Cuando empieza la marcha, no hay alegría más sincera que la de los pasos que estremecen la calle y la de las voces que se unen en un coro vibrante, de emociones sinceras
Aún no amanece y ya se oyen mil murmullos. La gente conversa, ríe, camina apurada hacia el punto de encuentro con esa otra familia amorosa que se construye en cada centro de trabajo.
Cuando empieza la marcha, no hay alegría más sincera que la de los pasos que estremecen la calle y la de las voces que se unen en un coro vibrante, de emociones sinceras.
Y es por Cuba que se camina el primer día de mayo. Cada año hay motivaciones especiales para unirnos más, para contarle al mundo de nuestras esperanzas y resoluciones, para ratificar que con los pasos en plazas y avenidas hacemos historia, la del compromiso y la rebeldía.
Tierra de artífices que han obrado con sus manos la materialización de la utopía, esta Isla tiene un sólido patrimonio inmaterial de celebraciones por el Día Internacional de los Trabajadores. Desde su archivo, Granma ofrece a sus lectores el testimonio gráfico de ese devenir
La dirección de la Revolución presente en los desfiles del 1ro.de Mayo. Foto: Archivo
Las mujeres siempre han estado presentes. Desfile de 1960.Foto: Archivo
La consigna de Patria o Muerte enarbolada por el pueblo en el año 1960.Foto: Archivo
La bandera cubana, la más bella que existe.Foto: Archivo
Fidel, en el acto en la Plaza de la Revolución del año 2000, dio a conocer el concepto de Revolución que nos dejó como legado. Foto: Liborio Noval
Raúl y Díaz-Canel en el desfile del 1ro.ide mayo del 2016. Foto: Juvenal Balán
Milicianos desfilando por la Plaza de la Revolución en 1960.Foto: Archivo
La enseña nacional siempre ha impregnado belleza al desfile.Foto: Archivo
En 1959 los campesinos se fundieron con su pueblo.Foto: Archivo
Para los revolucionarios de hoy está el reto de mantener el legado de Fidel. Foto:Vicente Brito
«Ellos están esperando un fenómeno natural y absolutamente lógico, que es el fallecimiento de alguien. En este caso me han hecho el considerable honor de pensar en mí. Será una confesión de lo que no han podido hacer durante mucho tiempo. Si yo fuera un vanidoso, podía estar orgulloso de que aquellos tipejos digan que tienen que esperar a que yo muera, y ese es el momento».
Así alertaba Fidel, aquel 17 de noviembre del 2005, en el histórico discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, con motivo del aniversario 60 de su primer encuentro con el Alma Mater. Muchas veces había dirigido sus palabras a la juventud, pero quizá nunca antes abordó con detenimiento dos realidades que de forma inevitable tocaron el corazón de todo el pueblo. La primera: que por ley irrevocable de la vida algún día dejaría de existir físicamente; la segunda: «Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra».
Tal vez, en los momentos históricos que vivimos hoy, y después de haber enfrentado el golpe irreversible de su partida, sea más comprensible el mensaje que en ese entonces nos legaba el Comandante. Sin embargo, en ese momento nos confrontó con una realidad que, afirmo sin temor a equívocos, llamó a la reflexión a todos los revolucionarios, incluso a los que, como yo, teníamos unos escasos 15 años. Fidel, indiscutiblemente, nos llamaba a la «continuidad».
No es que no lo hubiera hecho antes, pues desde los mismos inicios de la lucha en la Sierra Maestra y los primeros años de la Revolución en el poder, siempre dejó claro que el proceso social que se iniciaba no se limitaba a su persona, ni siquiera a la Generación del Centenario, sino a algo mucho más poderoso: el Pueblo. Pero ese día nos enfrentó a la posibilidad de que nuestro sistema social podía ser reversible, y no porque nuestros enemigos tuvieran las armas para lograrlo, sino únicamente en caso de que el compromiso real de los cubanos con esta obra pudiera desmoronarse.
