becados extranjeros mantenían la autoridad política de sus países y partidos. Martín era el maestro instructor de lo namibios en aquella oportunidad y profesor de historia, en la Isla.
Además de su presencia permanente en la escuela del sur de Angola, los niños recibían frecuentemente la visita de destacados dirigentes de la Swapo (por las siglas en inglés de Organización, de los Pueblos de África Sudoccidental), entre ellas la de San Nujoma, presidente de la organización, y la de Peter Manyemba, secretario de Defensa.
Esta costumbre no se perdería nunca. De una larga conversación con Miriam interpreto una dramática realidad: ellos eran tan hijos de la Swapo como de los padres, aunque no sabían en aquel momento si estos estaban vivos o confinados por el régimen del Apartheid en algún bantustán (lugares donde los racistas reunían a la población no blanca de Sudáfrica).
Sobre la adopción temporal de Cuba, Ángel Dalmau, directamente vinculado a los jóvenes por su trabajo en la Misión Civil Cubana de Angola desde aquel comienzo de acogida de los niños en la escuela de Chibía, piensa que en esta experiencia se ha fundido la más bella y concreta relación de solidaridad humana entre el pueblo cubano y el namibio, a partir de un tercer país: Angola y con la vigilancia directa, aunque a distancia, de Fidel.
Los maestros cubanos que contribuyeron a fundir esta nueva familia en las escuelas de allá y en las de la Isla, serán siempre el principio de esta interminable historia de amor al prójimo.
Los combatientes internacionalistas cubanos que junto a las tropas etíopes enfrentaron al ejército somalí entre 1977 y 1989, fueron recordados este viernes en un acto político cultural con motivo del aniversario 40 de la misión militar cubana en la República Federal Democrática de Etiopía.
Esa epopeya, también conocida como Operación Baragua, conto con la resistencia del pueblo etíope, de combatientes cubanos y de otros países como la entonces Unión Soviética y la República de Yemen, significo el miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) General de División de la reserva Leonardo Andollo Valdez, segundo Jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y desarrollo de los Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del PCC.
El también combatiente en Etiopía enfatizo que esa misión internacionalista fue un gran triunfo de la Revolución Cubana, del Internacionalismo y del pueblo etíope.
Mechal Takele Balcha, encargado de Negocios de la Embajada de la República Federal Democrática de Etiopía en Cuba expreso la responsabilidad de defender el legado de hermandad y colaboración dejado por estos eminentes puentes de amistad, donde la relación está profundamente arraigada y fundada sobre una base solida de sangre.
El acto político cultural por el Aniversario 40 de la misión militar cubana en Etiopía, se realizo en la Sala Universal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y estuvo presidido por el General de Cuerpo de Ejército Alvaro López Miera, Viceministro primero de las FAR y Jefe del Estado Mayor General y José Ramón Balaguer Cabrera, integrante del Secretariado del Comité Central del PCC.
Como parte del homenaje el diplomático Mechal Takele Balcha, entrego un presente simbólico al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que es una imagen del monumento erigido en Addis Abeba la capital etíope a los combatientes internacionalistas cubanos que lucharon contra la agresión somalí en la década de 1970.
También se realizo una Cancelación Especial del primer día de la emisión de un sello dedicado a la efemérides, cuya cancelación fue realizada por el General de Cuerpo de Ejército Alvaro López Miera y Ana Julia Marine López, Viceministra de Comunicaciones.
El valor y destreza militar de los cubanos, así como las posteriores muestras de solidaridad con el Estado africano dejaron una huella indeleble en el pueblo etíope.
El presidente de la República Federal Democrática de Etiopía, excelentísimo señor Mulatu Teshom Wirtu rindió este martes tributo en La Habana a los combatientes internacionalistas cubanos, en su primera actividad como parte de la visita oficial que realiza a Cuba.
El distinguido visitante depositó una ofrenda floral en el panteón de los internacionalistas cubanos caídos en África, en la necrópolis de Colón en la capital cubana.
Teshom recorrió el mausoleo acompañado por el miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, General de Cuerpo de Ejército, Leopoldo Cintras Frías, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de la Heroína de la República de Cuba, General de Brigada de la Reserva, Delsa Esther Pueblas Viltres, Vicepresidenta de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC).
Etiopía y Cuba comparten lazos históricos de amistad, cimentados durante las luchas de liberación del continente africano, al que marcharon los hijos de la tierra de José Martí y del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
De acuerdo con las autoridades cubanas, las relaciones entre ambas naciones son buenas y se encuentra en ascenso. Además, mantienen un buen nivel de intercambio estatal y gubernamental que favorece el desarrollo de las relaciones de amistad y cooperación.
Los nexos de mayor desarrollo entre Etiopía y Cuba se concentran en los sectores de la salud y la agricultura, y se abren perspectivas en áreas de la educación y otras no tradicionales como la biotecnología.
El libro Prisioneros de Guerra es un testimonio escrito por el combatiente internacionalista cubano Carlos Alberto Maru Mesa, quien la vez es protagonista del suceso.