Hoy, con un poco más de madurez política asumo otra lectura de sus palabras, y revisitando cada uno de los momentos cumbres de la historia revolucionaria que protagonizó, comprendo que aun bajo su tutela, que aun con su imprescindible acompañamiento, Fidel nos enseñó a caminar, y en cada uno de sus actos hubo siempre un principio pedagógico: brindarnos las herramientas, valores e incluso, la plataforma ideológica para entender que no podíamos prescindir de nadie en el camino de la construcción del socialismo, que debíamos sucederlo con la mayor de nuestra fortalezas: la unidad; y entender el proceso de edificación de la sociedad próspera y sostenible como un proceso que traspasa por mucho las fronteras del ámbito individual.
Fidel nunca será mármol entre nosotros, sino presencia para siempre repensar la Patria. Foto: Yeilén Delgado Calvo
Al estudiar sus discursos, al releer las frases que dirigió a las masas, no puede una dejar de asombrarse. Hay en ellas tanta visión futura, tan inimaginable entendimiento de los retos por venir que, como sucede con al Apóstol, podremos retomar el pensamiento fidelista ahora o dentro de cien años, y habrá en sus palabras siempre un mensaje atemperado al presente.
«Es alentador saber que miles y miles de jóvenes, y decenas de miles de jóvenes con una mentalidad revolucionaria, con una preparación cada vez más elevada, se incorporan a los trabajos del pueblo, se incorporan al esfuerzo del pueblo. Vemos cómo un pueblo nuevo va surgiendo de nuestra juventud. Y tenemos derecho a sentirnos confiados». (8 de noviembre 1961)
En fecha tan temprana como 1961, ya hablaba de confianza en la juventud, y al mirar ese día desde la distancia de 57 años, se hace evidente que esas nuevas generaciones con las que entonces hablaba fueron realmente dignas de su confianza y, como predijo, no fallaron jamás. Pero tampoco lo hicieron los hijos ni los nietos de aquella juventud enardecida, porque nuestro país logró algo quizá inédito, convertir a la Revolución en una herencia de familia, en una preciada posesión que se entrega junto al legado más genuino de los ancestros. Por eso los revolucionarios no mueren dejando un camino trunco, porque coexisten con su relevo, y lo educan en esos principios.
«…la Revolución ha hecho que el joven sea algo, y algo sumamente importante, en la sociedad, algo extraordinariamente apreciado en la sociedad. La Revolución ha hecho que los niños y jóvenes se conviertan casi en su razón de ser, ¡en su razón de ser!, porque son el objetivo de la Revolución, los continuadores de la Revolución». (4 de abril de 1972)
Fidel veía en la juventud el potencial de transformación. Foto: Archivo
Nunca albergó Fidel duda alguna de la capacidad de renovación del proceso social cubano. Estaba seguro de que los tiempos difíciles podrían confundir a muchos, y tampoco fue ciego respecto al hecho de que el acoso constante de nuestros enemigos llegaría a sembrar la semilla de la decepción y el descrédito en algunos de los hijos de la Revolución. Pero siempre tuvo confianza, porque sabía que el impacto de esta obra sin precedentes en la dignidad de la gente, en su valorización, en el espíritu de amor patrio, era mucho más poderoso que falacias infundadas, y así lo hizo saber en muchas ocasiones, como el 26 de julio de 1998.
«No se dejen confundir por nada, no se dejen engañar jamás por nadie. Esa es nuestra esperanza, y que este país jamás retroceda, que esta Revolución jamás retroceda, que toda la dignidad y la gloria que hemos construido no puedan destruirlas nunca».
Aquellas palabras, después de haber sobrevivido a los años más duros del periodo especial, de haber puesto a prueba como nunca antes desde 1959, la capacidad de resistencia del pueblo cubano, dirigidas una vez más a los jóvenes, no eran sino la reafirmación de que podíamos continuar, siempre continuar. Aun con los pronósticos en contra, aun con las aves de rapiña sobrevolando nuestras cabezas habíamos salido adelante. Años más tarde, en sus conversaciones con Ignacio Ramonet apuntaría:
«…desarrolle y eduque a una sociedad completa (…) y veremos entonces lo que da. Esos son los ocho millones que después del primer año de periodo especial suscribieron: “Soy socialista”».
Es posible que muchos aún se pregunten cómo lo logramos, y creo que fue por la mayor de las razones, estábamos conscientes de lo que íbamos a perder. La vívida experiencia de un pasado de humillación era fuerza más que suficiente para saber que la opción de rendirnos no formaba parte de nuestra estrategia de supervivencia entonces. Así fue como una vez más quedaron los buitres con cuchillo y tenedor en mano, sin poder saborear su ansiado manjar y equivocadamente, el 31 de julio del 2006 volvieron a sentarse a la mesa.
«No albergo la menor duda de que nuestro pueblo y nuestra Revolución lucharán hasta la última gota de sangre para defender estas y otras ideas y medidas que sean necesarias para salvaguardar este proceso histórico.
«El imperialismo jamás podrá aplastar a Cuba».
El pueblo cubano es fidelista por convicción. Foto: Anabel Díaz
Sería insensato negar el temor que nos invadió cuando escuchamos su proclama, el hondo sentimiento de preocupación y la inconmesurable prueba de lealtad a la que estábamos llamados. Pero los insulsos enemigos de la Patria confundieron, como tantas otras veces, el sentir de los cubanos. Temíamos por él, por su salud, por su vida, pero jamás ese temor tuvo como basamento ninguna debilidad en relación con nuestras convicciones, no hubo en ese instante ni el más mínimo asomo de flaqueza, ni estuvo cerca el pensamiento de que no podríamos seguir adelante.
Los años posteriores demostraron la capacidad de crecimiento de este pueblo, y de la mano de Raúl emprendimos un camino no exento de obstáculos, pero con sobrada voluntad para superarlos. Y Fidel encontró en sus reflexiones la manera de decirnos ¡aquí estoy, junto a ustedes siempre!
El sexto Congreso del Partido, la Primera Conferencia de esa organización guía para la sociedad cubana, el séptimo cónclave, llegaron para ratificar la necesidad de un imprescindible proceso de actualización de nuestro modelo económico, y para fortalecer el papel dirigente del Partido ante esa realidad.
Y llevamos a consulta popular la conceptualización de nuestro sistema, y el plan de desarrollo del país, y desde el obrero más humilde hasta el más excelso académico fueron escuchados en pos de una construcción colectiva de la sociedad.
En ese contexto nos sorprendió su despedida. Ese adiós para el que nunca estaríamos preparados y que nos caló en el cuerpo y el alma como solo la pérdida de un padre puede hacerlo. ¡Llegó el momento!, dijeron los esperanzados detractores de la Revolución y como de costumbre, volvieron a equivocarse. Pero eso, eso ya lo sabía Fidel.
«… la revolución no se basa en ideas caudillistas, ni en culto a la personalidad. No se concibe en el socialismo un caudillo, no se concibe tampoco un caudillo en una sociedad moderna, donde la gente haga las cosas únicamente porque tiene confianza ciega en el jefe o porque el jefe se lo pide. La Revolución se basa en principios. Y las ideas que nosotros defendemos son, hace ya tiempo, las ideas de todo el pueblo». (Cien horas con Fidel)
La Revolución continuaría porque para eso estábamos aquí sus herederos.
Desde entonces, cada vez que llega un momento trascendental de reafirmación revolucionaria no podemos evitar la expresión de: «es la primera vez sin la presencia física del Comandante», pero eso, lejos de desalentarnos, lo hemos convertido en poderosa motivación, en el homenaje sensible que le hacemos cada día. Y dimos la prueba más certera, la evidencia más completa de respaldo a los principios que aprendimos de él cuando, bajo el manto de la democracia y nuestra libre determinación como país, desarrollamos un exitoso proceso de elecciones generales, en el que ni la fuerza de la naturaleza pudo hacer mella.
Este 19 de abril, cuando quedó finalmente constituida la Asamblea Nacional del Poder Popular, y representados en valiosos compatriotas millones de cubanos ocupando los escaños del Parlamento, hemos dado una lección al mundo, y una muy importante e imperecedera: solo los pueblos son dueños de su destino.
«No hay que medir las elecciones nuestras por los números de votos. Yo las mido por la profundidad de los sentimientos, por el calor, lo he estado viendo durante muchos años. Nunca vi los rostros más llenos de esperanza, con más orgullo». (Cien horas con Fidel)
Cuando la Generación del Centenario entrega las banderas del socialismo en las manos que tendrán el orgullo de mantenerlas en alto, se sostiene esa continuidad a la que Fidel dedicara gran parte de sus energías. Futuro incierto, jamás. Poblado de retos y nuevas batallas tal vez, pero siempre bajo la certidumbre de que solo el socialismo y la Revolución dan a este pueblo.