El volumen con prólogo del destacado combatiente revolucionario Jorge Risquet Valdez relata las peripecias de tres jóvenes cubanos militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas Roberto Morales Bellama de 22 años, trabajador de la Terminal de Ómnibus en la Habana, Ezequiel David Garcés Mustelier de 21 años de edad y combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y Carlos Alberto Maru Mesa, estudiante de Ingeniería Eléctrica de la CUJAE, de 24 años.
El texto de 201 páginas y testimonio gráfico contempla breves notas de la situación internacional en África y en particular en Angola en 1975 en los momentos que ese pueblo luchaba por proclamar su independencia frente a la oleada internacional del imperialismo y en particular de la contrarrevolución angolana representada por la UNITA y apoyada por Sudáfrica.
Entre los centenares de miles de jóvenes cubanos que acudieron al llamado que hizo a Cuba el Movimiento Popular para la liberación de Angola (MPLA) estaban precisamente los tres jóvenes protagonistas mencionados en el libro y el autor como protagonista , testimonia su reclutamiento en cuba por el Comité Militar ,la travesía en barco hacia Angola. Datos de aquel país a su arribo, el envió al frente de guerra a escasos días de su llegada, su traslado para la zona de combate por caminos difíciles y peligrosos.
Los bisoños combatientes integrados en u Grupo de Morteros e inmersos en una guerra por primera vez y frente poderosas fuerzas enemigas se vieron envueltos en una desventajosa situación militar en zonas controladas por los sudafricanos que contaba con poderosa maquinaria de guerra. Y todo ello sucede en los primeros meses de la guerra en Angola, a escasos dos meses de iniciarse la operación Carlota (Octubre de 1975).
En su marcha hacia la zona que como objetivo tenía el Grupo de Morteros chocan con los blindados de Sudáfrica , se baten con todos los medios que tenían y después de resistir por días y por la situación de desventaja ,sufren la perdida de gran parte de los equipos de combate ,quedan varios compatriotas muertos y heridos los tres protagonistas de este libro , y en medio de aquellas terribles circunstancias , heridos gravemente , intentan romper y escapar del cerco pero indefensos , varios días después caen en manos del enemigo.
Esa situación extremo que le toco vivir del combate es un relato conmovedor que nos deja el ejemplo y tenacidad de esa juventud combativa.
Carlos Alberto Maru Mesa relata con exactitud lo que a el le toco vivir y menciona pasajes de sus otros dos compañeros de batería separados en aquellas circunstancias para volverse encontrar meses después a miles de kilómetros como prisioneros en una mazmorra en Sudáfrica.
Coincidiendo con el suceso de nuestros combatientes internacionalistas cubanos, se había producido a miles de kilómetros de distancia otros combates y las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación de Angola (FAPLA) ayudado por instructores cubanos habían hecho prisioneros a varios soldados sudafricanos. Es posible que esa paradójica situación de contar con prisioneros de ambas partes, influyo en el resultado que se desenvuelve después. Tuvo que transcurrir casi tres años para que nuestros combatientes conocieran de estos acontecimientos e incluso Cuba vino a conocer que ellos estaban con vida después de transcurrir siete meses de caer prisioneros. Ganador del Premio 26 de Julio 2006 el libro ¨¨ Prisioneros de Guerra ¨¨ nos reafirma el estoicismo de nuestros combatientes internacionalistas en una apasionante lectura especialmente oportuna para recordar a los que patentizaron la vocación internacionalista de la Revolución Cubana.
Evocan epopeya internacionalista cubana en Angola. Fotos: Carlos Serpa Maceira
El papel de Cuba en la independencia de Angola, la descolonización de África y el fin del Apartheid se evocó en La Habana en un encuentro con la historia realizado por la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado y la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
Carlos Alberto Maru Mesa, combatiente internacionalista, uno de los protagonistas de la epopeya internacionalista y autor del libro “Prisioneros de Guerra” fue el anfitrión de la actividad quien respondió preguntas del auditorio.
La peripecia de tres jóvenes cubanos militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas, Roberto Morales Bellama, trabajador, Exequiel David Garcés Mustelier, combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y Carlos Alberto Maru Mesa, estudiante de Ingeniería Eléctrica de la CUJAE, quienes heridos en combate permanecieron en celdas sudafricanas durante casi tres años, y formaron parte de los miles que aceptaron participar en la Operación Carlota.
Respetadas sus vidas dado el interés del gobierno racista por recuperar a ocho soldados sudafricanos capturados en Angola. Carlos Alberto Maru Mesa escribió el libro “Prisioneros de Guerra” donde relata con exactitud lo que a él le toco vivir y menciona también pasajes de sus otros dos compañeros cautivos.
Ganador del Premio 26 de Julio 2006 el libro “Prisioneros de Guerra” es una apasionante lectura especialmente oportuna para recordar a los miles de combatientes internacionalistas cubanos con derecho a festejar este 11 de noviembre el nuevo aniversario de la independencia de Angola.