Elegimos un camino hace 150 años, y no ha nacido todavía ni lo hará, quien nos obligue a desviarnos de él. Queremos lograr como Fidel, como todos los que lo secundaron y ya no están, como podrán decir con orgullo quienes emprendieron la lucha junto a él y aún están aquí:
«…debemos emplear todas nuestras energías, todos nuestros esfuerzos, todo nuestro tiempo para poder decir en la voz de millones o de cientos o de miles de millones: ¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!».
Fuentes: Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet; Fidel habla a la Juventud;
Discurso pronunciado por Fidel en el Aula Magna de la Universidad de La Habana con motivo del Aniversario 60 de su entrada a esa casa de altos estudios; Proclama de Fidel al Pueblo de Cuba, 31 de julio del 2006.
“La propia lectura de la contradicción del año 1868, y de lo que sucedió después, nos dice que nuestra historia es definitivamente firme, y lo es por la capacidad que tenemos los cubanos de encontrar un equilibrio que siempre nos conduce a la unidad”, expresó el presidente de la filial de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) en Sancti Spíritus, Juan Eduardo Bernal Echemendía, uno de los más prestigiosos intelectuales de estos predios.
“A la unidad nos convoca la profunda emoción de lo que fuimos y somos, de lo que debemos ser definitivamente”, añadió el prolífero investigador yayabero, quien asegura que la unidad no es un proceso casual, fortuito, que surge en cualquier momento.
“La Cuba del siglo pasado, intervenida por Estados Unidos, fue una etapa muy convulsa, pero es nuestra República. Fue más de medio siglo de contienda, donde surgen los principales exponentes de las luchas, donde se formaron el fermento y el cemento para poder decir hacia allá vamos. Por ejemplo, Rubén Martínez Villena es un hombre de esa República, como lo es Julio Antonio Mella, o lo es Fidel Castro Ruz y la generación del centenario”, asevera Bernal Echemendía.
Para el principal organizador del Coloquio Voces de la República, espacio de la SCJM que analiza desde varias aristas el periodo neocolonial (1902-1958), hay que entender esa etapa y hay que hacerlo con responsabilidad.
“Si no podemos emocionarnos ante lo que fueron esos líderes, no podríamos entender por qué hubo una revolución triunfante en 1959. Ella surgió de todo ese conflicto de la republica intervenida por los Estados Unidos. Fue una intervención sacudida por lo mejor de la unidad de los cubanos”, confiesa el destacado intelectual, quien valora que hay que tener en cuenta la capacidad que tuvieron los buenos de entonces de ir gestando un nuevo momento de independencia, de unidad, porque fueron los cubanos que nunca dejaron de cantar el Himno Nacional, que nunca dejaron de saludar a la bandera, porque ellos entendieron el propósito de ser mejores cubanos en el futuro.
El reconocido investigador Juan Eduardo Bernal Echemendía considera que hubo una revolución en 1959 porque hubo una unidad entre los cubanos.
“La unidad se fue fortaleciendo. La revolución triunfante es una etapa que nos permite valorar el por qué debemos estar unidos. Y han sucedido tantas cosas; cubanos que han renunciado al propósito de la revolución, que no se han percatado que aquí tienen un lugar para seguir construyendo; algunos cogieron otros rumbos pero no dejan de estar cercanos a Cuba, y a veces contribuyen –de manera involuntaria- con el proceso de unidad de los cubanos”, reflexiona el presidente de la SCJM en Sancti Spíritus.
Para el historiador, la unidad no solo se consigue y se conserva con los cubanos que estamos en Cuba. Él piensa que quienes están lejos tienen la posibilidad de pensar y de recordar porque la unidad se consigue con la memoria.
“Yo tengo mucha confianza en los cubanos de estos tiempos porque tengo confianza en mí que soy un hombre de este tiempo y aspiro a ser de otro tiempo”, dijo Juan Eduardo Bernal Echemendía, quien en toda su vida ha vivido la seguridad de la esperanza, otro factor que considera notable para que la unidad no decaiga.
“Nada es posible para los cubanos sin el proyecto definitivo de la unidad”, concluye Bernal Echemendía con la emoción que generan las históricas jornadas que vivimos por estos días en la Mayor de las Antillas.
Un multitudinario acto de respaldo incondicional a la Revolucion Cubana se efectuo en la Colina Lenin del municipio capitalino de Regla, en lo que fue la celebracion provincial por el Primero de Mayo en la capital el primero que se realiza en el pais y a su vez preludio de la fiesta de todos los trabajadores que se celebra en esa fecha.
Los integrantes del Buró Político del Comite Central del Partido Comunista de Cuba Mercedes López Acea, primera secretaria del Partido en la Habana , y Ulises Guilarte de Nacimiento, secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), presidieron el acto, al que asistieron trabajadores de todos los 15 municipios capitalinos.
Luis Castanedo Smith, secretario general de la CTC en la provincia, tuvo a su cargo las palabras centrales, en las que ratificó el compromiso del pueblo capitalino con la Revolución, a pocas horas de la constitución de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular y la elección de la nueva presidencia del Consejo de Estado.
Amigos de Cuba en Perú ratificaron en Lima que no hay provocación de la contrarrevolución mercenaria que quede sin respuesta y reiteraron la frase que se viralizó en Internet: con Cuba NO te metas.
Una valla publicitaria, pagada por elementos de la contrarrevolución cerca del aeropuerto internacional Jorge Chávez de Lima, aludía a un mensaje irrespetuoso y ofensivo contra el pueblo y el Gobierno cubanos.
Ante esta nueva provocación de mercenarios al servicio del imperialismo, amigos de la Isla, con la doctrina del Apóstol José Martí en el corazón, dieron un vuelco al mensaje y dejaron claro con graffitis: con Cuba NO te metas. Vítores a Cuba y a Fidel redondearon el nuevo mensaje, donde resalta la bandera tricolor, esa que ha acompañado la lucha del pueblo cubano por su independencia.
Nuestra pequeña pero heroica tierra ha dado grandes muestras de valor, y es reconocida internacionalmente como una nación de hombres y mujeres revolucionarios y antimperialistas. Los cubanos defendemos nuestro suelo y hemos sabido repartir amor, humanismo y solidaridad por el mundo.
Somos faro y guía para muchos movimientos revolucionarios de los cinco continentes, los cuales perciben la elevada conciencia política del pueblo cubano. Esto se vincula al ideario del líder histórico Fidel Castro Ruz, pues fue el impulsor de todos los cambios necesarios para proteger a las mayorías.
Me detengo en uno de los principales objetivos que ha alcanzado la Revolución desde el 1ro de enero de 1959: la instrucción y educación de sus ciudadanos. Esto permitió al pueblo cubano salir de la ignorancia que reinaba en el país.
Desde la campaña de alfabetización, pasando por las reformas educacionales, se engrosan las filas de sistema de educación cubano, uno de los más reconocidos mundialmente por su calidad, lo cual no sería posible si nuestro país no invirtiera gran parte de su presupuesto anual a esta tarea prioritaria.
Por ello la Batalla de ideas, surgida a raíz de la movilización de nuestro pueblo junto a su gobierno, para liberar al niño Elián González, no constituyó un acto impuesto sino una continuidad del trabajo de concientización de las masas para seguir defendiendo lo que es justo.
El pueblo cubano respondió con su apoyo mayoritario cuando millones de cubanos nos sumamos a este sensible reclamo, lo cual fue una prueba más de nuestra conciencia revolucionaria que sigue cosechando victorias, lo cual demostramos recientemente en las elecciones del pasado 11 de Marzo del actual año.
La lucha llevada a cabo por los cubanos en el plano de las ideas y que ha permitido, bajo la guía de Fidel, tener un alcance internacional que se consolida y profundiza con el paso del tiempo, pues las condiciones por las cuales Cuba ha tenido que hacer su batalla de ideas no han cambiado.
Contrariamente las continuas agresiones ideológicas no cesan. La batalla ideológica de nuestro país es indetenible y tiene como objetivo consolidar el socialismo y la Revolución, empeñados en el cumplimiento del Juramento de Baraguá como continuidad histórica del pensamiento de nuestros próceres, quienes demostraron sentimientos patrióticos, independentismo y la lucha a muerte contra el coloniaje español antes y contra el imperialismo después.
Hago este análisis porque hoy más que nunca y con el desarrollo tecnológico alcanzado en el mundo, aparecen cada vez más herramientas para hacernos una guerra que se oculta tras fachadas de consumismo y recreación que hacen menos evidente esas agresiones y al mismo tiempo son más efectivas sino estamos preparados para reconocerlas, enfrentarlas y mostrarlas a nuestro pueblo.
Por esta razón llamo a la reflexión y aludo el llamado ya hecho por la máxima dirección política de nuestro país. Si cada uno de los miles de cubanos, que estamos dentro y fuera de Cuba con acceso a internet, compartiéramos al menos una publicación de la realidad cubana en las redes sociales, saldríamos todos beneficiados ante la guerra mediática que se nos hace.
La prensa hegemónica se dedica a mentir sobre Cuba, por eso los cubanos debemos estar comprometidos y hacer un uso adecuado de las redes sociales, dejando al desnudo los planes subversivos del imperialismo, la mafia y los mercenarios, quienes se enfocan en arrebatarnos nuestra soberanía y destruir nuestro proyecto social.
Hoy no debemos usar fusiles, no hay que enfrentar con el filo del machete a unos rayadillos provenientes de un país que quiere colonizarnos, ni alzarse en la Sierra Maestra. Hoy son las ideas las que debemos defender para continuar venciendo a un enemigo cada vez más poderoso.
Mantener en alto el legado de Fidel es nuestro mayor compromiso para garantizar la continuidad de nuestro proceso social socialista, humano y solidario. Enfatizo en las palabras de nuestro inolvidable líder sobre la repercusión de nuestras ideas y cito: “A todos nos llegará nuestro turno (…) Pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos. A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos trasmitirles que el pueblo cubano vencerá” – 19 de abril del 2016 durante una sorpresiva aparición en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Los combatientes internacionalistas cubanos que junto a las tropas etíopes enfrentaron al ejército somalí entre 1977 y 1989, fueron recordados este viernes en un acto político cultural con motivo del aniversario 40 de la misión militar cubana en la República Federal Democrática de Etiopía.
Esa epopeya, también conocida como Operación Baragua, conto con la resistencia del pueblo etíope, de combatientes cubanos y de otros países como la entonces Unión Soviética y la República de Yemen, significo el miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) General de División de la reserva Leonardo Andollo Valdez, segundo Jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y desarrollo de los Lineamientos aprobados en el Sexto Congreso del PCC.
El también combatiente en Etiopía enfatizo que esa misión internacionalista fue un gran triunfo de la Revolución Cubana, del Internacionalismo y del pueblo etíope.
Mechal Takele Balcha, encargado de Negocios de la Embajada de la República Federal Democrática de Etiopía en Cuba expreso la responsabilidad de defender el legado de hermandad y colaboración dejado por estos eminentes puentes de amistad, donde la relación está profundamente arraigada y fundada sobre una base solida de sangre.
El acto político cultural por el Aniversario 40 de la misión militar cubana en Etiopía, se realizo en la Sala Universal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y estuvo presidido por el General de Cuerpo de Ejército Alvaro López Miera, Viceministro primero de las FAR y Jefe del Estado Mayor General y José Ramón Balaguer Cabrera, integrante del Secretariado del Comité Central del PCC.
Como parte del homenaje el diplomático Mechal Takele Balcha, entrego un presente simbólico al Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias que es una imagen del monumento erigido en Addis Abeba la capital etíope a los combatientes internacionalistas cubanos que lucharon contra la agresión somalí en la década de 1970.
También se realizo una Cancelación Especial del primer día de la emisión de un sello dedicado a la efemérides, cuya cancelación fue realizada por el General de Cuerpo de Ejército Alvaro López Miera y Ana Julia Marine López, Viceministra de Comunicaciones.
El valor y destreza militar de los cubanos, así como las posteriores muestras de solidaridad con el Estado africano dejaron una huella indeleble en el pueblo etíope.
El primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros General de Ejército Raúl Castro Ruz, envió una ofrenda floral a los mártires de las acciones revolucionarias del 13 de marzo de 1957, en el marco de los 61 años del asalto al Palacio Presidencial y la toma de la emisora Radio Reloj por comandos del Directorio Revolucionario para ajusticiar al dictador Fulgencio Batista.
Durante el acto político cultural realizado en el Museo de la Revolución, otrora Palacio Presidencial, uno de los escenarios de las heroicas acciones del 13 de marzo, se realizó el pase de lista simbólico de los mártires de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
Presidieron la conmemoración Mirian Nicado García, integrante del Buro Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Sucely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), y el Comandante Faure Chaumon Mediavilla, segundo Jefe del comando del Directorio Revolucionario que asalto el Palacio Presidencial.
En las palabras centrales, Raúl Alejandro Palmero, presidente de la FEU destaco la indestructible unidad del estudiantado universitario con la Revolución, sustentada en la herencia mambisa y rebelde.
Estuvieron presentes además José Ramón Saborido Loidi, ministro de Educación Superior, y una representación de combatientes del Directorio Revolucionario y sus familiares
El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, entregó hoy el título honorífico de Héroe del Trabajo a los históricos dirigentes de la Revolución, José Ramón Machado Ventura, Ramiro Valdés Menéndez y Guillermo García Frías.
En fecha en la que se conmemora el reinicio de la guerra de independencia en la Isla hace 163 años, aconteció la ceremonia en el Capitolio de La Habana, sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Raúl dijo que se condecoraron a estos dirigentes como justo reconocimiento a una vida entera consagrada a la Revolución, y quienes ya ostentan también el título de Héroe de la República de Cuba.
Nuevamente el gobierno norteamericano trata a sus países vecinos con desprecio y arrogancia, desconociendo los valores, historia y cultura de sus pueblos.
El secretario de Estado Rex Tillerson, al iniciar una gira por varios países de América Latina y el Caribe, defendió los postulados de la tristemente célebre doctrina que en el siglo XIX estableció como política que América es el traspatio de Estados Unidos.
Ahora, abiertamente, la administración Trump ataca a naciones de la región y otorga vigencia a la anacrónica Doctrina Monroe, política estadounidense de expansión y control imperialista sobre los países de nuestra América.
La Doctrina, resumida en la frase “América para los americanos”, fue la estrategia de política exterior promovida por Estados Unidos bajo la presidencia de James Monroe (1817-1825), y que consideraba a todo el continente bajo la égida y control de Washington.
Esa política es la pieza clave del imperialismo norteamericano para controlar todo el hemisferio desde el punto de vista político, militar, económico y estratégico para someterlo a su dominio.
Sería muy extenso un análisis de la historia del intervencionismo norteamericano en la región, pero recordemos que en este siglo su gran jugada política era constituir el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), sepultada en 2005 en la ciudad de Mar del Plata, Argentina, por la valentía de los nuevos líderes que surgían inspirados por la resistencia de Cuba: Chávez, Lula, Kirchner, con el apoyo de los movimientos sociales latinoamericanos y las fuerzas que también emergían en Ecuador, Nicaragua y Bolivia.
Cuba ya no estaba sola en el continente. Con la Revolución Bolivariana, el presidente Hugo Chávez Frías logró traer de vuelta a Bolívar, rescatar su pensamiento y su proyecto estratégico, generando gran preocupación para Washington.
La ola progresista avanzaba con fuerza, lo que no implicó una retirada norteamericana de la región, pero sí una ofensiva para recuperar el terreno perdido.
La Doctrina concebida en 1823 y sintetizada en la frase “América para los americanos”, ha servido como sostén ideológico para las intervenciones unilaterales de Washington en cualquier país siempre que “sus intereses” estuvieran en “riesgo”.
Han sido demasiados los intentos de dominación desde la Doctrina Monroe hasta hoy, como una de las primeras estrategias imperiales de dominio de nuestro territorio; porque siempre Estados Unidos ha mirado a Latinoamérica como su patio trasero.
Ante esta realidad, los países de la región tienen el deber de avanzar hacia la integración política, económica y social de Nuestra América. Como ha reiterado Cuba, trabajar por la unidad dentro de la diversidad es una necesidad impostergable por el bien de la región latinoamericana y caribeña.